A primera vista, no hay muchos indicios en la trayectoria de Bob Houghton que le señalen como un entrenador futbolístico de éxito, pero, tras un examen más detenido, uno empieza a comprender que se trata de un hombre que ama de veras este deporte. El fútbol ha llevado al técnico de 58 años a un extraordinario periplo por toda Europa, Norteamérica y Asia, y FIFA.com tenía muchas ganas de saber acerca de su nuevo destino.

FIFA.com: Tras su etapa como seleccionador de Uzbekistán, ha regresado a China para entrenar al Shenyang Ginde, equipo de la Súper Liga del país. ¿Cómo se siente al volver a Extremo Oriente?
Bob Houghton: Es estupendo volver a ver a todos mis viejos amigos de China. Tenía previsto regresar aquí cuando me fuera de Uzbekistán y estuve llamando por teléfono a Zhu Guanghu (el seleccionador de China) para ver si había algún puesto disponible. Cuando surgió el trabajo del Shenyang Ginde, tanto Zhu como yo coincidimos en que era una magnífica oportunidad para mí.

A usted se le conoce en particular por sus éxitos en Asia, donde ha entrenado a las selecciones de China y Uzbekistán, así como a varios clubes; por ejemplo, el Al Ittihad saudí. ¿Podría decirse que mantiene una relación especial con el fútbol asiático?
Sí. Entrené a Al Ittihad en tres ocasiones distintas y lo pasé bien en Arabia Saudí, y he entrenado a muchos equipos de China. También disfruté durante mi breve paso por la selección de Uzbekistán y, aunque no logró clasificarse para la Copa Mundial, ha demostrado que tiene un buen equipo.

¿Qué motivos había detrás de su decisión de trasladarse a China en vez de quedarse a cargo de Uzbekistán?
Lo pasé bien en Tashkent. La Asociación Uzbeca de Fútbol me apoyó mucho en la preparación del equipo para los partidos de clasificación mundialistas. Su selección tiene jugadores con talento y seguidores apasionados. Tras la eliminatoria de repesca con Bahrein, me ofrecieron un contrato de cuatro años. Me habría quedado allí de no haberme puesto en contacto con la gente de China.

¿Cómo ve el progreso del fútbol en Uzbekistán?
Creo que es comprensible que estén teniendo algunas dificultades. Cuando estaba la URSS, los buenos jugadores de las diversas repúblicas jugaban en una sola liga nacional. Sin embargo, tras la desintegración de la Unión Soviética, muchos de los mejores jugadores querían quedarse en Rusia; y, por tanto, la calidad de las ligas locales se resintió en algunos de los nuevos estados.

Hoy en día, muchos de los principales futbolistas de Uzbekistán militan en los clubes punteros de Rusia y Ucrania, así que me resultó difícil reunir el equipo. Sin embargo, me impresiona la forma en que la Asociación Uzbeca lucha constantemente para salvar estos obstáculos a fin de perfeccionar su liga nacional y hacer mejorar a su selección.

En agosto de 2005, el triunfo por 3-2 ante Kuwait en la fase de clasificación estuvo considerado una campanada dentro del fútbol asiático. ¿Cómo lo consiguieron?
Una de las responsabilidades de un entrenador es sacar lo mejor de sus futbolistas y creo que, probablemente, eso fue lo que pasó esa vez. Los jugadores de Uzbekistán estuvieron magníficos y fue fácil trabajar con ellos; y creo que con un buen seleccionador podrán obtener mejores resultados y figurar entre las cinco primeras selecciones de Asia. Tuve suerte porque me dieron tiempo para preparar al equipo adecuadamente para los encuentros contra Kuwait y Bahrein. Además, los aficionados nos respaldaron magníficamente y llenaron el estadio cada vez que jugábamos. 

¿Cree que al equipo le faltó suerte o experiencia para vencer a Bahrein en la repesca?
Un partido se decide por muchas cosas, pero yo destacaría dos que nos costaron la oportunidad de clasificarnos. En primer lugar, tuvimos que jugar el partido en Manama sin Maxim Shatskikh. Él es el mejor jugador de la selección y un auténtico líder en la cancha. Cuando está en la alineación, el equipo es capaz de jugar con confianza.

