El Juventus se cosió en el pecho el scudetto el 13 de mayo de 1984. Acababa de ganar su 21º título de la Serie A, uno menos que el total que habían conquistado sus dos rivales más directos, el Inter de Milán (12) y el AC Milan (10).

Pero los blanquinegros ansiaban mucho más que el monopolio en la liga nacional. El Inter había alzado dos Copas de Europa y dos Copas Intercontinentales, mientras que el Milan se había convertido en campeón continental en dos ocasiones y otra en campeón mundial. La Vieja Señora del fútbol italiano únicamente había levantado un trofeo europeo: la Copa de la UEFA.

Sin embargo, el Juventus dio la vuelta a las estadísticas tres días después. El empate lucía en el marcador en la final de la Recopa de Europa contra el FC Porto cuando Zibì Boniek logró dominar el balón con el pecho y librarse de los defensas rivales que lo rodeaban, justo antes de batir la puerta de Ze Beto para sentenciar la victoria de los suyos por 2-1. Aquel gol hizo posible que el conjunto turinés recibiera la siguiente invitación:

Supercopa de la UEFA
Partido: Juventus (ITA) - Liverpool (ENG)
Lugar: Stadio Comunale, Turín
Fecha: 16 de enero de 1985
Hora: 20:00

La sola idea de que su equipo participara en dicho encuentro suscitó un enorme optimismo entre la hinchada. Y no, como cualquiera podría pensar, porque se iba a jugar en su propio estadio; ni tampoco porque estuviera programado para un mes que siempre le había sido propicio a su club. Nada de todo eso. Aquella confianza extrema se debía al hecho de que el encuentro se celebraría por la noche.

Gianni Agnelli, por entonces propietario del Juventus, explicó tiempo después: “Teníamos al mejor jugador del mundo [Michel Platini]. Pero cuando jugábamos de noche, contábamos con los dos mejores. Zibì era imparable por la noche. ¿Por qué? No lo sé, pero era como si tuviera los genes de un depredador letal, de esos que salen de caza cuando anochece”.

Siempre protagonista
Aquella noche cerrada, Boniek, el polaco supersónico que corría por un extremo o en una posición libre por detrás de los delanteros, engalanó su reputación con los dos goles de aquella derrota por 2-0 que la Juve infligió a los Reds. Cuatro meses y medio después, el Juventus y el Liverpool volvieron a encontrarse. Si bien el lugar y el premio eran diferentes (Bruselas y la Copa de Europa), la hora del saque inicial y el hombre decisivo del encuentro, Boniek, fueron los mismos. En esa ocasión, el atacante de 1,81 de estatura, provocó el penal que Platini transformó en el único gol de un partido ensombrecido por la tragedia de Heysel.

Cuando, durante una recepción en Nueva York, Agnelli presentó a los jugadores de su Juventus a Henry Kissinger, el político y ganador del Premio Nobel de la Paz, llamó a Boniek “Bello di notte”. El apodo caló hondo.

Boniek, por supuesto, se había forjado el camino al estrellato durante sus actuaciones a plena luz del día. De hecho, durante siete años a partir de 1975, había espoleado al Widzew Lodz hasta dos títulos de la máxima división de la liga polaca y tres subcampeonatos, con sus exhibiciones en las tardes de los sábados y domingos.

Este jugador nacido en Bydgoszcz debutó internacionalmente en 1976, 17 días después de su 20º cumpleaños, contra Argentina, justamente el país en el jugaría con su selección dos años después. Polonia terminó tercera en Alemania 1974, y con la concurrencia de Jan Tomaszewski, Wladyslaw Zmuda, Kazimierz Deyna, Grzegorz Lato y Andrzej Szarmach, todo apuntaba a otra próspera campaña de la selección en la Copa Mundial de la FIFA.

Tras saltar al terreno de juego como suplente en los dos primeros encuentros de Polonia en aquella fase final, Boniek salió de titular en el último choque del Grupo 2, contra México, y marcó dos goles en la victoria por 3-1 que aupó a los polacos al primer puesto de la tabla, por encima de la defensora del título, la República Federal de Alemania. Sin embargo en la segunda fase de grupos, los hombres de Jacek Gmoch terminaron terceros, por detrás de Argentina y Brasil, y por lo tanto quedaron eliminados.

Boniek regresó a Argentina 12 meses después para contribuir a la victoria por 2-1 del Once Estelar de la FIFA contra la vigente campeona del mundo, cuyo gol anotó Diego Armando Maradona. El polaco compartió habitación con Platini y jugó junto a Antonio Cabrini y Marco Tardelli, del Juventus. Cuando estos dos regresaron a Turín, aconsejaron a sus superiores que siguieran de cerca los pasos de Boniek y pensaran en ficharlo, un consejo que los directivos siguieron a pies juntillas en abril de 1982. Para conseguir la firma del futbolista polaco, debieron ganar por mano al Roma, que también deseaba fervientemente al jugador.

Platini, de rival a perfecto socio
Antes de que Boniek tuviera tiempo de aclimatarse en el club turinés, representó a su país natal en un choque contra su nación de residencia, justamente en el primer partido para ambas en España 1982. El encuentro terminó con empate a 0-0, pero Polonia pasó de ronda como campeona del Grupo 1. Los polacos inauguraron su participación en la segunda fase contra Bélgica. El saque inicial se produciría a las nueve de la noche. El depredador se frotó las manos. El dorsal número 11 anotó un triplete en aquella victoria por 3-0: marcó el primer gol de un cañonazo letal, el segundo con un inteligente remate de cabeza y el tercero tras un hipnótico amago acompañado del juego de cintura espectacular con el que superó al guardameta Theo Custers.

