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Gattuso: "La clave del éxito fue Lippi"

(FIFA.com)
Gennaro Gattuso (L) and Fabio Grosso (R) of Italy celebrate with the World Cup trophy.
© Getty Images

Jamás se ha arrugado en la batalla. Cuando las cosas se ponen difíciles, nunca desiste ni rehusa el combate. Muy pocos en el fútbol mundial pueden igualar su tenacidad.

Este rasgo de la personalidad de Gennaro Gattuso, junto con su energía, su habilidad y su astucia táctica, le convirtieron en figura imprescindible para una larga lista de seleccionadores de Italia y de entrenadores del AC Milan. También le sirvieron para completar una brillante carrera con un palmarés en el que destacan dos Ligas de Campeones de la UEFA, 73 partidos con Italia y los títulos de campeón del mundo con su club y con su país.

Ahora, el gran luchador afronta una batalla diferente: afianzarse como entrenador de primera categoría y, hasta el momento, le está resultando bien difícil. Sus periodos en los banquillos del Sion, Palermo y OFI de Creta han sido breves y no precisamente placenteros. Hubo quien se preguntó si volvería a entrenar tras haber presentado su dimisión al club griego el pasado diciembre. Está claro que no le conocían muy bien…

Muy pronto, con el mismo empuje del Gattuso jugador asumió un puesto en la tercera división italiana, con el compromiso de revitalizar al Pisa y el propósito de demostrar su valía como entrenador.

El italiano, en esta entrevista en exclusiva con FIFA.com, apunta sus retos y repasa sus recuerdos de Alemania 2006, a la vez que confiesa quiénes son los mediocampistas que más admira.

Señor Gattuso, ¿qué tal lleva eso de supervisar el partido desde la banda en lugar del mediocampo?
Son dos trabajos completamente diferentes. Haber sido un buen jugador puede ayudar, pero el cometido de un entrenador es mucho más complejo. Ya no soy estudiante, ahora me toca a mí enseñar el fútbol.

Como jugador, destacó por su pasión y por su entrega. ¿Como entrenador lo definen esas mismas características?
Soy muy exigente conmigo mismo, soy quisquilloso y, por encima de todo, me entrego a mi trabajo con una gran profesionalidad y quiero hacerlo todo correctamente. Además, soy un hueso duro de roer, y precisamente este defecto, si quieren llamarlo así, sigo teniéndolo como entrenador. Aunque en los últimos años he cambiado de actitud con los jugadores. Solía ser muy duro también con ellos, pero ahora mi prioridad consiste en preparar el equipo de la mejor manera posible. Una vez cumplido el trabajo, dejo que los jugadores tengan su espacio; no les vigilo todo el día.

Jugó usted a las órdenes de grandes entrenadores. ¿De quién aprendió más? ¿Su estilo se asemeja al de alguno de ellos?
Con mi personalidad, es difícil que yo copie a alguien o adopte planteamientos ajenos. Tengo mi propia manera de hacer las cosas. Cuando era futbolista tuve la suerte de jugar en grandes clubes y sabía exactamente cómo comportarme y qué hacer. Como entrenador, estoy trabajando con muchos jóvenes, algunos de los cuales me llegan directamente de las categorías juveniles: a ellos no puedo tratarlos igual que me trataban a mí mis entrenadores. Tengo que conseguir que entiendan la importancia del trabajo y la gran profesionalidad que se necesitan para llegar a lo más alto.

Muchos jugadores y entrenadores italianos se quedan en Italia a lo largo de todas sus carreras, pero usted marchó al extranjero en varias ocasiones. La primera vez que salió de su país, cuando fichó por el Rangers, tenía sólo 19 años. ¿Cree que le han beneficiado sus experiencias en Escocia, Suiza y Grecia?
Esas experiencias me han influido mucho y muy positivamente. Cualquiera que observe mi trabajo comprenderá que mis métodos son ligeramente diferentes a los italianos y que se parecen más al estilo inglés. Por ejemplo, me gusta trabajar con un ritmo muy alto, y al día siguiente de un partido prefiero volver directamente a los entrenamientos. Salir al extranjero me ha enriquecido como jugador y también como entrenador.

