Cuando se llegó al descanso en la primera final de una máxima competición FIFA de su historia, la selección de Estados Unidos se encontró con la sorpresa de que iba ganando a la pentacampeona de la Copa Mundial de la FIFA, Brasil, por una ventaja de dos goles en Ellis Park. Su arrolladora actuación de la primera parte destilaba cierto aroma a orgullo. En esos 45 minutos, los estadounidenses anotaron el primer gol de la noche, resultado de un elegante remate de Clint Dempsey, y ampliaron la ventaja con el remate de Landon Donovan tras un contraataque devastador.

Al final, sin embargo, las aguas volvieron a su cauce. La poderosa Seleção se despertó con furia y batió la puerta rival en tres ocasiones para conquistar su tercer título de la Copa FIFA Confederaciones con un apasionante triunfo por 2-3. Aunque la tristeza se adueñó del campamento norteamericano tras el pitido final, Donovan, en esta entrevista en exclusiva para FIFA.com, asegura que su equipo volará más alto tras la lección que ha aprendido este domingo en Johannesburgo.

La derrota de esta noche ha sido muy dura. ¿Podría explicarnos someramente cómo se sienten en estos momentos?
Decepcionados. Pero, al fin y al cabo, será por algo que Brasil está considerado uno de los mejores equipos del mundo. Pero en nuestra situación, con una ventaja por 2-0 al final de la primera parte, creemos que teníamos que haber sentenciado la contienda en ese punto. No se puede estar satisfecho después de haber conseguido llegar tan lejos. Si queremos ir a más, tenemos que exigirnos mucho más a nosotros mismos.

¿Les sorprendió encontrarse con una ventaja tan contundente al final de los primeros 45 minutos, sobre todo teniendo en cuenta que habían perdido por 3-0 a manos de Brasil en la fase de grupos?
No, no nos sorprendió. Llegamos con un plan y no estábamos dispuestos a arrugarnos. Ése fue nuestro problema en el primer partido; pasamos apuros al principio porque éramos demasiado indecisos. Clint [Dempsey] empezó la final a lo grande, con un gol. Un poco más tarde tuvimos ocasión de lanzarnos al contraataque y marcamos otro. Con una ventaja como ésta, hay que ser capaz de aferrarse a ella, sea quien sea el rival.

¿Qué cambió en la segunda parte?
El primer gol de Brasil justo en la reanudación nos desmontó. Nos dejó helados. Después, hay que reconocer que jugaron muy bien. No pararon de atacar y atacar y de presionarnos más y más. Aprovecharon las ocasiones y se lanzaron en masa al ataque.

¿Cree que hay alguna cosa que, como equipo, deberían haber hecho de forma diferente en los últimos 45 minutos?
Creo que quizás podríamos haber contraatacado mucho mejor para desequilibrarlos y pillarlos desprevenidos con nuestros avances. Pero Brasil es gran equipo y no cedió ni un milímetro.

¿Existe la tendencia a replegarse y levantar el escudo defensivo cuando se llega a la segunda parte con una ventaja de 2-0?
Sí, en ocasiones así es. Pero no creo que lo hayamos hecho esta noche. Incluso después del 2-1, seguimos lanzándonos hacia delante y logramos crear unas cuantas ocasiones, pero en esos momentos Brasil ya había cobrado impulso, de manera que se nos puso todo muy cuesta arriba y no conseguimos afianzar la ventaja.

¿Se han hecho a la idea de lo que han conseguido para el fútbol estadounidense con sus victorias contra Egipto y España y con su primera participación en la gran final de una máxima competición mundial?
Bueno, hemos hecho mejor trabajo que en ninguna otra competición de este tipo; por lo tanto, creo que podemos salir de aquí con la cabeza bien alta. Sin embargo, no es suficiente. Cuando llevas una ventaja de 2-0 en una final, hay que ser capaz de aferrarse a ella y hacerte con el partido. Es muy decepcionante.

¿Cree que la selección nacional de Estados Unidos ha dado el salto de calidad en la Copa FIFA Confederaciones?
Sí, creo que hemos dado el salto. Pero tenemos que aprender de lo que ha pasado hoy. Si no aprendemos, todos nuestros logros se irán al traste. Espero que la próxima vez que nos encontremos en una situación parecida sepamos sentenciar el partido y alzar el trofeo, en lugar de tener que conformarnos con la medalla de plata.