A Carlos Dunga no le importa absolutamente nada que Brasil ya haya derrotado a Estados Unidos (3-0), su rival en la final de la Copa FIFA Confederaciones 2009, durante la primera fase del torneo. Mucho menos que a lo largo de la historia, los dos países hayan jugado 15 partidos oficiales, con 14 triunfos para la Seleção. Al técnico le gusta citar una frase algo filosófica que suele repetir a sus dirigidos: "El fútbol no tiene ni pasado ni futuro".

Fue así como Dunga, concentrado únicamente en el presente, o sea, en las dificultades que espera enfrentar ante los estadounidenses en el Ellis Park de Johannesburgo, habló con FIFA.com un día antes de la gran final. Un partido que, según asegura el seleccionador, no tiene absolutamente nada que ver con el que los dos conjuntos disputaron hace diez días en Tshwane/Pretoria. "Aquello es pasado. Si uno analiza con cuidado las dos primeras derrotas de Estados Unidos en Sudáfrica lo ve: ellos venían jugando bien contra Italia hasta que tuvieron un jugador expulsado, mientras que contra nosotros sufrieron un gol en los primeros minutos y eso los desestabilizó", argumenta el entrenador.

"Luego, ¿cuánto respeto no merece un equipo que, después de dos reveses, reacciona como hizo Estados Unidos ante Egipto y España, la gran favorita? No se hace eso sin mérito. Con este resultado han dado una muestra de personalidad inestimable".

El excelente desempeño de los comandados por Bob Bradley ante africanos y europeos no ha pasado desapercibido para el brasileño. Aunque opte abiertamente por no entrar en detalles o mencionar jugadores específicos del rival de domingo, Dunga no economiza alabanzas a la postura de los estadounidenses. "Lo que más me llama la atención es que se trata de un equipo muy obediente tácticamente y que logra mantener una regularidad durante los 90 minutos", explica el responsable por el banquillo canarinho desde agosto de 2006.

"Además, es un equipo tremendamente peligroso en los contraataques", analiza, "como se pudo ver en la semifinal ante los españoles. Será otro partido en el que necesitaremos todo el equilibrio entre defensa y ataque que caracteriza nuestro equipo. Si hay algo que aprendí en todos estos años de fútbol es que un equipo que no es equilibrado no llega lejos. Son necesarios esos jugadores que en Brasil llamamos ‘cargadores de piano', los que hacen el duro trabajo de defender, recuperar la posesión... Por eso son tan importantes Gilberto Silva y Felipe Melo en nuestro sistema, por ejemplo: para dar libertad a todo el talento que tenemos adelante", explicó Dunga.

Para el capitán del Brasil campeón del mundo en 1994, hay un único elemento que se repite otra y otra vez siempre que la Seleção entra a cualquier cancha: la presión. "Algo es cierto: a los ojos de mucha gente, Brasil siempre tiene la obligación de ganar. Pero en el fútbol ya no existen favoritos", argumenta el gaúcho de 45 anos. "Espero un partido de muchos más nervios que el de la primera fase y que, por tanto, nos exigirá más paciencia. En aquella ocasión tuvimos la suerte de anotar al principio y ojalá volvamos a hacerlo, pero hoy se ve un equipo estadounidense con otro ritmo".

Tras más de tres semanas de convivencia intensa, desde que el plantel se concentró el 2 de junio, antes de los partidos con Uruguay y Paraguay por las eliminatorias, Dunga ya no necesita dar muchas más instrucciones a sus pupilos. Según él, la charla previa a la gran final se limitará a algunos pocos detalles de posicionamiento o sobre alguna característica específica del rival. Lo demás, se supone que los jugadores ya lo tienen claro. "Llevamos días y días madurando una serie de aspectos de nuestro juego. Ahora no tiene sentido estar dos horas explicando algo. Lo que habría que decir ya fue dicho", asegura el técnico. "Ya sabemos todo lo que debemos hacer y, sobre todo, sabemos la motivación que significa disputar una final internacional. Estamos preparados".