Ciento nueve años de historia y éxitos. Uno de los clubes más laureados del mundo y, sin duda, el más rico en tradición y títulos de Italia. Simplemente, el  Juventus . El club de Turín, acostumbrado a los éxitos, ha vivido recientemente una serie de contratiempos que le han supuesto el descenso a la Serie B. Como consecuencia, debe afrontar un año en el infierno antes de volver al lugar que, por tradición, le corresponde.

El devenir de unos sucesos sin duda poco positivos para el mundo del fútbol está convirtiéndose en una bonita historia que vale la pena explicar. Sus protagonistas son tres campeones del mundo (Buffon, Camoranesi y Del Piero), dos subcampeones del mundo (Trezeguet y Boumsong) en la última Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006, y un elenco de talentos nacionales e internacionales (Nedved, Zalayeta, Kovac, Tudor, Bojinov, Cristiano Zanetti y Giannichedda) y de jóvenes promesas del fútbol italiano (Marchionni, Chiellini, Palladino, Paro y Marchisio). Todos ellos se han cargado a los hombros el peso de devolver al Juventus a la Serie A, a pesar de una penalización adicional de nueve puntos en la clasificación.

Lo que se podría describir como un viaje dantesco del Infierno al Paraíso en 42 jornadas está convirtiéndose en realidad en una auténtica fiesta futbolística, que está acercando a la gente al deporte rey. En ella destacan la calidad técnica y moral de los dos símbolos del equipo: el guardameta Gianluigi Buffon (Premio Lev Yashin en Alemania 2006) y el capitán Alessandro Del Piero, máximo goleador en la historia del club y autor del segundo gol de Italia en la semifinal de la última Copa Mundial, celebrada en Dortmund contra Alemania.

Desde esta temporada, la Juve disputa sus partidos en campo propio en el renovado Estadio Olímpico (antiguo Estadio Municipal), con capacidad para unas 25,000 personas, tras haber abandonado el Estadio Delle Alpi (de 65,000 localidades), que también va a ser remodelado. Este importante detalle (se ha vuelto al recinto que en el pasado vio jugar a grandes leyendas, como Boniperti, Sivori y Platini, y que tanto gustaba a Gianni Agnelli, el célebre propietario del club fallecido en 2003) ha contribuido por sí solo a acercar a los aficionados más apasionados, los más auténticos, al equipo. 

 

El acontecimiento de la semana
Además, el Juventus está llenando todos los campos de Italia en los que juega como visitante, desde grandes estadios como San Paolo, en Nápoles, con más de 60,000 localidades, hasta los estadios de pequeñas ciudades de provincia, donde la llegada de la vecchia signora para disputar un partido de liga se vive como el acontecimiento del siglo. Así sucedió en Rimini, conocida población costera, en la primera jornada del campeonato (en cuyo estadio se construyeron gradas supletorias para la ocasión), y así sucedió en Crotone (Calabria), donde los responsables del hospital del pueblo (desde el que se puede entrever el terreno de juego del conjunto local) se vieron obligados a denegar la entrada a los muchísimos familiares que (sospechosamente) querían visitar a los enfermos aquella misma tarde.

Escenas similares se repiten en todas partes: desde Frosinone, La Spezia y Arezzo hasta grandes ciudades como Bolonia, Verona, Bari y Génova, que albergaron partidos de la Copa Mundial de la FIFA Italia 1990 y tienen sed de buen fútbol. Sin embargo, entre los 22 equipos inscritos en la Serie B italiana, hay uno muy particular, que está disputando su cuarta temporada seguida en la categoría. Se trata del Albinoleffe, nombre compuesto por Albinese y Leffe, dos clubes que se fusionaron en 1998 para dar vida a un exitoso proyecto, obra del empresariado lombardo.

Mauro Germán Camoranesi, el singular mediocampista de corte ofensivo del Juventus y de la selección italiana, recién llegado de Berlín tras haberse cortado el pelo en el mismo césped del Olympiastadion, declaró a mediados del pasado mes de agosto: "No me veo jugando contra el Albinoleffe". La idea de saltar al campo para disputar un partido de Serie B no le apetecía en absoluto, pero los nuevos dirigentes del club blanquinegro decidieron retenerlo en Turín a toda costa. El sábado 18 de noviembre, el italoargentino campeón del mundo pisó el terreno de juego del estadio municipal Atleti Azzurri d'Italia de Bérgamo para enfrentarse precisamente al equipo contra el que jamás habría imaginado que llegaría a jugar.

Fue, sin duda, un día histórico y memorable. Y, al final del primer tiempo, parecía que podría serlo todavía más, ya que los locales (menos locales de lo habitual, ya que el 95% del estadio apoyaba al conjunto juventino) dominaban en el marcador por 1-0 y jugaban con un hombre más por expulsión de Buffon (que cometió una falta como último defensor). En la reanudación, llegó el empate definitivo del Juventus y el partido se mantuvo vibrante hasta el final.

 

Dos mundos sobre el césped
En un extremo del campo, un equipo con más de 10 millones de aficionados y, en el otro, una entidad cuyas poblaciones de pertenencia suman en total unos 22,500 habitantes (16,500 de Albino y 6,000 de Leffe). Un club de aficionados cuya razón social es un local del pueblo y que, esta temporada 2006/07, cuenta con poco más de mil socios; una cifra récord, ya que en años anteriores no se habían vendido ni siquiera setecientos abonos. Su entrenador es Emiliano Mondonico, eterno rival del Juventus debido a su pasado en el Torino, equipo al que llevó hasta la final de la Copa de la UEFA en 1992, donde perdió el trofeo frente al Ajax. La semana anterior al choque contra la vecchia signora, el técnico del Albinoleffe fue sancionado por insultar a un aficionado que lo había increpado desde la grada en medio del partido contra el Génova. Resulta impensable que al Juventus pueda sucederle algo así.

Al final del partido, unas cien personas se congregaron a las puertas del estadio para presenciar la salida de los autocares. Chicos y chicas entusiasmados se agolpaban para ver pasar el vehículo blanquinegro con los jugadores a bordo. La emoción los embargaba a todos, pese a que la escena duró poco más de un segundo y no pudieron ver gran cosa. A espaldas de ellos, a escasos diez metros, el brasileño Joelson, autor del gol de su equipo, y otro jugador del Albinoleffe charlaban tranquilamente con familiares y amigos, como dos futbolistas cualesquiera al final de un partido de aficionados.

Estos jugadores, a quienes un abismo separa de los futbolistas del Juventus desde el punto de vista del interés que suscitan en los medios de comunicación y entre los aficionados, estuvieron en el campo a la misma altura que sus encumbrados rivales. La belleza del fútbol reside también en la mezcla de estas dos dimensiones. La prensa tiene la obligación de hacer que, en la medida de lo posible, ambas dimensiones coexistan. Para ello, debe dedicar la misma atención a las dos y tener siempre presente que, sin sólidos cimientos, nada se construye.