Copa Mundial de Clubes de la FIFA Marruecos 2014

10 diciembre - 20 diciembre

Copa Mundial de Clubes de la FIFA 2014

Tavano, el Cesc itinerante

© AFP

Fabrizio Tavano admira a Cesc Fábregas, mucho. Lo mira, lo estudia, lo disfruta. “Me siento identificado con él”, dice, y hay razones futbolísticas y de las otras para que lo crea. Como Cesc, este mexicano de 21 años fue trocando su lugar en el campo entre el medio y el falso nueve, la posición que hoy tiene en el Auckland City FC. Como Cesc, fue un valiente precoz: siendo apenas un adolescente, también dejó familia y país para ser un futbolista de máximo nivel.

“A los 15 años cambiarse de país solo es algo muy difícil, pero desde chiquito mi sueño es poder ser profesional”, cuenta a FIFA.com Fabrizio que, fue a Italia, regresó a México y el sábado ante el ES Sétif es una de las esperanzas de gol del Auckland City neozelandés por los cuartos de final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Puede ser un gran día para él, que fantasea con grandes victorias y mejores ligas, puede ser un día histórico para los neozelandeses, que jamás llegaron a semifinales en el torneo.

“No tengo palabras para describir la alegría que sentimos todos (por vencer al Moghreb Tétouan y llegar a cuartos de final por segunda vez), pero estamos enfocados en alcanzar lo que el club nunca ha logrado. Estas oportunidades no vienen siempre y tenemos que jugar el partido como el último que fuésemos a jugar en nuestras vidas. No hay cansancio, no hay nada. Es dar lo máximo de cada uno”.

Para relajarse en la vigilia, servirán las partidas de póker entre todos, también las chicanas musicales con los latinos como él o el argentino Emiliano Tade, su pareja en el ataque: "Los que hablamos español somos los que hacemos un poco más el rollo, pero si en el vestuario ponemos música en español, empiezan con el '¡ey, apaga eso!'. Ellos ponen electro y es cuando nosotros nos ponemos los cascos (auriculares)", cuenta divertido. "Yo me pongo música movida, reggaetón o bachata. Cosas que me motiven para estar al 100 por ciento”.

Volver para tomar un nuevo impulso
En la cancha, la misión de Tavano es aguantar el balón arriba, distribuir, atraer a los mediocampistas hacia arriba. Mira mucho a Lionel Messi y babeaba con su ídolo Cesc las veces que fue falso nueve en el Barcelona, ese espejo. "El del Barça es el estilo que intentamos, ese estilo de toque y de moverse".

Desde hace cuatro meses que Tavano flota entre el ataque y el mediocampo en el Auckland City, pero vestirse de Blue Navy no es una experiencia nueva en busca de progresar. De alguna manera, es volver a un lugar de comfort para tomar un nuevo impulso, porque Italia a los 15 años no fue su primer gran desarraigo, fue Nueva Zelanda. Llegó "sin saber decir ni hi" con 12 años, cuando Oreste, su padre, periodista en México DF, decidió que Oceanía era el lugar donde quería vivir con su mujer, su hija mayor y su hijo Fabrizio.

Dar con el lugar dónde jugar al fútbol en el país del rugby fue un desafío: “No encontrábamos, tuvimos que buscar por varias partes para encontrar un club ideal para que yo pudiera crecer como futbolista. Al final encontramos un filial del Auckland City”. Sus buenos rendimientos le abrieron una puerta y apareció Ramón Tribulietx, actual y entonces entrenador del Auckland. Con apenas 14 años lo vio jugar y lo llevó a entrenarse con los grandes. Casi enseguida, la mano derecha de Tribulietx le consiguió una oportunidad en el Vicenza y no dudó en irse dejando atrás a los familia. “Mi primera mudanza a Nueva Zelanda me ayudó con el fútbol, porque cuando salió lo de Italia ya sabía cómo era la historia, pero yo ya sabía cómo controlar la situación”.

La religión como ansiolítico
Pasó por el Vicenza, el Pisa y el Carpi Calcio. Jugó en los Primavera y algunos amistosos en Primera. Lo bajaron de delantero a centrocampista de contención -sí, a jugar en la posición original de Cesc-. No encontraba la posibilidad de afiianzarse en Primera y en 2012 volvió a México, esta vez como futbolista. Fue campeón Sub-20 con el Santos Laguna -primer equipo de las fuerzas básicas del club en conseguir un título-, pero no hubo forma de subir el escalón definitivo. Jugaba de volante y en la Primera del Santos "los contenciones son de clase". La pasó mal.

"Me desesperé. Llega un momento en el que dices ‘¿qué estás haciendo mal si entreno día a día?’ Pero si las cosas no se dan es porque Dios tiene algo mejor para nosotros". Nombra a Dios porque cuenta que la religión le dio la paz necesaria para saber esperar. Desde comienzos de año, por influencia de una familia amiga, lee la Biblia todos los días. "Me dio una visión de mayor tranquilidad", afirma.

Esa calma le hizo ver que volver al Auckland era la mejor opción. Había un Mundial de Clubes en la mira y podía volver a ser delantero. Llamó a Tribulietx y aquí está, en Rabat, esperando liquidar al ES Sétif y que algún equipo de una liga importante lo quiera como su Cesc Fábregas particular.

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