Karl Rappan, el inventor del cerrojo, explicando el sistema a su equipo.
Foto:Foto-net
WALTER LUTZ fue redactor jefe de la revista deportiva suiza "Sport" y ha cubierto como reportero once competiciones finales de la Copa Mundial de la FIFA. Además, es portador de la insignia de oro de la FIFA.

Mientras el sistema "WM" encaminaba su marcha triunfal a comienzos de los años treinta, surgió a su sombra otro sistema en una escala mucho menor. Se basaba en una combinación de marcación en zona y al hombre, y en el principio de ceder la iniciativa en el medio campo al adversario, al que se esperaba "atrás". El sistema se denominó "cerrojo".

El cerrojo se convirtió en un mito. En la colisión de las opiniones, obtuvo muy pronto una reputación especial y una atención crítica. Y, como el sistema no era fácil de explicar y de entender, estuvo envuelto en un halo misterioso. El cerrojo, introducido en 1932 por el austriaco Karl Rappan, futuro entrenador nacional suizo y director técnico del Servette de Ginebra, era para muchos, no sólo para los periodistas, sino igualmente para los entrenadores, una especie de esfinge, un símbolo enigmático.

Ningún otro sistema ha suscitado tantas verdades a medias, imágenes engañosas, falsas interpretaciones y errores, así como representaciones esquemáticas y diseños equivocados como el cerrojo. Muchos no han comprendido jamás su núcleo y otros no han interpretado correctamente su sentido y funcionalidad durante mucho tiempo, pese a creer que habían hallado el secreto y pese a que se publicara un sinnúmero de análisis sobre ¿Cómo romper el cerrojo?.

El "Cerrojo"
El "cerrojo" original
Al principio, el cerrojo se basaba en una marcación en zona. Los jugadores más atrasados se movían en zona hacia el adversario que llevaba la pelota y formaban, de esta manera, un "cerrojo". Únicamente los dos volantes (nº 4 y nº 6) encimaban directamente a "sus" respectivos rivales, los punteros del equipo contrario. Los dos defensores, ligeramente escalonados hacia atrás, jugaban sobre la misma línea. El centrocampista ofensivo (5) era la figura clave con un enorme despliegue físico.

Una variante posterior del "cerrojo"
La innovación es un defensor adelantado (nº 3), quien marca al centrodelantero contrario, y un líbero rezagado (barredor). La función de los volantes sigue siendo la misma, pero hay un cambio, similar al sistema "WM", basado en una especie de sistema con dos mediocampistas centrales.

El arma contra los profesionales

El hecho que Rappan no hablara o no explicara durante años el cerrojo, fomentó conscientemente el carácter nebuloso del sistema. Debido a que sus jugadores tenían que desempeñar una profesión y no disponían de suficiente tiempo para entrenar como los futbolistas profesionales, Rappan buscó un sistema menos rígido, menos inflexible y menos dependiente de la lucha cuerpo a cuerpo que el sistema "WM". Este nuevo sistema ofrecía a los aficionados la posibilidad de compensar parcialmente su déficit atlético. El cerrojo exigía movilidad mental y un engranaje intuitivo y devolvía al jugador una parte de aquella libertad creativa y responsabilidad que el severo y estereotipado sistema "WM" le había robado. Con un juego colectivo, fuerza mancomunada y armonía de conjunto, así como "cabecita", se podían compensar las deficiencias técnicas, físicas y de velocidad.

El sistema cerrojo se comenzó a jugar de varias formas diferentes en diversos países como Brasil, Italia (catenaccio) o Alemania. Fue una evolución del sistema ortodoxo y del sistema de tres defensores y era considerado el precursor del 4-2-4, denominado "sistema brasileño" en el Campeonato Mundial de 1958. De todos modos, incluso después de la Segunda Guerra Mundial se leían en las revistas futbolísticas polémicas sobre los derechos de autor e inventor. Ninguno de los entrenadores que afirmaba haberlo inventado lo había registrado en una oficina de patentes y nunca pudieron demostrarlo. Incluso Helenio Herrera reivindicaba ser su inventor.

