“Fui a Tahití a jugar al fútbol, a ganarme la vida con ello, pero entonces vi que el deporte todavía es amateur, así que empecé a trabajar de guía turístico. La empresa en la que trabajo sabe que soy futbolista, y cuando llega una persona importante de este mundo me piden que vaya a recibirla. Así conocí a Mourinho, Cassano, Buffon y Ronaldo, y en 2007 a Torres. Fui a buscarlos [a Torres y a su compañera Olalla] al aeropuerto y luego fueron a Bora Bora. Iban a volver a Papeete, pero Torres tuvo que irse en el último minuto para firmar un contrato con el Liverpool. Cuando terminó el partido [España-Tahití], fui al vestuario español y le pregunté a Vicente del Bosque si podía hablar con Torres. ¡Él sabía que yo estaba allí y me reconoció! Me alegré mucho, e intercambiamos camisetas”.
Efraín Araneda, reserva de la convocatoria tahitiana y nacido en Chile, tras el partido ante España.

“Diría que prefiero la comida japonesa. ¡Es la mejor del mundo! Y las chicas son más lindas, más pequeñas y delgadas… Espera, ¡no debería decir eso! ¡Las holandesas también son muy guapas!”.

Mike Havenaar, criado en una familia neerlandesa en Japón, habla con FIFA.com de las diferencias entre las dos naciones.

“Andrés es de otro mundo. Muchas veces parece que juega contra niños. Se va con muchísima facilidad. Lo que se disfruta menos es cuando está en el otro equipo. Se sufre bastante y si le das un metro te hace cualquier cosa. Pero si estás a su lado se disfruta viendo que hace cosas increíbles como si fueran muy fáciles. Le decía el otro día a Valdés que me gustaría jugar un partido siendo Andrés. Lo que hace es increíble”.
Javi Martínez, jugador de la selección española.


“La pasión por el fútbol está en otro nivel. Eso es lo que creo. Al llegar aquí, al ver a los hinchas llegando al estadio, enseguida se nota el afán que tienen por mostrar que están ahí para representar a su equipo, o a su país en este caso. Eso en la NBA solamente lo vemos de vez en cuando, en las eliminatorias por el título o en las finales. En el fútbol, no. Es hasta una religión. Como me crié en Italia, desde muy pronto vi de primera mano cómo se vive esa pasión, de manera muy intensa. Y puedo asegurarlo: es totalmente distinto”.

Kobe Bryant, la leyenda de la NBA, explica a FIFA.com la diferencia en el ambiente de los partidos de fútbol y de baloncesto.

“¡Vamos a acabar con Prandelli contra Del Bosque!”.

Mikaël Silvestre, cuando la tanda de penales del España-Italia llegó a la muerte súbita, después de que se hubiesen transformado todos los lanzamientos.


“Fue como la película de Woody Allen, Match Point, en que todo depende de qué lado cae la pelota: la última opción de Cavani, con Júlio César totalmente desarmado, se perdió afuera y definió nuestra suerte”.

Óscar Tabárez acerca de la derrota de Uruguay por 2-1 ante Brasil.

“¡Bernard! ¡Fred! ¡Hulk! ¿Pero qué ha pasado con los nombres elegantes del fútbol brasileño?”.
Gary Lineker, que recuerda disputar Copas Mundiales de la FIFA™ cuando en el plantel brasileño figuraban nombres tan exóticos como Bismarck, Josimar, Sócrates y Zico, refiriéndose a los dos nombres tradicionales ingleses y el apodo basado en un superhéroe de cómic que hay en el equipo de Luiz Felipe Scolari.

“Estaba profundamente emocionado, se me caían las lágrimas. Estamos acostumbrados a ver los Mundiales por televisión, pero hoy éramos nosotros los protagonistas. Tahití nos estaba viendo. Nuestro presidente nos envió un mensaje y suspendió un consejo de ministros para hacerlo”.
Eddy Etaeta confiesa a FIFA.com cómo se sintió cuando sonó el himno nacional de Tahití antes de su estreno en la Copa FIFA Confederaciones, frente a Nigeria.

“Estoy sometido a una gran presión por parte de la prensa, pero no se preocupen por mí: no entiendo el japonés, así que no leo periódicos”.
Alberto Zaccheroni, seleccionador japonés.


“No fui a lanzar el penal porque, siendo sinceros, no me veía tirándolo. Le dije a Bonucci, ‘Leonardo, ve tú’, porque estaba convencido de que iba a marcar. Por desgracia, siempre es una lotería”.

Emanuele Giaccherini confiesa que en un principio iba a tirar él el séptimo penal de Italia, y explica, con una franqueza admirable, por qué no lo hizo.