Llevar el mismo apellido que una leyenda del fútbol resulta una herencia pesada cuando uno decide hacer del balompié su profesión. Sobre todo, cuando un país entero está esperando un sucesor para el mejor jugador de su historia. Así las cosas, no es difícil imaginarse la presión que recaía sobre el joven, Seydou Keita, cuando se apuntó al centro de formación de Bamako creado por su tío, el legendario, Salif Keita. El medio centro maliense, actualmente un puntal del juego entre líneas del Sevilla FC, ha demostrado que su talento estaba a la altura de su apellido.

El sobrino del Balón de Oro Africano 1970 mostró sus primeros destellos en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Nigeria 1999. Con un rendimiento asombroso de principio a fin, condujo a la modesta Malí al tercer escalón del podio. En el camino que llevaba hasta la medalla de bronce, las jóvenes Águilas dejaron en la cuneta, en especial, a Portugal, Camerún, Nigeria y Uruguay. Keita, principal artífice de esa gran trayectoria, fue elegido mejor jugador de un campeonato que incluía a futbolistas del calibre de Stephen Appiah, Ashley Cole, Xavi, Iker Casillas, Rafael Márquez, Roque Santa Cruz, Diego Forlán... ¡o Ronaldinho!

Por tanto, un motivo de sobra para suscitar el interés de los grandes equipos europeos... El joven prodigio decidió finalmente seguir los pasos de su tío y fichó por el Olympique de Marsella, donde había jugado Salif casi 30 años antes. Sin embargo, el sueño marsellés se acabó enseguida y Seydou hubo de conformarse con algunas apariciones escasas con la plantilla profesional. "Allí no jugué demasiado en ningún momento, pues el contexto del club no permitía confiar en los jóvenes jugadores", lamentó el centrocampista sevillista. "En el Olympique de Marsella hacen falta resultados y rápido. Por eso, enseguida me cedieron al Lorient".

El conjunto bretón militaba entonces en segunda división. Keita descendió un peldaño pero en lo personal dio un gran salto. Tras disputar todos los partidos de la temporada salvo la primera jornada, llevó al Lorient en volandas hasta la primera división. Al año siguiente, el Lorient conquistó la Copa de Francia, pero no logró mantener la categoría. Seydou, por su parte, sí se quedó en la Ligue1, al fichar por el Lens.

Ídolo y capitán
En el norte de Francia, pese a residir en las antípodas de su Malí natal, el centrocampista internacional se sintió como en casa y rápidamente se convirtió en el preferido de la afición. "En Lens, la gente sufre para ganarse la vida", explicó el zurdo de 27 años. "Hoy en día, el fútbol me está dando mucho, pero nunca olvidaré hasta qué punto sufrimos mi familia y yo en el pasado. Por eso me siento próximo a los aficionados". Con la marcha de Alou Diarra y Jérôme Leroy, pasó definitivamente de ostentar la categoría de buen jugador a la de ídolo. En la temporada 2006-2007, Keita se convirtió en el capitán de los Sangre y Oro. E incluso, como líder sobre el césped y en el vestuario, descubrió que poseía un desconocido talento de goleador desde su puesto de medio centro defensivo.

Sus 11 goles y sus excepcionales actuaciones lo convirtieron en el segundo mejor jugador de la liga gala. Pero eso no bastó para dejar satisfecho al ex capitán del Lens. "Sin menospreciar a Florent Malouda, ( mejor jugador de la liga francesa 2006-2007), creo que el año pasado merecí el título de mejor jugador del campeonato". El Sevilla, doble campeón de la Copa de la UEFA, pareció estar de acuerdo y le ofreció un contrato de cuatro años. Pese a estar destinado en principio al banquillo de una plantilla que, para el juego entre líneas, cuenta con valores seguros como Jesús Navas, Renato, Adriano, Christian Poulsen o Enzo Maresca, el maliense se ha convertido en el jugador más utilizado por sus entrenadores sucesivos: Juande Ramos y después, Manolo Jiménez.

Keita, tan seguro de sus cualidades como eficaz en su papel de recuperador de balones, desembarcó en tierras andaluzas con una gran confianza en sus fuerzas. "Sabía que podía hacerme con un sitio. Cuando me reuní con el director deportivo, le dije que venía para jugar y que, si no era así, me iría. Tengo la suficiente confianza en mí como para comportarme de esa forma". Sin embargo, mientras el centrocampista brilla, su equipo está teniendo un comienzo de temporada gris. Insuficiente, no obstante, para desmoralizar al nuevo fichaje sevillista. "Hemos empezado con desventaja con respecto al Barcelona o el Real Madrid, pero la liga es larga", aseguró Keita. "Para disputar el título, tenemos que aprender a recibir menos goles, pues estamos mostrándonos irregulares en defensa. Somos capaces de imponernos contra los rivales directos, y un poco menos frente a los equipos de menor enjundia".

Ambicioso en todos los frentes
El Real Madrid, vigente campeón, es precisamente un contrincante directo. Su visita al estadio Ramón Sánchez Pizjuán del pasado 3 de noviembre era la ocasión soñada para Keita, la oportunidad de respaldar sus palabras con actos. Con un auténtico zambombazo con la zurda, dejó a Casillas sin reacción y encarriló la victoria del Sevilla por 2-0. Y tres semanas más tarde, la misma jugada calcada en la Liga de Campeones. El maliense hizo una fotocopia compulsada frente al Arsenal para meter el primero de los tres tantos del cuadro hispalense (3-1), que se clasificó así para octavos de final al tiempo que infligía a los Gunners su primera derrota de la temporada.

El cerebro de las Águilas de Malí, ya acostumbrado a los choques de altos vuelos, se muestra ambicioso en todos los frentes. Además de la Liga y de la Liga de Campeones con su club, Keita intentará despuntar con su selección en la Copa Africana de Naciones del próximo enero. Los jugadores de Malí, encuadrados en el grupo de Nigeria, Costa de Marfil y Benín, saben que tienen ante sí una tarea complicada. "Nuestro grupo no es fácil. El fútbol africano en su conjunto se ha hecho más competitivo, gracias a todos estos jugadores que militan en conjuntos del más alto nivel", aseveró Keita. Entonces, ¿cuál será el objetivo de Malí en la cita ghanesa? "Muy sencillo: ¡ganar la competición!".

Si las Águilas suben al escalón más alto al término de la competición, Malí habrá encontrado por fin un sucesor para el legendario Salif. En el momento de inscribir su nombre en el libro de oro del fútbol nacional, bastará simplemente con cambiar el nombre de pila.