Los seguidores del cerrojo tenían que oponerse constantemente a la afirmación de que era un sistema defensivo. Los críticos argumentaban que el nombre en sí era suficientemente elocuente. Decían que un cerrojo tiene por intención evitar algo y que solamente una cerradura tiene un cerrojo, y la cerradura está para asegurar y cerrar algo; en este caso, la portería. Sin embargo, la palabra "cerrojo", que debía dar la idea de que se trataba de un sistema de defensa central, no reflejaba correcta y claramente el sentido de esta estrategia.

Cerrojo no significaba atrincherarse. Además, la palabra cerrojo no provenía de los inventores del sistema, sino que fue un periodista que lo llamó así en 1938. Su intención había sido diferenciar con esta denominación más bien casual dicho sistema de los demás sistemas conocidos. Y lo que "esperaba" atrás a los adversarios no era, en realidad, un cerrojo que tiene por finalidad cerrar algo abruptamente-, sino más bien un astuto sistema de red, extendida de tal manera que los adversarios se enmarañaban y enredaban fácilmente en ella.

Los equipos que estaban en condiciones de aplicar con habilidad el cerrojo, alcanzaban notables triunfos, particularmente contra las escuadras inglesas, consideradas imbatibles. Cada sistema puede ser aplicado e interpretado ofensiva y defensivamente.

Así también el cerrojo, sistema que operaba con veloces contragolpes mediante seis o siete jugadores.

Marcación en zona y al hombre


Rappan dando instrucciones al portero desde la línea de banda.
Foto: foto-net
Entre los sistemas "WM" y "cerrojo", que coexistieron hasta los años sesenta, hubo grandes diferencias: en la agrupación de los jugadores, en la forma como estaba organizada la defensa y como se desarrollaba el juego, y también en la disparidad de las exigencias a los jugadores. Al contrario del "WM", el primer sistema que se basaba en la marcación al hombre en todo el terreno los franceses hablaban "elegante y certeramente" de un "marquage individual" (marcación individual) y cuando querían ironizar ciertas aberraciones en la marcación, hablaban de la "marquage a la culotte" (marcación al "pantalón"), el cerrojo combinaba la marcación en zona con la marcación al hombre o individual. Es decir, mientras que en el sistema "WM" cada jugador tenía una misión determinada, con una responsabilidad clara y limitada, en el sistema cerrojo se requería una sintonización más fina. En el "WM" se enfrentaban directamente diez jugadores contra diez adversarios, o sea que se luchaba según la fórmula 10x1; en el cerrojo, en cambio, el sistema se basaba en el juego colectivo y en la unificación de las fuerzas para marcar al adversario en bloque, según la fórmula 1x10.

El cerrojo dependía de un juego colectivo de máxima perfección. Requería constancia de sistema, disciplina y, al mismo tiempo, flexibilidad. Los zagueros laterales, denominados "volantes" y no "defensores o marcadores", porque subían igualmente al ataque, se constituían en figuras claves del sistema. Eran los únicos marcadores que encimaban directamente a sus respectivos rivales. Su tarea residía en disturbar a los punteros ya en el control de la pelota y neutralizar su juego, o sea que, "cortarles" las alas a los rivales y obligarlos a maniobrar por el medio. Los dos defensores jugaban al igual que los marcadores laterales en el 4-4-2- algo rezagados en el centro, uno junto al otro.

Otra figura clave del cerrojo y a menudo decisiva para un partido, era el mediocampista central, quien actuaba, según el caso, como volante, defensor o atacante. Tenía que tener una gran capacidad de resistencia para poder cumplir con su función de todoterreno. Su labor era obligar al trío central adversario a pasar la pelota, controlarlos oponiéndoles resistencia y tenerlos siempre delante suyo; o sea, que no debía permitir que lo pasasen. En lo que respecta a su función ofensiva, tenía que armar el ataque de su equipo desde atrás y sumarse a los despliegues ofensivos. El secreto del cerrojo residía en que los adversarios estaban obligados a combinar en espacios sumamente reducidos- por el medio, ya que los punteros estaban estrechamente marcados. El equipo que aplicaba el cerrojo retrocedía, sin derrochar energías, a su propia zona defensiva y allí formaba una especie de bloque con volantes y defensores, desplazándose mediante una dislocación flexible de las posiciones de derecha a izquierda o viceversa dependiendo del lado por el que atacaba el rival para activar el cerrojo. Era muy difícil superar este sólido y enmarañado bloque defensivo.

