Minuto 5 del segundo tiempo. Gilbert Meriel, el portero de Tahití, está ante el reto más grande de su vida profesional. Delante suyo, Andrés Scotti, el veterano mediocampista uruguayo, el que jugó en Rusia, México y Argentina, se prepara desde los once pasos. El guardameta, que a sus 26 años nunca ha cobrado por jugar, toma fuerza con las piernas y se lanza a su lado izquierdo…

Unos segundos más tarde, estimulado por la espectacular atajada del penal de su arquero, Steevy Chong Hue arranca en una desenfrenada carrera por el lado izquierdo. Se deshace de uno, dos y tres defensas uruguayos y, aunque no consigue marcar, recibe la ovación de su vida. “Choooong Heee-uuu”, ruge la multitud, con error fonético incluido.

Tahití perdió sus tres partidos en la Copa FIFA Confederaciones Brasil 2013, anotó un gol y recibió 24 y, pese a ello, se robó el corazón del pueblo brasileño. Mejor dicho, de todo el planeta fútbol.

Que la experiencia no termine nunca
Una hora más tarde, los dos referentes tahitianos –junto a su estrella, Marama Vahirua- abandonan el vestuario. Son los últimos en salir. “No queremos que la experiencia termine y tener que volver a nuestra vida cotidiana”, confiesan al acercarse a donde FIFA.com los espera para una entrevista exclusiva. Emocionados y temblorosos, no dudan en contar las aventuras de sus noches mágicas en Brasil.

“Fue algo increíble”, comienza Chong Hue, “escuchar a todas esas personas corear tu nombre. “¡No me pasó ni siquiera en Tahití! La afición brasilera fue espectacular, algo especial. Nos sentimos identificados de inmediato porque somos como esos hinchas, no cobramos por jugar, es un poco como si los representáramos. Si me pudiera quedar con algo, sería con eso, con ese cariño”, considero el delantero de 23 años, cuyo gol, ante Nueva Caledonia, puso a Tahití en tierras amazónicas.

Su compañero Meriel coincide, pero también atesora un momento en la cancha, el del penal detenido. “Desde que lo vi pararse sabía que lo iba a cobrar para ese lado, y me lancé sin pensarlo. Por suerte pude rechazarlo. Sé que recibir ocho goles suena a mucho, y nadie se puede ir contento con una derrota, pero ver a esta gente volcarse tanto contigo es una satisfacción difícil de igualar”, afirma el guardameta que, junto con sus compañeros, se quedaron un buen rato después del partido en el terreno de juego de Recife con banderas brasileñas y un letrero que decía: “Obrigado Brasil”.

Un futuro prometedor
“Tahití es un equipo complicado al frente, que tiene velocidad, y cuenta con un buen portero”. Las palabras de Diego Lugano, el capitán uruguayo, al terminar el encuentro entre charrúas e isleños, sin duda encontrarán eco en otros espectadores igual de calificados. Por ello, tanto Meriel como Chong Hue, esperan que su presencia en la Copa Confederaciones sea el inicio de otra aventura, igualmente enriquecedora.

“Mi sueño es hacerme profesional”, declara el delantero, que estuvo a punto de hacerlo realidad hace un año: “Me quería un club belga, pero hubo problemas con el contrato y al final no se concretó”, lamenta. Para su compañero, la idea de emigrar también es muy tentadora. “Me encantaría. Desafortunadamente, Tahití está lejos y no hay demasiados buscadores o agentes que se fijen en nosotros, pero hay talento en la isla y, por supuesto, en este equipo. Nos falta roce internacional porque hay que reconocer que somos demasiado inocentes en el terreno de juego”.

Y ya entrados en materia, los dos futbolistas explican cuáles fueron las diferencias más notables que encontraron entre la escuadra tahitiana y sus ilustres rivales en Brasil 2013. El primero en tomar la palabra es Meriel. “Hay diferencias, sin duda, aunque dejamos algunos detalles técnicos que valieron la pena. Pero después recibíamos goles enteramente por nuestra culpa. Tenemos que seguir jugando ante buenos rivales para poder aumentar nuestro nivel”. Chong Hue fue incluso más allá, “estamos hablando de los mejores equipos del mundo, ¡imagínate, jugamos contra nuestros ídolos! Estábamos en desventaja física y técnicamente, pero vamos a trabajar duro”.

Sueños y trabajo, los ingredientes del éxito, y también de algunas fantasías que quizá se conviertan en realidad en un futuro no tan lejano. “¡Sería genial estar en el videojuego de FIFA, aunque sólo sea con media estrella!”, afirma entre risas el número 13 de los isleños. “¿Te imaginas? Que además modelen nuestras caras como las de Messi y Ronaldo”, complementa su amigo, con el buen humor y la alegría que acompañó a Tahití en su inolvidable aventura por Brasil 2014.

Por su entrega, juego limpio e ilusión, el mundo del fútbol también dice: "Gracias Tahití".