Ricardo Gareca camina la Villa Olímpica de Vélez Sarsfield, el estupendo predio que la institución posee en las afueras de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como si fuera el dueño de casa. No es para menos: con cuatro años recién cumplidos al frente del equipo, su ciclo es el segundo más largo de la Primera División argentina, apenas superado por las casi seis temporadas de Jorge Romero al frente del más humilde All Boys.

Para los tiempos modernos el dato no es menor, y sirve para comenzar a describir al hombre detrás de un Vélez que reclama su lugar entre los grandes. El aporte de Gareca a la causa del club de sus amores es ineludible: desde su llegada en 2009, el Fortín disputó ocho torneos, de los cuales ganó tres, los Clausura 2009 y 2011 y el Inicial 2012. Además, fue una vez subcampeón, dos ocasiones tercero y apenas bajó del quinto en una oportunidad.

“Pienso que es difícil una continuidad así, sobre todo en un medio tan competitivo y exigente como el argentino”, reconoce Gareca en exclusiva a FIFA.com. “La verdad es que, hasta ahora, no me he puesto a pensar todos los porqué de este logro. Está claro que siempre pelear cosas importantes tiene que ver. Creo que recién haré un balance cuando ya haya dejado Vélez, pero admito que jamás imaginé estar tanto tiempo aquí. Igual, lo mío pasa por el presente… Así transcurre mi vida y mi actividad”, agrega el técnico de 55 años.

A lo largo de la conversación, Gareca puntualizará varias veces su deseo de no mirar hacia el pasado, pero a esta altura resulta inevitable. Sólo así el lector se dará cuenta de la dimensión del personaje en sí…

Personalidad y templanza
Si bien heredó el fanatismo por Vélez de su padre, Gareca se formó en las inferiores de Boca Junios, donde debutó en 1978. Como jugaba poco no dudó en irse a préstamo al humilde Sarmiento de Junín en 1981, el mismo año en que el Xeneize contrató a Diego Maradona y ganó el Torneo Metropolitano. El Tigre, apodo que se ganó por su voracidad en el área rival, marcó 13 goles en 33 partidos con Sarmiento y regresó a Boca por la puerta grande.

Gareca anotó 61 tantos en 114 encuentros en Boca, pero no le tembló el pulso para pasar a su archirrival River Plate en 1985. En el Millonario no le fue bien y, una docena de partidos después, emigró al fútbol colombiano, donde fue ídolo del América de Cali más allá de formar parte del plantel que perdió tres finales de Copa Libertadores consecutivas.

Estaba allí cuando sufrió la mayor decepción de su carrera: a pesar de marcarle a Perú el gol que clasificó angustiosamente a Argentina a la Copa Mundial de la FIFA 1986, Carlos Bilardo lo dejó afuera del plantel que viajó a México. Recién volvió al país en 1988, pero se dio el gran gusto de hacerlo a su querido Vélez, donde anotó 24 dianas en 118 partidos. No obstante, se retiró en Independiente en 1994.

Un año más tarde, el Flaco hizo sus primeras armas como entrenador en el fútbol de ascenso de Argentina, y en 1999 ganó su primer título con Talleres de Córdoba, la Copa Conmebol. Tras dirigir al América y al Santa Fe de Colombia, Gareca sacó campeón al Universitario de Perú en 2008, título que catapultó su vuelta a Liniers.

Serenidad y reflexión
Los títulos suelen generar exigencias a las que Gareca parece haberle escapado en Vélez. “No se crea”, aclara. “Esta es una profesión desgastante, pero uno termina adaptándose. Antes en las malas me aislaba y no quería ver a nadie, ahora tengo otro rol y no puedo hacerlo. Sin embargo, la sensaciones siguen ahí cuando las cosas no se dan", explica a FIFA.com.

Sus palabras transmiten serenidad y reflexión, cualidades que, según él mismo reconoce, no tenía como jugador. ¿Qué lo llevó a cambiar? “¡Los golpes!”, responde con una sonrisa. “Sigo siendo impulsivo y temperamental, pero para adentro. Antes no medía lo que decía y ahora sí, porque tengo un grupo a cargo…  Uno jamás deja de cometer errores, aunque pretende que sean cada vez menos groseros”.

Vivencias como la frustración de no ir a México también le le ayudaron a Gareca a formarse como técnico. “Sigo insistiendo que merecía estar, pero ahora entiendo lo difícil que deber haber sido para Carlos esa decisión”. Lo mismo que aquella vez que, por insultar a dos árbitros, lo suspendieron 8 y 11 fechas en una misma temporada. “Es otra experiencia que me permite pararme ante un jugador y hablarle de igual a igual”.

Los desafíos de Gareca
Con tres títulos locales conseguidos y una infinidad de juveniles promovidos a Primera, la cuenta pendiente de Gareca en Vélez es la Libertadores, torneo para el que clasificó al club desde 2010 en adelante. Si bien siempre arrancó como candidato al título, y la presente edición no es la excepción, su mejor actuación data de 2011, cuando alcanzó las semifinales. “No es algo que me quite el sueño”, afirma sin dudar. “¿Sabe qué me lo quita? Que Vélez sea protagonista. Yo quiero un equipo competitivo, que pelee los primeros puestos en todos los torneos. Y eso lo hemos logrado”.

“A ver, yo vivo de esto y trabajo para lograr resultados”, se apresura en agregar. “Aquí nadie se conforma con clasificar a la Copa y punto. El anhelo es ganarla… Pero es una competición donde están los mejores de cada país, y ganarla depende de muchos factores. Yo tengo la vivencia y hay cosas en las que no nos van a sorprender. Lo que puede pasar es que nos supere el rival”.

Gareca no tiene problemas en admitir que está atravesando el mejor momento de su carrera, así como tampoco que, eventualmente, le gustaría dirigir en Europa y a la selección de su país. Pero nada de eso lo desvive, ni siquiera el deseo de reconocimiento que domina a muchos de sus colegas. “No es algo que me interesa. Tengo el que merezco y no necesito más”, concluye.