Cesión de la línea media

El aspecto decisivo del cerrojo era que al contrario de los sistemas contemporáneos se cedía la iniciativa al rival en la línea media al replegarse en grupo y cerrando las bandas. Ello irritaba al equipo adversario, que estaba obligado a combinar incesantemente con toques y pases cruzados en esa zona, sin poder avanzar efectivamente. Es verdad que el rival se hallaba constantemente en posesión de la pelota y parecía dominar el partido, pero generalmente no encontraba la forma de abrir una brecha.

La aparente superioridad y la ineficacia inquietaban a los hinchas, los cuales no reconocían los motivos de la repentina incapacidad de su equipo. Perdían la paciencia y comenzaban a castigar a su conjunto ineficaz con pitos y silbidos y abucheándolo con cada toque de pelota. De todas maneras, el cerrojo desvirtuó la opinión ampliamente divulgada con el advenimiento del sistema "WM" de que se debía dominar la línea media para poder triunfar.

Una desventaja del cerrojo era que la carga de trabajo no estaba repartida parejamente entre todos los jugadores. Las exigencias al centrocampista medio, quien debía tener la resistencia de un corredor de fondo para cubrir su enorme radio de acción, eran mucho más altas que en otras posiciones.

Líbero y segundo mediocampista central


Franz Beckenbauer.
Foto: Archivos FIFA
Este hecho condujo a correcciones y variaciones en el sistema en el correr del tiempo. Su finalidad era repartir las cargas del juego en varios jugadores y aumentar la estabilidad de la defensa central. La primera modificación residió en descargar al mediocampista central, quien, hasta entonces, tenía que enfrentar casi solo a los tres atacantes contrarios que arremetían por el medio. Fue apoyado por un entreala rezagado que hacía de segundo mediocampista central. De esta manera, los dos medios (uno en la izquierda y el otro en la derecha) se repartían la labor de neutralizar el ataque adversario.

Otra innovación fue que los dos marcadores centrales no actuaban más uno junto al otro. Uno de ellos hacía de defensor adelantado, como el "stopper" del sistema "WM". El otro se replegaba claramente y actuaba libremente, como defensor de reserva. Tenía que ser rápido en el arranque, ágil, atlético y resoluto; disponer de una perfecta visión de juego y estar en condiciones de visualizar el desarrollo del juego para organizar su defensa e intervenir en aquellas zonas donde el rival conseguía irrumpir. Se le llamaba bombero o barredor, pero la designación más adecuada fue la de líbero.

Su función podía interpretarse de múltiples formas. Después de la Segunda Guerra Mundial hasta incluso las épocas modernas, hubo líberos que no pasaban casi nunca más allá de su mitad de campo. Algunos se limitaban a cuidar solamente su área penal al estilo de un guardaespaldas, otros pocos, desempeñaban su función con una pasividad y letargo, tal como si estuviesen sentados en un sillón, lo que les aportó el sobrenombre de líberos de poltrona. No hubo nunca otra posición que hubiera ofrecido y experimentado en el correr de los años posibilidades de interpretación tan variadas como la del líbero.

Fue recién mucho más tarde que los entrenadores reconocieron que si su barredor jugaba en una posición tan rezagada, les faltaba un hombre en la línea media. Es así que el líbero comenzó a jugar poco a poco a la misma altura que el otro marcador central, tal cual había sido el caso al comienzo del sistema cerrojo y, más tarde, en el 4-4-2. Tras cierto tiempo, pasó a jugar incluso delante de la defensa. Franz Beckenbauer, quien tenía una vista de lince para el juego y una precisión de pase milimétrica, fue la persona que encaminó el juego del defensor libre por senderos completamente nuevos. Subía a menudo al medio, ya sea para recibir un pase o para dirigir el juego en la línea media y sumar incluso potencia y superioridad numérica en la delantera.

Tras la introducción del 4-4-2, en los años ochenta se daba por muerto el líbero. Sin embargo, en la Copa Mundial de la FIFA 1990 en Italia, 17 de los 24 participantes jugaron nuevamente con un líbero.