Gabriel Figueira se despierta, se da la vuelta y deposita un tierno beso en la mejilla de su amada, Claire. Es un ritual diario, que, sin embargo, no ha podido llevar a cabo esta mañana.

La explicación deriva de la diferencia de etnia. Él es un brasileño orgulloso de serlo, entregado religiosamente a la Seleção; su mujer es sudafricana, y una hincha apasionada de los Bafana Bafana. Hoy, sus selecciones se enfrentarán en las semifinales de la Copa FIFA Confederaciones. Hoy, la rivalidad suplantará a la unidad que llevan 12 años compartiendo.

"¡Hoy estoy comprometido con mi otro amor, Brasil!", bromeó Gabriel. "Mañana le daré un beso y volveremos a ser amigos, ¡pero en este momento somos rivales!". Claire le interrumpió: "¡Éste duerme esta noche en el cuarto de invitados!".

Gabriel llegó a Sudáfrica en 1987, por su trabajo en el comercio internacional. Sin embargo, después de pasar diez años yendo y viniendo de un país al otro, decidió regresar para siempre a Brasil. Entonces conoció a Claire Watson, y sus planes se cancelaron de inmediato. Así, Johannesburgo se convirtió definitivamente en su hogar.

"Siempre me ha apasionado de veras el fútbol", explicó Claire. "Sudáfrica siempre ha tenido prioridad, pero, aunque parezca extraño, también solía ir con Italia. Por ejemplo, la animé en la final de la Copa Mundial de 1994. Pero si le pides a cualquiera que asocie a un país con el fútbol, te dirá Brasil; y cuando conocí a Gabriel en 1997, yo también empecé a querer a Brasil".

Por eso, cuando Gabriel insistió en que bautizaran a sus hijos con nombres de futbolistas brasileños, Claire no puso ninguna objeción. De ese modo, Ronaldo, de 10 años, y Marcelo, de 8 (a quienes les pusieron el nombre de O Fenômeno y de Marcelinho Carioca, respectivamente), se han integrado a la perfección en una familia que vive, duerme y respira por y para el fútbol.

"Estamos todos locos por el fútbol", explicó Gabriel. "Pero mis hijos son grandes aficionados de Brasil. Siempre han idolatrado a Kaká y a Robinho, y el tener aquí la Copa Confederaciones les brindó la ocasión de verlos jugar. Fuimos al triunfo por 3-0 ante Estados Unidos y les encantó la experiencia".

Claire añadió: "A los niños les encanta Brasil. No es justo... ¡tengo a los tres hombres de mi vida en contra mía! Pero no me importa. El año que viene iremos a ver a Brasil otra vez en el Mundial, y luego iremos a Brasil 2014".

Tal es la devoción que profesa Gabriel por la Seleção que, en la matrícula de su coche, pone "BRASIL". Sin duda, una muestra representativa de la pasión de este carioca por el fútbol y por su país; pero también un posible arma de doble filo. "Si perdemos, no saco el coche en dos semanas", resaltó. "Imagínate, todo el mundo riéndose de mí, diciendo: ‘tú eres el tipo que va con Brasil, ¿qué es lo que pasó?'".  

Eso no quiere decir que Gabriel prevea una sorpresa en Ellis Park... "Joel Santana, eres un carioca como yo. Me caes bien y siempre te he apoyado, pero hoy precisamente no. Mañana estaré contigo de nuevo. Estoy seguro al 99,9% de que Brasil vencerá a Sudáfrica, y estoy convencido al 100% de que ganaremos a Estados Unidos en la final", declaró, ante el rechazo de su cónyuge.

"Creo que lo hemos hecho muy bien para llegar hasta aquí, y no sería ninguna vergüenza perder contra un equipo como Brasil", precisó Claire. "Brasil es mi segunda selección y voy a ver el partido con un montón de brasileños, así que si perdemos, simplemente me uniré a las celebraciones. Pero Sudáfrica puede ganar este encuentro. Puede ocurrir. Mira lo que pasó con Estados Unidos: ¿quién iba a decir que vencería a España?".

"Siempre le obligo a llevar una bandera sudafricana", añadió Claire riéndose, orgullosa de su orden. Gabriel replicó inmediatamente: "Yo le hago pintarse las uñas con los colores de Brasil".

Toda esta guasa, lógicamente, continuará hasta las 20:30, cuando empiece la segunda semifinal. Después, la alianza de los Figueira se reanudará. Pero hasta entonces, Gabriel y Claire estarán en bandos contrarios... y a mucha honra.