En segundo lugar, el tiempo que hizo en Bahrein fue increíblemente caluroso y húmedo. Eso también impidió que al equipo rendir al máximo. Estuvimos lentos y no pudimos hacer el juego que nos gusta porque tuvimos muchos problemas con las condiciones meteorológicas.

¿Habría visto al equipo con opciones contra Trinidad y Tobago?
Sí. De hecho, creo que nos habríamos clasificado para la Copa Mundial. Pienso de veras que teníamos posibilidades si nos hubiéramos clasificado para la repesca definitiva.

Su ex equipo, Al Ittihad, causó sensación a todo el mundo que lo vio el mes pasado en Tokio, al derrotar al Al Ahly egipcio en el Campeonato Mundial de Clubes de la FIFA. ¿Cree que fue una señal de la progresión del fútbol asiático en los últimos años?
Hizo un partido magnífico contra Al Ahly y, a mi juicio, también jugó bien contra el São Paulo, pese a perder por 3-2. Creo que el éxito de Al Ittihad en el ámbito continental ofrece un ejemplo magnífico a otros equipos asiáticos. El equipo tiene buenas instalaciones y dinero, por lo que puede atraer y fichar a entrenadores y jugadores de gran calidad. A su vez, eso mejora la calidad de los jugadores 'de cosecha propia', por lo que el nivel del fútbol en el país está subiendo todo el tiempo.

En su periodo de cuatro meses con la selección de Uzbekistán, no sólo hizo de seleccionador nacional, sino también de profesor de fútbol, impartiendo clases a entrenadores locales. Como profesor acreditado por la FIFA, ¿tiene la responsabilidad de transmitir sus conocimientos técnicos a otra gente?
Bueno, me gusta compartir mi experiencia y mis conocimientos con entrenadores que quieren aprender. También hice esa labor cuando entrenaba a la selección de China. Un seleccionador debe ser un maestro que transmita sus conocimientos futbolísticos para que nuestro deporte mejore en todo el mundo.

Se dice que Asia necesita más entrenadores de primera categoría que jugadores estelares. ¿Qué opina sobre esto?
Creo que, en categorías menores, un buen entrenador es de especial importancia, ya que puede enseñar a los jugadores aptitudes y conocimientos elementales, en los que se basará y se fortalecerá su futuro desarrollo. Por lo tanto, para muchos países asiáticos, se hace urgente establecer cursos variados para crear entrenadores cualificados.

¿Cuál es el mejor recuerdo de su carrera como entrenador? ¿Llevar al Malmoe a la final de la Copa de Europa?
Yo diría que sí. La verdad es que supone un gran paso acabar tu carrera como jugador y empezar a entrenar, por lo que tu primer trabajo siempre resulta memorable. Sólo tenía 27 años cuando me hice cargo del Malmoe. Ganamos la liga sueca cuatro veces y llegamos a la final de la Copa de Europa en 1979.

Debió de ser increíble llevar a un equipo a una final de la Copa de Europa con 32 años. ¿Le resultó difícil hacerse respetar por los jugadores cuando era más joven?
Un entrenador no se gana el respeto por su edad, sino por lo que hace. En primer lugar, respetas a los jugadores y debes demostrar que tienes interés y confianza en hacerlos triunfar. Luego tienes que demostrar que puedes ganar partidos con ellos y hacer que sean mejores futbolistas. A partir de ahí, no hay problemas para que te escuchen.

¿Qué esperanzas tiene para el Año Nuevo?
El Shenyang Ginde es un equipo muy joven. La mayoría de los jugadores nacieron en torno a 1985 y tienen ahora poco más de 20 años. Tenemos mucho trabajo por hacer antes de que empiece la nueva campaña. Espero poder convertir a estas jóvenes promesas en buenos jugadores de verdad. Quiero hacer llegar a la selección a la mayor cantidad posible.