Copa Mundial de Clubes de la FIFA Japón 2008

Copa Mundial de Clubes de la FIFA Japón 2008

11 diciembre - 21 diciembre

Copa Mundial de Clubes de la FIFA 2008

La leyenda de los Leones

25th May 1967. European Cup Final. Lisbon, Portugal. Celtic 2 v Inter Milan 1. A picture of the captain Billy McNeill leading out his Celtic team.
© Getty Images

Cuando los equipos humildes se sientan intimidados ante la idea de pelear en la máxima competición europea de clubes, deben recordar la leyenda de aquellos once héroes escoceses que alcanzaron la gloria en 1967.

En aquel Celtic que puso fin a los diez años de reinado de los clubes latinos en la competición europea se identifican claramente los rasgos inconfundibles que caracterizan las grandes epopeyas heroicas. En primer lugar, aquel puñado de héroes, los "Leones de Lisboa" de John "Jock" Stein, habían nacido todos en un radio de 35 kilómetros de Celtic Park y todos menos uno vivían en una franja de 15 kilómetros alrededor del estadio.

Un famoso periodista deportivo escocés, en su panegírico a la gesta de Stein, destacó: "Señálenme a un entrenador que haya conseguido tamaña hazaña: ganar la Copa de Europa con once hombres de un barrio de Glasgow".

En segundo lugar, antes de 1967, solo cuatro clubes, el Real Madrid, el Benfica y los dos grandes de la ciudad de Milán, habían alzado el trofeo de clubes más codiciado del fútbol europeo. Ninguno de ellos había conseguido la hazaña de ganar el campeonato de liga y la copa nacional el mismo año. El Celtic de Stein lo logró. Su inolvidable victoria por 2-1 ante el Inter de Milán en Lisboa constituyó de hecho la culminación de una temporada en la que había participado en cinco competiciones y se había proclamado campeón de todas.

Nerazzurri habían conquistado tres títulos de la Serie A entre 1962 y 1966, aunque habían perdido el cuarto en la repesca con el Bolonia, y habían probado además las mieles de la gloria en la Copa Intercontinental.

Lo que vieron los jugadores del Celtic en el túnel los dejó helados. "Y allí estaban ellos", recordaba Jimmy "Jinky" Johnstone, la joya de la corona de Stein. "Con su metro ochenta de estatura, sus bronceados Ambre Solaire, sus sonrisas Colgate y sus brillantes cabellos. ¡Incluso olían a perfume! Y allí estábamos nosotros. Enanos. Yo, sin dientes; Bobby Lennox más de lo mismo; al menos, al viejo Ronnie Simpson le quedaba uno, arriba o abajo, no sé. Los italianos se nos quedaron mirando, y nosotros, para no ser menos, vamos y les sonreímos con la mejor de nuestras sonrisas, enseñando bien las encías. ¡Seguro que estaban preguntándose de qué circo nos habíamos escapado!".

Fue en aquel momento cuando Bertie Auld, el creador de juego del equipo, decidió a bote pronto deleitar los oídos de los hombres del Inter con una sentida interpretación del himno del Celtic. "Yo creo que, en ese momento, los italianos se convencieron definitivamente de que iban a enfrentarse a un atajo de compadres de juergas y bares", recuerda entre risas el capitán Billy McNeill el desconcierto del conjunto rival.

"Un fútbol puro, bonito, imaginativo"
En los primeros compases del encuentro, los jugadores de Herrera respiraron tranquilos, con la certeza de que todo iba saliendo como habían previsto, cuando consiguieron y transformaron un penal polémico. Sin embargo, Stein había prometido antes del partido que iba a ganar con ese tipo de fútbol "que hace que los espectadores neutrales se alegren de que la victoria haya sido nuestra". Su equipo le ayudó a cumplir la promesa. El Celtic se lanzó al asedio del área italiana y, aunque el conjunto de Herrera echó mano instantáneamente de su infausto Catenaccio, tan solo el recital entre los palos del estupendo Giuliano Sarti evitó el asalto definitivo a la meta.

