Tras el sorteo de la fase de grupos de la presente edición de la Liga de Campeones de la UEFA, nadie habría previsto que se llegara a la tercera jornada con Basilea, Trabsonzpor y APOEL de Nicosia en el primer puesto de sus respectivos grupos. Aunque los tres equipos han echado por tierra todos los pronósticos, posiblemente sea el APOEL el que haya dado la campanada más sonora.

Después de todo, los clubes turcos gozan de un largo historial en la Liga de Campeones y los equipos suizos han cosechado éxitos notables; sin embargo, a Chipre siempre se la considerado un país menor en los escenarios continentales. El Anorthosis de Famagusta estuvo cerca de dar la sorpresa al empatar con el Inter Milán y vencer al Panathinaikos en la fase de grupos de 2008, pero, incluso entonces, el club chipriota no se salió del guión y acabó cuarto de su sección.

No hay duda de que el APOEL podría acabar sufriendo el mismo destino, pero, por ahora, todo apunta a que estamos ante un equipo capaz de llevar el fútbol chipriota a territorios inexplorados. Puede que sus convincentes victorias en la fase previa, sobre el Slovan de Bratislava y el Wisla de Cracovia, pasaran en gran medida inadvertidas, pero el Thrylos ('La leyenda') proporcionó una prueba convincente de su potencial al remontar ante el Zenit de San Petersburgo y acabar imponiéndose por 2-1 en su primer encuentro en el Grupo G.

Este resultado supuso un hecho histórico, ya que el club no había registrado ninguna victoria en su única participación anterior en la fase de grupos. Las celebraciones en Nicosia se alargaron hasta altas horas de la madrugada. Sin embargo, entre la euforia, un hombre mantuvo la calma. El entrenador del APOEL, el serbio Ivan Jovanovic, había instado a su equipo a que demostrara su valía en la máxima competición, e insistió en que no bastaba con un éxito aislado, por muy gratificante que fuera.

El único problema para Jovanovic era que su equipo visitaba en su siguiente encuentro uno de los fortines del fútbol mundial. De hecho, tras su inauguración en 2009, el Shakhtar Donetsk estuvo 20 meses sin perder en el Donbass Arena, por lo que pocos esperaban que el APOEL añadiera un borrón al impresionante registro de los ucranianos.

Sin embargo, los chipriotas volvieron a superar todas las expectativas y obtuvieron un meritorio 1-1, tras adelantarse en el marcador contra todo pronóstico por mediación del delantero macedonio Ivan Trickovski. El resultado dejó al APOEL en el primer puesto del grupo, con un punto de ventaja sobre el Zenit y el Porto. Ni siquiera sus frustrados rivales del grupo han tenido inconveniente en reconocer que los chipriotas son merecedores de tan distinguida posición.

El contraataque, una de sus claves
En un gesto de elegancia, los jugadores del Shakhtar, con su portero Olexandr Rybka a la cabeza, se aprestaron a admitir las cualidades de los chipriotas. “En la primera jornada ya vimos que la gente se equivocaba al considerar al APOEL un equipo menor”, afirmó. “Sabe defender muy bien y es muy rápido en ataque. Tiene jugadores curtidos y de gran talento. Siempre trata de robar el balón para salir al contraataque”.

El entrenador de los ucranianos, Mircea Lucescu, también alabó a los visitantes, definiéndoles como “un equipo bien organizado con un excelente entrenador”, y predijo que se mantendrían en la lucha por un puesto en los octavos de final. A pesar de contar en su haber con 21 títulos de la liga nacional, alcanzar la fase final representaría para el APOEL el mayor éxito de sus 85 años de historia. El club guarda grandes esperanzas de poder alcanzar este ambicioso objetivo.

Tal y como reflexionaba Jovanovic: “Ahora mismo, el grupo tiene muy buena pinta para nosotros. Espero que podamos mantenernos ahí, pero nuestro objetivo sigue siendo el mismo. Nos quedan cuatro partido complicados y, como siempre he dicho, tenemos que tener paciencia y mantener la calma”.

El mediocampista Constantinos Charalampidis afirmaba que habían hecho que “Chipre se sintiera orgulloso y que Europa se fijara en ellos”; por su parte, el lateral izquierdo William Boaventura, uno de los cinco brasileños que militan en las filas del APOEL, reconocía su satisfacción por demostrar a quienes dudaban que estaban equivocados. “Es fantástico ir primeros de grupo, porque al principio nadie esperaba que consiguiéramos ningún punto”, afirmaba. “Sin embargo, creemos en nosotros mismos y podemos hacerlo todavía mejor”.

Por supuesto, el objetivo no está cumplido. Su siguiente desafío, un choque a domicilio contra el Porto, vigente campeón de la Europa League de la UEFA, es posiblemente el mayor al que hayan tenido que hacer frente. Ningún miembro del club necesita que le recuerden cómo acabó su primera visita a Portugal. En aquella ocasión, allá por 1963, el segundo desplazamiento europeo del equipo de Nicosia acabó con una derrota por 16-1 contra el Sporting de Lisboa, un marcador que, aún hoy, supone para el club un vergonzoso récord en las competiciones europeas.

Aunque es esta inferioridad histórica la que ha llevado a que se descartara al APOEL como aspirante en la presente edición, evidentemente la generación de 2011 es más fuerte. Está por ver si el equipo de Jovanovic puede mantener este nivel y alcanzar los octavos de final, aunque el Porto puede dar por seguro que encontrará mucha más oposición que sus compatriotas hace 48 años.