La amplia sonrisa de Alan Brandi denota más alivio que alegría mientras camina por las entrañas del Coliseo Bicentenario de Bucaramanga, que retumba con el sonido del reggaeton y las celebraciones en el vestuario. Tampoco resulta sorprendente, pues su selección acaba de hacer lo justo para conseguir su objetivo de encabezar el Grupo E de la Copa Mundial de Fútsal de la FIFA Colombia 2016, tras remontar un 2-0 adverso para empatar con Costa Rica.

Brandi no es el típico jugador argentino de fútbol sala, por varias razones. Para empezar, lleva relativamente poco tiempo practicando este deporte, en el que se inició hace menos de una década. Eso le ha dotado de un estilo un tanto inusual, como él mismo reconoce: “Mi fútsal es un poco anárquico, porque sólo empecé a jugarlo mientras estaba en la universidad”, explica a FIFA.com. “Así que tal vez sea un estilo un poco alocado; ¡desde luego, no perfecto! No mejor ni peor, sino imprevisible”.

En su primer Mundial, el primer gran campeonato que disputa con la Albiceleste, la otra diferencia esencial que presenta el jugador de 27 años es el haberse criado en España. Pero aunque Brandi, nacido en Las Palmas de Gran Canaria de padres argentinos, posea un pasaporte europeo, durante su niñez tuvo la oportunidad de trabar un fuerte vínculo con el país natal de sus padres.

“Cuando era pequeño solía visitar Argentina una vez al año, porque toda mi familia –mi abuela, abuelo, tías, tíos– estaban allí”, recuerda sobre sus viajes a Buenos Aires. “En Argentina, la pasión por el fútbol es increíble, y me encantaba cuando era niño; siempre veía partidos de allí de pequeño. Incluso ahora, mi ídolo futbolístico es Lionel Messi, y Argentina es básicamente un país que adora el fútbol”.

Sacrificio familiar
Tras haberse mudado a la península con 10 años –concretamente, a Alicante–, a esos mismos familiares se los puede encontrar ahora pegados frente al televisor, empapándose de sus hazañas mundialistas. “Están todos viéndolo en España, ¡donde ponen los partidos a las 3 de la madrugada!”, exclama, con una mezcla de orgullo y consternación.

“Mi madre y mi padre se van a la cama a las 5:00, y dos horas después se levantan. No pueden dormir, ¡pero están felices porque estoy jugando mi primer Mundial! Incluso mi mujer y mi hija de 5 meses los están viendo también todos en Portugal...”, resalta.

Esa hija es la misma a la que dedicó el tanto que abrió el marcador contra Islas Salomón, su primer gol en un Mundial. “Estoy pensando en ella todo el día. Resulta difícil estar tan lejos de ella, pero cuando crezca, podrá ver que su padre ha jugado en un Mundial”, señala el pívot del Benfica, radiante de satisfacción.

Curiosamente, la remontada de esta noche impidió un cruce de Argentina en octavos contra España –mientras que, si el resultado hubiese llegado a empeorar hasta un 0-3, se habría enfrentado contra Portugal–. Pero Brandi considera positivo haber evitado a la bicampeona mundial: “Habría sido especial, pero también habría sido mucho más difícil de lo que nos habría gustado para unos octavos de final”, afirma riendo.

Y al reflexionar sobre esa remontada que supone medirse el jueves a Ucrania, de nuevo en Bucaramanga, Brandi sabe que Argentina es mejor de lo que ofreció esta noche, y que, cuando halló esa chispa, enseguida le dio buen resultado.

“Cuando jugamos con intensidad, creo que somos un gran equipo, pero en el primer tiempo, y en parte del segundo, no hemos jugado conforme a nuestro potencial”, resume. “Sin embargo, tuvimos diez minutos buenos, y fue suficiente”.

A partir de este lunes, Argentina intentará asegurarse de que, al afrontar su choque de octavos, esos diez minutos buenos se multipliquen por cuatro…