El gol del empate del Celtic se produjo cuando habían transcurrido 19 minutos de la segunda parte. La jugada de aquel tanto puso de manifiesto las ganas, el coraje y el instinto atacante del equipo de Stein, pues nació de las botas del lateral derecho Jim Craig, que pasó el balón para su compañero en la retaguardia Tommy Gemmell, el hombre que firmó con la zurda aquel impresionante trallazo. "Recuerdo que estaba en una posición ideal y lo vi todo", rememora McNeill. "Me encontraba en la línea de medio campo y vi cómo Tommy se preparaba para golpear el balón. Supe al instante que íbamos a alzar la Copa de Europa".

Se calcula que 7.000 hinchas del Celtic (una cifra astronómica para la época) se dieron cita en Lisboa para asistir al partido. Veinte minutos después del pitido final, los 7,000 hinchas seguían sobre el césped bailando y besando el, para entonces, consagrado y sacrosanto terreno de juego. Herrera, por su parte, aceptó con gentileza y elegancia la derrota. "Me saco el sombrero ante el Celtic. Ha merecido la victoria", admitió. "Ha peleado con agallas, con valentía. La Copa de Europa está en buenas manos".

Precisamente fue el reconocimiento al estilo con el que se había conseguido el premio lo que más satisfizo a Stein. "En estos momentos no hay ningún hombre sobre la faz de la Tierra más henchido de orgullo que yo", declaró el antiguo minero tras la victoria. "Ganar era lo importante, sí, pero la forma en que lo hemos conseguido es lo que me llena de satisfacción. Lo hemos conseguido jugando al fútbol. Un fútbol puro, bonito, imaginativo".

El legado de los Leones
Stein demostró que era un genial estratega y gran director de hombres, pero apuntó además maneras de profeta cuando añadió: "Ahora que hemos roto la hegemonía de los latinos, vendrán más éxitos para los equipos británicos, posiblemente para el Manchester United". Para el Manchester United de Matt Busby, por supuesto, que conquistó el trofeo la temporada siguiente.

Leones, eterno homenaje a un equipo tan amado y reverenciado que incluso hinchas lo suficientemente jóvenes como para no haber visto nunca en persona a ninguno de sus integrantes siguen adorando.

En noviembre de 2007, cuando el Celtic se enfrentó al Benfica en la Liga de Campeones, el club se llevó consigo a los miembros supervivientes del equipo de Stein para que volvieran a pisar el escenario de su mayor triunfo, el Estadio Nacional, donde recibieron el saludo y el reconocimiento de 5,000 paisanos de Glasgow. Lamentablemente, en el emotivo regreso faltaban Stein, Johnstone, el mediocampista Bobby Murdoch y el guardameta Ronnie Simpson, todos ellos ya fallecidos.

Un ejemplo más del poder unificador que tiene el fútbol es el hecho de que una ciudad tan dividida como Glasgow se aunara para ofrecer sus respetos al talento de un jugador como Johnstone. De hecho, muchas bufandas del Rangers formaron parte de la montaña de objetos verdiblancos que se depositaron como tributo al héroe a la entrada de Celtic Park.

Barry Ferguson, capitán del club de Ibrox, donó para la investigación de las enfermedades neurológicas una parte importante del dinero que recaudó su autobiografía. "Yo no había nacido cuando Jinky estaba en la cumbre de su carrera, pero mi padre, un hincha acérrimo del Rangers, cuenta maravillas sobre él", reveló el mediocampista escocés. "Vi su entierro por la tele y me quedé estupefacto por las proporciones que adquirió. Las calles estaban abarrotadas de gente, en algunas había hasta diez hileras de personas a cada lado. Parecía el entierro de un primer ministro".

En momentos como ésos viene a la memoria la anécdota del escocés Bill Shankly, gran amigo de Stein y el primero que le dio la enhorabuena después de la victoria de Lisboa. El entonces entrenador del Liverpool felicitó a su amigo con un: "John, eres inmortal". La historia ha demostrado que Shankly tenía razón. Todos y cada uno de los héroes de Stein han alcanzado la inmortalidad, y no solo en los corazones de los seguidores del Celtic.

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