Lamentablemente, Boniek fue amonestado en el empate a 0-0 con la URSS y no pudo disputar por sanción la semifinal contra Italia. El partido perteneció por completo a otro miembro de la Juve. Se llamaba Paolo Rossi. Sus dos goles sin réplica pusieron fin al sueño de levantar el codiciado trofeo que ya acariciaban los polacos. Boniek pudo consolarse con su maravillosa actuación contra Francia en el partido por el tercer puesto, donde propulsó a Polonia hasta el triunfo por 3-2.

Boniek y Platini suspiraban por diferentes resultados aquel día, pero a lo largo de los tres años siguientes lucharon codo con codo por la misma causa. Formaban un tándem fantástico, unido telepáticamente. Los pases de Platini se convertían en el complemento perfecto para la velocidad eléctrica del escurridizo Boniek. Juntos ayudaron al Juventus a ganar la Copa de Italia, el scudetto, la Recopa de la UEFA, la Supercopa de la UEFA y, todavía más importante, la primera Copa de Europa del club.

Giampiero Boniperti, el Presidente de la Juve en aquella época, recordaba: “Eran buenos amigos fuera del terreno de juego, y se conocían de memoria sobre él. Cuando Platini recibía un balón, Boniek ya había salido disparado. Cuando Platini enviaba un pase, sabías que sería medido; y cuando Boniek corría, sabías que no había quien le diera alcance”.

Boniperti añadió sobre Boniek: “Era un futbolista realmente magnífico. Tenía una velocidad endiablada, se movía de forma muy inteligente, poseía una gran técnica, era un gran pasador, podía marcar con la derecha, con la zurda, de cabeza, y era muy valiente. Poseía una habilidad especial para elevar su juego a un nivel superior en las grandes ocasiones, siempre que disputaba importantísimos partidos europeos”.

Elogios pese al cambio
Con el derroche de talentos que poseía el Juventus, entre otros Marco Tardelli, Platini, Rossi y el pujante Michael Laudrup, Boniek se vio obligado a ocupar una posición en la que no acababa de encontrarse a gusto. Aquello resultó el catalizador de su marcha al Roma, a cuya hinchada, un tanto escéptica a su llegada, se metió en el bolsillo en las tres temporadas que pasó en la Ciudad Eterna, durante las que ayudó a los giallorossi a ganar la Copa de Italia.

En los seis años que el polaco pasó en Italia, recibió un aluvión de elogios de parte de algunas de las figuras más destacadas del deporte. “Hay muchos futbolistas de gran fama, pero pocos mejores que Boniek. Es demasiado bueno para verse limitado en una única posición”, aseguró Pelé. Maradona señaló: “Es un jugador totalmente único, el mejor del mundo en su clase”. Enzo Bearzot, por su parte, comentaría posteriormente: “Era soberbio tanto física como técnicamente, uno de los grandes de la historia. Era un goleador fantástico y uno de los mejores creadores que he visto jamás”.

Platini no lo discutió jamás. Cuando Boniek se marchó del Juventus en 1985, al francés, que había conquistado tres títulos seguidos de máximo goleador de liga mientras jugaba al lado del polaco, le preguntaron si pensaba añadir el cuarto consecutivo a su colección. “No”, replicó. “El capocannoniere será para alguien que tenga a Boniek como compañero de equipo”. Y efectivamente, así fue. Roberto Pruzzo, del Roma, se convirtió en el beneficiario de la creatividad desbocada de Boniek.

Los pases de Boniek, sin embargo, no le sirvieron al conjunto de la capital para hacerse con el scudetto en 1985/86. Sendas derrotas en sus dos últimos partidos lo abocaron al segundo puesto, cuatro puntos por debajo del Juventus. No obstante, Il Bello di Notte ayudó a los romanistas a alzar la Copa de Italia. No le extrañó a nadie. Después de todo, los partidos de Copa se jugaban por la noche.

¿Sabías que...?

  • Tras colgar las botas, Boniek se convirtió en entrenador. Sin embargo, sufrió una serie de reveses a su paso por los banquillos del Lecce, Bari, Sambenedettese, Avellino y Polonia.

  • Cuando perdió su pasmosa velocidad, Boniek se reinventó como líbero, una posición en la que sobresalió con el Roma y con la selección de Polonia.

  • El 30 de abril de 1982, el último día en el que los clubes italianos podían fichar extranjeros antes de la Copa Mundial de la FIFA, los directivos de Juventus y Roma coincidieron en Varsovia para fichar a Boniek. Sin saberlo, ¡ambas delegaciones tenían habitaciones en el mismo hotel!

  • Menos de 20 horas después de ayudar a la Juve a derrotar al Liverpool en la final de la Copa de Europa de 1985, Boniek fue titular en el clasificatorio para la Copa Mundial de la FIFA contra Albania. Increíblemente, pese al viaje y el cansancio, marcó el único tanto, y Polonia se aupó a primer puesto del Grupo 1.

  • Boniek ganó el título de Mejor Futbolista Polaco de 1978. Cuatro años después formó parte del Once Estelar de España 1982, y fue elegido miembro del equipo estelar de la Serie A en cada una de las tres temporadas que pasó en el Juventus.