Gilberto Silva, luchador, decidido y dueño de una habilidad especial para sofocar los ataques del rival, se ha convertido en uno de los artesanos más necesarios y apreciados de la selección brasileña. El jugador de 32 años, convertido en héroe de la afición del Arsenal, no se cuenta entre los artistas más dotados creativamente de esta Seleção que está disputando la Copa FIFA Confederaciones 2009. El peón del mediocampo brasileño ha conversado con FIFA.com en vísperas de la final contra Estados Unidos para hablar de su cometido en el equipo y del amor que siente por su trabajo.

"Yo me siento muy cómodo haciendo el trabajo pesado en el centro del campo, para mí es un honor", explica este rodillo del mediocampo a FIFA.com. "Estoy hecho para eso. Yo lo veo así de sencillo: hago mi trabajo lo mejor que sé y apoyo en ataque desde atrás. Si cumplo con mi cometido, los demás pueden cumplir con el suyo, ser creativos y marcar goles. Miren qué jugadores tenemos: Kaká, Robinho, Luis Fabiano. ¡No necesitan que ningún Gilberto Silva suba a ayudarles a crear nada!".

Nacido en la pobreza, Gilberto Silva supo desde niño qué significa matarse a trabajar. Pese al tiempo y esfuerzo que tenía que dedicar cuando era muy joven a su empleo de obrero en una fábrica, el brasileño de Lagoa de Prato siempre encontraba un momento para perfeccionar su juego. Su padre, que era herrero, le hizo aprender un oficio por si acaso sus sueños de gloria se quedaban en meras fantasías. Después de una temporada desafortunada en las ligas menores con el América Mineiro, el joven Gilberto Silva empezó a temer que acabaría de carpintero, con las manos encallecidas, rodeado de astillas y serrín. Si no hubiera decidido probar un último intento y matricularse en la escuela de fútbol del Atlético Mineiro en el año 2000, en estos momentos estaría fabricando muebles.

Si cumplo con mi cometido, los demás pueden cumplir con el suyo, ser creativos y marcar goles.

Silva ofrece todas sus virtudes a la Seleçao

La fuerza bruta del jugador y su facilidad para robar balones en el centro del campo atrajeron la atención del entrenador del Arsenal, Arsene Wenger, todo un experto en descubrir nuevos talentos. En 2002, después de dos temporadas con el Atlético, puso rumbo a Londres y se convirtió muy rápidamente en un héroe en Highbury, gracias a su enorme capacidad de trabajo y a su entrega. Durante las seis temporadas que pasó en el club llegó a anotar 17 goles y ganó un título de la Premier League y dos de la Copa de Inglaterra. "El Arsenal significa mucho para mí", comenta Silva, que habla inglés con soltura y actualmente juega en Panathinaikos griego. "La afición siempre se portó muy bien conmigo. Fue una época de mi vida muy especial".

Cuando uno piensa en la grandes figuras brasileñas del pasado y del presente, desde Tostao y Pelé hasta Romario y Ronaldo, normalmente son los atacantes, los creadores de lujo, quienes se llevan los honores. Pero, para Gilberto Silva, en muchos sentidos un nuevo añadido al equipo del seleccionador Dunga, el lado más prosaico del juego, robar balones y emplearse a fondo en las faenas más duras, supone sobre todo un orgullo, un trabajo artesanal. En definitiva, son su entrega y sus agallas las que hacen posible que la selección brasileña deslumbre con ese arte elegante y florido al que nos tiene acostumbrados. "Los equipos de Brasil siempre juegan con una sonrisa; la risa tiene gran importancia en nuestro fútbol", añade para explicar qué hace tan especial el fútbol de Brasil. "Somos amigos. Nos encanta estar juntos. Procuramos transformar ese ambiente y esa camaradería en fútbol, en un bonito fútbol ofensivo".

La risa tiene gran importancia en nuestro fútbol. 

Gilberto Silva desvela el secreto de Brasil

Silva, apodado "El muro invisible", ha disputado 71 partidos en siete años con la Seleção. Con ella ha conquistado la Copa Mundial de la FIFA en 2002, la Copa FIFA Confederaciones 2005 y la Copa América 2007. Habla de la actuación de Brasil hasta la fecha sin dobleces ni rodeos, igual que juega.

"No empezamos demasiado bien, pero fuimos mejorando conforme nos aclimatábamos", declara este hombre tranquilo que toca la mandolina y la guitarra en sus ratos de ocio. "Nuestra victoria contra Estados Unidos nos ayudó a recuperar el ritmo, y empezamos a expresarnos como sabemos a partir de ese momento. Pero cuando volvamos a vernos las caras con los estadounidenses en la final, será otra historia completamente diferente. Jugaron un partido fantástico contra España, un equipo de los buenos de verdad. Trabajaron con ahínco, con tesón, impidieron que España desplegara su juego y marcaron dos goles. Tenemos que llegar muy bien preparados. ¡Seguro que lo estaremos! Creemos en nuestro fútbol, sabemos que podemos ganar, porque tenemos un equipo formidable".

"Éste es un campeonato muy complicado: están varios de los mejores equipos del mundo y los partidos se suceden muy deprisa. Es muy fácil cansarse con partidos tan seguidos", concluye con una sonrisa amable. Jugar la Copa FIFA Confederaciones es un trabajo hercúleo, como atestiguan hasta la sociedad muchos de los futbolistas participantes. Pero si hay un hombre dispuesto a arremangarse y luchar hasta la extenuación por el triunfo de su equipo, ése es el mediocampista brasileño Gilberto Silva, el corazón recalcitrante de la selección brasileña.