Copa Mundial de Clubes de la FIFA Japón 2006

10 diciembre - 17 diciembre

Copa Mundial de Clubes de la FIFA 2006

SC Internacional se consagra en Japón (1-0)

Otra vez, la alegría fue sólo brasileña… El SC Internacional de Porto Alegre, de Brasil, derrotó al FC Barcelona de España por 1-0 y se consagró campeón de la Copa Mundial de Clubes de la FIFFA Japón 2006. De esta manera, se transformó en el tercer equipo brasileño en obtener esta competición: Corinthians lo había hecho en 2000 y Sao Paulo FC en 2005.

Jogo bonito por jogo bonito. Así se planteó el partido de arranque. A cada jugada del Barcelona que despertaba admiración de la afición, el Inter le contestaba con la misma moneda. En ese concurso de pisada por pisada y regate por regate, fue el campeón de Europa el que, de a poco, empezó a marcar el paso.

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¿Por qué? Abel Braga, el entrenador brasileño, pensó dos partidos, uno con la pelota y otra sin ella. Cuando la tenían, sus jugadores debían darle destino seguro, especialmente en la transición, para que les llegara limpia a Iarley y a Alexandre Pato, quienes rotaban permanentemente por todo el frente de ataque, o a Fernandao, que jugó como pívot. Cuando la perdían, todos presionaban: los delanteros sobre la salida rival y los volantes sobre las opciones de pase. En fondo, Braga eligió marcar hombre en zona, y por momentos toda esta estructura defensiva le daba resultados. Pero sólo por momentos. Cuando alguno de los engranajes, el Barça era profundo y creaba peligro, sobre todo partir de la inteligencia de Deco y la búsqueda de Ronaldinho. Entonces, si bien Alexandre Pato se las arregló para inquietar dos veces a Víctor Valdés en el primer cuarto de hora, fue el Barcelona el que dispuso de las mejores situaciones de gol.

A los 16', Indio mandó al saque de esquina un centro a ras del suelo de Gianluca Zambrotta cuando Eidur Gudjohnsen se relamía contra el primer poste; tres minutos más tarde, Clemer salvó dos veces la caída de su arco, primero ante Giovanni Van Bronckhorst y en el rebote, ante Ronaldinho; a los 23', Deco habilitó sobre la derecha a Giuly, quien le puso el balón en la cabeza a Gudjohnsen, pero éste erró la portería; a los 26', el islandés apareció sólo por la izquierda dentro del área, aunque elevó su remate por sobre el travesaño; Ronaldinho tuvo dos más: en la primera disparó desviado y en la segunda, un cobro de falta, volvió a perder el mano a mano con Clemer… A esta altura, el Inter se sentía demasiado cómodo jugando de contra, pero el Barcelona marcó tan bien en retroceso que casi no le dio oportunidades. Hubo que esperar hasta los 38' para que los Colorados volvieran a arrimar peligro al arco de Valdés, gracias a una excelente combinación entre Wellington Monteiro e Indio, aunque el defensor falló en la definición.

Los cambios ensayados por Braga y Frank Rijkaard en el comienzo del complemento resultaron, cuanto menos, sintomáticos. Mientras que el brasileño sacó a un volante ofensivo, Alex, para poner a uno con mayor capacidad de marca, Fabián Vargas, el holandés retiró a Zambrotta para mandar al campo de juego a Belleti, un lateral proyección profunda.

Entonces, mientras el Barça seguía controlando el balón, Fernando retrocedía hasta sumarse a su volantes, formando dos líneas de cuatro cada vez más alejadas de sus delanteros. La entrada de Luiz Adriano en lugar de Alexandre Pato revitalizó al campeón de América, aunque a esta altura, el partido había dejado de ser un intercambio de fantasías para parecerse más a una partida de ajedrez.

Rijkaard acertó poniendo a Xavi, quien apareció dos veces en posición de gol, en los minutos 74' y 75'. Braga respondió: afuera Fernandao -delantero-, adentro Adriano -mediocampista-. El equipo español seguía llevando el peso del partido y el Inter apostaba a alguna contra. Y vaya si le salió bien: Iarley le ganó a Puyol en la mitad de la cancha, avanzó y cedió al recientemente ingresado Adriano, que definió con frialdad ante la salida de Valdés (1-0, 82').

El Barcelona no se guardó nada. Primero Clemer le ahogó el empate a Gudjohnsen a los 84' y tres minutos más tarde, un tiro libre de Ronaldinho despintó el poste derecho del arquero brasilero. Los brasileños se defendieron los últimos minutos de la mejor manera que saben: teniendo la pelota. El pitazo final desató la locura de los Colorados que, vestidos de blanco, desafiaron a la lógica, a los merecimientos, y se consagraron campeón mundial de clubes.

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