El domingo será un día especial para los 23 jugadores de Estados Unidos presentes en Sudáfrica, ya que los campeones de la CONCACAF disputarán la primera final de su historia en un torneo de categoría masculina de la FIFA. Sin embargo, para uno de los jóvenes estadounidenses tendrá un significado adicional. Benny Feilhaber, titular en el primer partido, frente a Italia, y que saltó al campo desde el banquillo en los otros tres encuentros del equipo de las Barras y Estrellas, vino al mundo en Brasil, y el 28 de junio se medirá en Johannesburgo a su país natal con el título de la Copa FIFA Confederaciones en juego.

"El mero hecho de formar parte de la historia aquí, con Estados Unidos, y de alcanzar nuestra primera final, lo convierte en un día especial", dice a FIFA.com Feilhaber, nacido en Río de Janeiro. "Pero como el partido es contra el país en el que nací, el país de mis padres, y donde sigo teniendo muchos amigos y familiares, para mí implica una carga emotiva adicional".

Benny es un centrocampista creativo nato, y su progresión en Estados Unidos fue decididamente fortuita. A los seis años se mudó con su familia a los alrededores de Nueva York, y no fue detectado por los ojeadores de la selección norteamericana hasta que participó en un partido improvisado cuando estaba en la Universidad de Los Ángeles. Se le invitó a fichar por el potente conjunto del UCLA Bruins, y poco después fue convocado por el combinado estadounidense que viajó al Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Holanda 2005. Su sensacional desempeño en los Países Bajos le valió un contrato con el Hamburgo alemán. Posteriormente se marchó a Inglaterra, para integrar las filas del Derby County, y ahora prueba suerte con el AGF danés.

Quizás Estados Unidos no estaría en este torneo de Sudáfrica de no haber sido por las intervenciones de Feilhaber hace dos años. Fue él quien firmó ante México, mediante una imparable volea desde lejos, el gol que dio a los suyos la Copa Oro de la CONCACAF 2007, certamen clasificatorio regional para la Copa FIFA Confederaciones.

Su inclusión en el once inicial en la final contra la selección mexicana, celebrada en Chicago en junio de 2007, fue inesperada, y se produjo tras la sanción de Michael Bradley, que había visto la tarjeta roja ante Canadá. El domingo se repetirá esta situación, puesto que Bradley volvió a ser expulsado en semifinales, esta vez en el minuto 88 de un choque que se saldó con una victoria histórica sobre la campeona de Europa, España.

Sentimientos encontrados
Ya sea en el once inicial o comenzando como suplente, será un día mágico para el joven Benny, quien jugó treinta minutos contra los brasileños en el encuentro de la fase de liguilla que los norteamericanos perdieron 3-0. Cuando la conversación se adentra en las confrontaciones históricas entre sus dos amados países, los sentimientos encontrados de Benny se ponen de manifiesto.

"Recuerdo el partido de octavos de final del Mundial de 1994, cuando Bebeto marcó el gol de la victoria contra Estados Unidos", explica con una sonrisa Feilhaber, seguidor acérrimo del Botafogo, que aguarda llegar a jugar algún día al fútbol en Brasil. "Vi aquel partido en casa de mi abuela, en Brasil. Había venido de Estados Unidos para pasar las vacaciones escolares de verano, y estaba rodeado de todos mis parientes, una familia enorme, y todos quedaron extasiados con Brasil. Cuando marcó Bebeto se desató la locura".

La trayectoria de Feilhaber se ha visto entorpecida recientemente por unas graves lesiones en la rodilla, dos operaciones y casi un año alejado de los terrenos de juego. Pero el seleccionador nacional, Bob Bradley, ha confiado en el muchacho de 24 años, y puede que ahora tenga que alinearlo. Al preguntarle a qué equipo animará su familia en este duelo concreto, muestra una media sonrisa. "Estoy bastante seguro de que mis padres nos van a animar a nosotros, a Estados Unidos, pero varios de mis familiares van a seguir apoyando a Brasil. Es su pasión y no se lo reprocho".

La presencia de Feilhaber en el equipo que trajo Bradley a tierras africanas sorprendió, pero para él ha supuesto una oportunidad magnífica de recuperar el ritmo de juego y reactivar su carrera, muy prometedora antes de las lesiones y el consiguiente bajón en el rendimiento. "Hace poco tuve algunos problemas", señala Feilhaber, antes de cambiar de idioma, de un inglés perfecto a un portugués igualmente impecable, para atender a los medios brasileños. "Pero me encuentro bien, me alegra poder salir desde el banquillo para intentar añadir algo de chispa y ayudar al equipo. En semifinales, el entrenador recurrió a él a falta de 21 minutos para la conclusión. "Cuando sonó el pitido final contra España, fue uno de los momentos más felices de mi vida", afirma sonriendo.

Y para la cita del domingo, puede que el centrocampista brasileño de Estados Unidos proporcione esa pequeña chispa que necesitan para inscribir en Sudáfrica su nombre en la historia, con letras todavía más grandes.