En esta Copa FIFA Confederaciones, los hinchas brasileños en general han podido vivir la misma experiencia que los seguidores del Santos en los últimos años, y con la que disfrutarán durante las próximas temporadas los barcelonistas: ese momento en que Neymar recibe el balón y todo el estadio se queda expectante, seguro de que ocurrirá algo especial.

Como en su golazo contra Japón, transcurridos menos de tres minutos del partido inaugural. O en el tramo final del choque ante México, cuando encontró un espacio improbable para enviar una increíble asistencia que Jô aprovechó para marcar.

Este domingo 30 de junio, en el duelo entre la selección brasileña y España en el Maracaná, es el propio Neymar quien está a la expectativa, sometido a la presión que implica un momento único en el fútbol, quizás el partido más importante de su joven carrera. “Es una gran final, lo tiene todo para ser un partido histórico, y lo sabemos”, explicó a FIFA.com. “Esperamos poder inscribir nuestro nombre en la historia del fútbol, y más aún en un estadio como el Maracaná”.

El delantero concedió unos minutos tras una prolongada conferencia de prensa en Río de Janeiro, que casi llegó a la media hora. Pero aquí es necesario añadir algo: el muchacho, de 21 años, está pasando por unos días de ansiedad, hasta que salte al campo del mítico estadio carioca para medirse con algunos de sus ídolos, que componen actualmente el principal equipo a batir del globo. Sin embargo, eso no puede confundirse con ningún tipo de nervosismo.

Cada vez más suelto y templado ante el habitual ejército de periodistas, Neymar hablaba con la mayor tranquilidad del mundo. Aunque él mismo confesase que, el jueves, tras la durísima clasificación de los españoles en la tanda de penales contra Italia, dijo a su compañero Thiago Silva que la final bien podría haberse disputado este viernes. “Pero hay que esperar, ¿no?”, añadió, riéndose.

Para hacer historia
Como es lógico, el hecho de disputar cualquier final influye en la voluntad y los sentimientos de los jugadores. El astro de la Seleção lo sabe, puesto que ya ha vivido algunas con el Santos. Pero, ¿cómo afronta el primer encuentro de esta índole ante su público, en un templo del fútbol como el Maracaná, y vistiendo el número 10 de Brasil? Y además contra adversarios que figuran entre sus preferidos del deporte rey, con los que en los videojuegos ya ha ganado muchos partidos. “El mundo entero esperaba un Brasil-España en la final, nosotros también. Vamos a jugar contra los mejores del mundo, contra la mejor selección del mundo”.

Neymar asegura que, por los títulos que ha conseguido desde 2008 —dos Eurocopas y su primera Copa Mundial de la FIFA™—, la Roja merecería ser favorita. Aunque también relativiza: “Tenemos que respetarlos, pero imponernos dentro de la cancha. España trae a sus grandes estrellas, y Brasil también va con las suyas”.

“Lo que tenemos que hacer es jugar al fútbol, sin dejarnos condicionar por nada. Vamos a jugar contra el mejor equipo del mundo, con los mejores futbolistas del mundo, pero aquí tenemos un montón de jugadores de talento. Hay respeto, y admiración también, pero dentro del campo hacemos un fútbol bonito, y tenemos mucha confianza los unos en los otros. Podemos hacer un partido sensacional este domingo”.

Y por si no hubiese ya suficientes cosas en juego, la final de la Copa FIFA Confederaciones supondrá su despedida de los campos brasileños, como recordó un periodista durante la conferencia de prensa. Después del Maracaná, irá al Camp Nou. La pregunta le sorprendió de verdad. “Ni siquiera lo había pensado”, afirmó el atacante, que se despidió de la afición del Santos en un partido de la liga brasileña, contra el Flamengo, en el Estadio Nacional Mané Garrincha, precisamente el escenario del partido inaugural del Festival de los Campeones. Entonces lloró al cantar el himno nacional, consciente de que estaba pasando una página importante de su carrera. “No sé cómo será. No sé si habrá lágrimas. Pero la emoción estará ahí, claro”, concluye.

Y no hay forma de asegurarse: Neymar está ahora esperando, mucho más que la oportunidad de decir “hasta pronto” a los aficionados brasileños, un partido que lo tiene todo para ser histórico, según sus palabras. Y en el cual espera aportar su contribución: trasladando, en ese aspecto, la ansiedad al público.