Hablemos del Mundial de 2006. ¿Qué es lo que más recuerda de la competición y cuál fue la clave del triunfo de Italia?
¡Guardo tantos recuerdos de aquella experiencia! Vestir la camiseta nacional siempre fue muy especial. Cada vez que oía el himno nacional, se me ponían los pelos de punta y pensaba en mi infancia. La clave de nuestro éxito hay que buscarla, sin duda, en Marcello Lippi: era nuestro líder, confiábamos en él, tenía carisma y hacía que nos sintiéramos valorados y protegidos. El artífice de aquel triunfo en el Mundial fue Lippi.

Usted que formó parte de aquel AC Milan que ganó dos Ligas de Campeones, ¿ve posible que los Rossoneri u otro equipo italiano vuelva a ganar este premio en un futuro cercano?
Para conquistar grandes trofeos, como la Liga de Campeones, necesitas tener campeones en el equipo. En el Milan de aquellos años, podíamos permitirnos tener futbolistas de la talla de Alessandro Costacurta, Jaap Stam, Rivaldo, Rui Costa y Filippo Inzaghi sentados en el banquillo. Teníamos una plantilla formada por 22 o 23 deportistas de máximo nivel. Para que el Milan, y el fútbol italiano en general, vuelva a convertirse en un firme aspirante al título europeo, debemos empezar a invertir de nuevo. La economía tiene que recuperarse, hay que construir nuevos estadios, y necesitamos nuevas y grandes inversiones.

Zlatan Ibrahimovic dijo de usted: “Nos proporciona a todos la motivación que necesitamos. Sobre el terreno de juego es un animal; sin él, no podríamos hacerlo”. ¿Al Milan y a Italia les iría bien tener un ‘animal’ así en estos momentos?
Creo que Daniele De Rossi puede desempeñar ese papel en la selección nacional. Lleva años demostrando su valía y es un campeón que siempre se entrega en cuerpo y alma y exige respeto. En el Milan, me gusta Nigel De Jong: al contrario que yo, es un líder que no hace mucho ruido, pero reúne todas las cualidades para convertirse en un hombre decisivo.

Usted está considerado uno de los grandes mediocampistas de contención de su época. ¿A cuáles de los jugadores que actualmente ocupan esa misma posición admira más?
Me gusta mucho Radja Nainggolan. Aunque no nos parezcamos, porque él es técnicamente mejor que yo, lo considero uno de los jugadores más fuertes de la demarcación. Sabe hilvanar de forma equilibrada las transiciones entre defensa y ataque.

¿Tuvo algún compañero en el mediocampo con el que se complementara especialmente bien?
Sí, Andrea Pirlo. Jugué diez años a su lado en el Milan y subimos juntos por las categorías de la selección nacional, desde juveniles hasta la absoluta. Habremos jugado juntos más de 500 partidos. En los últimos años nos bastaba una mirada para saber lo que el otro estaba pensando. Pirlo empezó como mediapunta, pero Carlo Mazzone y después Carlo Ancelotti tuvieron el acierto de colocarlo más retrasado en el centro del campo. Creo que el cambio fue importante para él y, a la vez, me facilitó a mí el trabajo.

¿Siempre fue el apoyo de jugadores como Pirlo, Paul Gascoigne o Kaká? ¿Nunca deseó ser un jugador más ofensivo?
La verdad es que no. Desde muy joven he admirado a otro tipo de futbolista. El primer póster que colgué en mi cuarto fue el de Salvatore Bagni [ndlr: exmediocampista del Nápoles y del Inter de Milán]. Me gustaba porque jugaba sin espinilleras y con las medias bajadas. Era un guerrero del centro del campo. Hay que tener en cuenta que mi padre era seguidor del AC Milan y adoraba a Gianni Rivera. Creo que le decepcioné. porque le salí totalmente distinto a Rivera. Pero, personalmente, siempre he preferido un estilo más combativo.

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