Copa Mundial de Clubes de la FIFA Marruecos 2013

11 diciembre - 21 diciembre

Copa Mundial de Clubes de la FIFA 2013

Destino agridulce para el Auckland y Tade

© AFP

Faltó muy poco para que la aventura del Auckland City FC en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA Marruecos 2013 tomase otro camino que la eliminación en el partido inaugural. Y también dependió de las veleidades del destino la presencia en el plantel de los perdedores del argentino Emiliano Tade.

El gol marcado en el tiempo añadido por el Raja Casablanca (2-1) abrevió la aventura de los Navy Blues y supuso un duro trago para el club neozelandés, dando igual que se trate del equipo aficionado de esta congregación de campeones. “En esta situación, no hay ni profesionales ni aficionados. Perder de esta forma es una sensación horrible”, confirmó Tade a FIFA.com unos minutos después del encuentro. “Sobre todo sabiendo que tuvimos chances de ganar”.

No en vano, unos minutos antes de ese capricho del destino, los hombres de Ramón Tribulietx habían enjugado su desventaja de un gol y habían fabricado ocasiones claras frente a uno de los grandes del fútbol africano. “Perder de la forma que sea siempre te hace sufrir, pero está la satisfacción de ver que supimos plantar cara hasta el último minuto”, consideró el delantero sudamericano, que entró en juego justo después de empatar su equipo. “Sinceramente, pienso que no nos faltó nada. La prueba está en que estuvimos al nivel de un equipo profesional hasta el último segundo”.

Un poco de aire fresco
Y para el jugador argentino se trata de una hazaña mayúscula, sobre todo sabiendo que, hasta hace poco, su relación con el fútbol era solamente la de un estudiante de Derecho que daba patadas al balón por placer. “¡Es verdad! Si alguien me hubiera dicho que algún día jugaría un partido de un Mundial ante 40.000 espectadores, ¡lo habría tachado de loco!”, señaló, con una sonrisa abriéndose paso por fin en medio de la decepción. “A pesar del sabor amargo de la eliminación, es el sueño de cada niño que da patadas a un balón. Y personalmente, aún más allá de todo lo que podría haber esperado”.

Se antojan lejanos los años en los que, sentado en los asientos de la facultad, el joven Emiliano se daba cuenta de que nunca haría carrera en su país ni en la abogacía ni en el fútbol. “No me veía futuro en lo que hacía en Argentina y, con toda seguridad, no en el fútbol”, confesó. “Cuando a los 16 ó 17 años no juegas en un equipo profesional, es muy difícil seguir creyendo en la primera división. Por consiguiente, me concentré en mis estudios. Pero tampoco ahí me veía madurar… Necesitaba un cambio en mi vida, un poco de aire fresco, y siempre me ha gustado viajar”.

Y si hay que arriesgarse a viajar, mejor hacerlo a lo grande: rumbo a Nueva Zelanda, a miles de kilómetros de Santiago del Estero, su ciudad natal. “No hablaba ni una palabra de inglés. ¡Ni siquiera sabía lo que quería decir to be, ni to do! Sin embargo, con la ayuda de algunas personas, me adapté, encontré trabajo y aprendí la lengua; y el fútbol hizo el resto”, recordó. Un amigo le aconsejó hacer una prueba en el Wellington United, que abrió al delantero aficionado las puertas de la liga regional en 2009.

Una vida de sueños
Tras pasar a jugar en la liga nacional con el Team Wellington en el curso 2010/11, el Auckland City se interesó por él y Tade se estrenó –con éxito– en la Liga de Campeones de la OFC y en el Mundial de Clubes. “Al echar la vista atrás, lo que veo es magnífico, y muy difícil de creer”, saboreó este incondicional de Boca Juniors, y de su ilustre ídolo Diego Armando Maradona. “Pero en Nueva Zelanda no puedo vivir del fútbol. Hay que trabajar paralelamente, y actualmente estoy trabajando en un proyecto de ‘Community coaching’ en los colegios para enseñar el fútbol a los niños. Es algo muy lindo, un complemento perfecto para la vida de futbolista y, sobre todo, como extranjero. Me permite aportar una parte de mi cultura, pero también impregnarme totalmente de la del lugar donde vivo”.

Y cuando vienes de una nación completamente loca por el fútbol, resulta difícil hacerse sitio en otra donde el rugby es el rey. “Soy de un país de fútbol y, sinceramente, al principio me costó un poco”, reconoció Tade al cabo de su tercera participación en la cita mundialista de clubes. “No solamente en la cancha, donde juegan de una manera muy diferente, más física y directa, aunque yo intento aportar un toque latino. Pero hay cosas fuera del campo que me sorprendieron un poco; en especial una costumbre local: el tercer tiempo. Cuando acaba el partido, los dos equipos salen a cenar juntos, hay un discurso, los dos entrenadores hablan, los jugadores pasan un momento juntos… Es un bonito gesto y parte de un buen sentimiento, pero es la clase de cosas que no tenía ganas de vivir cuando acababa de perder un partido…”.

Tras la derrota ante el Raja, Emiliano no tendrá que someterse a ese ritual. En su lugar, podrá intentar digerirla pensando en los buenos momentos vividos hasta la fecha, e imaginando los que le reserva el futuro. “Volver a Argentina para jugar al fútbol es un poco utópico; el nivel del fútbol es mucho más alto”, concluyó. “Pero puedo seguir soñando. Es a base de sueños como estoy construyendo mi vida hasta ahora”.

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