Los directivos de la selección de Estados Unidos corrieron a reservar los billetes de vuelta a casa cuando todavía el equipo estaba disputando su segundo partido, saldado con derrota por 3-0 a manos de Brasil. Los representantes de la CONCACAF no habían cosechado ningún punto en los dos primeros partidos, por lo que sus posibilidades de meterse en las semifinales de la Copa FIFA Confederaciones 2009 eran realmente escasas, por no decir inexistentes, y se disipaban a marchas forzadas.

Su tercer partido, contra una selección de Egipto muy poderosa y pujante, en la Provincia del Noroeste, se antojaba una mera formalidad, el preludio del largo viaje de vuelta a casa. Los jugadores llegaron con el ceño fruncido, y todas las conversaciones insistían en las amargas lecciones que los estadounidenses se llevarían de Sudáfrica durante la Copa FIFA Confederaciones 2009.

"Nos daban por muertos"
Fue precisamente este ambiente de inevitable resignación el que dio un sentido especial a las escenas vividas el domingo en Rustenburgo tras el pitido que decretó la victoria de Estados Unidos por 3-0. "La gente nos daba por muertos, nadie creía en nosotros", ha declarado a FIFA.com Clint Dempsey, el mejor jugador del partido y autor del tercer y decisivo gol, que clasificó a Estados Unidos contra todo pronóstico para las semifinales. "Pero así es el fútbol. Todo puede cambiar radicalmente en un santiamén con un disparo".

Los americanos no dependían completamente de sí mismos. Veintiún minutos después de que el nuevo delantero Charlie Davies anotara el primer tanto, se enteraron de que Brasil había llegado al descanso con una ventaja de 3-0 sobre Italia en Tshwane/Pretoria. Si Estados Unidos conseguía meterles dos goles más a los egipcios e impedía que éstos marcaran (algo que ningún equipo había conseguido en este certamen), pasaría a las semifinales a expensas de la Nazionale Azzurra, campeona del mundo, precisamente la misma que había derrotado a los americanos en su primer partido (3-1).

"Sabíamos que Brasil llevaba 3 goles de ventaja a falta de 45 minutos para el final y que si anotábamos dos goles más estaríamos salvados", añade Landon Donovan, quien se ciñó el brazalete de capitán en sustitución del lesionado Carlos Bocanegra. "Pero, cuando sonó el pitido final, nosotros [los jugadores que estaban en el terreno de juego] no sabíamos si Italia había marcado. Hacia el final de la segunda parte empezaron a hacerme señas, tipo pulgares en alto y cosas así, pero yo tenía que concentrarme en el juego. Luego, cuando acabó el partido, nos enteramos de lo que acabábamos de hacer. Los compañeros que esperaban junto al banquillo echaron a correr como locos hacia el campo, y fue entonces cuando lo comprendimos todo".

Clint Dempsey, natural de Nacogdoches (Texas) y afincado en el Fulham inglés, un club de la Premier League, forma parte del puñado de futbolistas estadounidenses que juegan como titulares en una de las grandes ligas europeas. A pesar de que está más que acostumbrado a brillar en las grandes ocasiones en catedrales del fútbol como Old Trafford o Stamford Bridge, el delantero se quedó mudo y desconcertado después de la ya famosa campanada de Rustenburgo, que desde ahora formará parte de los mitos y leyendas del folclore futbolístico de Estados Unidos.

Otra oportunidad
"Cuando oí el silbato del árbitro al final del partido, me giré para mirar hacia el banquillo. Parecía como si acabara de explotarles un petardo por debajo", comenta Dempsey con una gran sonrisa, para añadir a continuación que su tercer gol, el que ha hecho posible que su equipo se enfrente en semifinales a España, la campeona de Europa, era el segundo tanto más importante de su carrera internacional (el primero, admite, fue la diana contra Ghana en Alemania 2006). "Entonces supe que lo habíamos conseguido. Nos hemos forjado una segunda oportunidad aquí en Sudáfrica y pensamos aprovecharla al máximo".

Michael Bradley regaló al seleccionador Bob Bradley un obsequio muy especial para el Día del Padre (festividad que los países anglosajones celebraron este domingo 21 de junio): el segundo gol de la noche. El mediocampista de contención temblaba al final del partido. "Éstas son las noches que se recuerdan toda la vida", aseguró emocionado, y pasó inmediatamente a elogiar el espíritu de lucha del equipo. "Seguimos presionando el área rival sin descanso, machaconamente, luchando sin parar. Jamás nos rendimos. Todos nosotros creemos firmemente en lo que estamos haciendo y por eso nos hemos dejado la piel sobre el terreno de juego".

Donovan, creador de juego y máximo goleador de la historia de la selección nacional, no paraba de sonreír al pensar en la recompensa que iba a recibir el equipo por su proeza: una cita en semifinales con España, incontestable ganadora del Grupo A con el pleno de nueve puntos, una selección que no ha conocido la derrota en 35 partidos oficiales y que acaba de batir el récord de victorias consecutivas en encuentros internacionales que poseía Brasil desde muy antiguo. "No será fácil", admitió a FIFA.com, lógicamente y con franqueza, el jugador del Galaxy de Los Ángeles. "Yo no creo que haya muchos equipos que lleguen a un encuentro con España pensando que van a ganar. Pero nosotros pensamos que ya estábamos eliminados a los diez minutos de nuestro segundo partido. Eso demuestra que el fútbol es un deporte extraordinario en el que puede pasar cualquier cosa. Nosotros acabamos de convertirnos en la mejor prueba de ello".