A los 17 años se ganaba la vida junto a su tío limpiando una iglesia en su California natal. Pero en la cabeza el sueño estaba claro. A pesar de los reveses de la vida, Jorge Villafaña quería ser futbolista profesional.

La ambición del joven norteamericano estaba lastimada. Poco tiempo antes se había probado sin éxito en Chivas USA y su meta de vida parecía no llegar a buen puerto. Inquieto, buscaba nuevos caminos. Fue en una de esas noches de trabajo de 2007 cuando su tío lo convenció de que tentara a la suerte en 'Sueño MLS', un concurso novedoso cuyo premio era… probarse en Chivas USA.

“Fueron tres días que dieron para que uno se fuera a registrar”, comenta a FIFA.com el actual jugador del poderoso Santos de México. “Yo fui el último día y ya no había cupo. Me dijeron: 'Espérate, y si no viene alguien, te damos chance'. Un muchacho finalmente no se presentó y así fue como me dieron la oportunidad”, remata Villafaña, quien empezó como mediocampista y terminó de lateral izquierdo.

Hacer camino al andar
El panorama lucía complicadísimo para el zurdo de 1.79 m de altura. 2000 jóvenes registrados y otros 4000 que, como él, estaban en la lista de espera.

“Cada fin de semana íbamos y nos hacían pruebas en la cancha. Primero éramos 2000 y de pronto ya nada más 1000. Y así fueron pasando los sábados hasta que, luego de un mes, nada más quedamos 11 jugadores. Entonces jugamos contra la Sub-19 de Chivas y medimos nuestro nivel. Había mucha competencia, pero también mucha emoción porque se iba avanzando. Y la cabeza empezaba a pensar que se podía lograr”, rememora Sueño, apodo que se ganó por obvias razones.

Finalmente, Jorge resultó ganador de la primera edición del concurso, el mismo que más tarde tuvo como triunfador al argentino Rogelio Funes Mori, jugador del Monterrey mexicano y mellizo de Ramiro, hoy jugador del Everton inglés y de la selección albiceleste.

Su ascenso en el Chivas USA fue meteórico. “Estuve con los juveniles más o menos medio año y después llegué al primer equipo. Entrar a aquel vestidor es una experiencia que cuando era joven siempre soñaba. Te encuentras con gente que ves en la tele, grandes nombres, gente con la que deseaba jugar algún día. Es algo que nunca olvidaré”, afirma lleno de sinceridad Villafaña, quien pasó parte de su infancia en Guanajuato, México.

“'¿Tú eras el jugador que ganó el Sueño MLS?', me preguntaban cuando llegué. Y me decían: 'Muchas felicidades, esperemos que te vaya bien'. Me hicieron sentir bien los jugadores experimentados. Me ayudaron, me apoyaron y al mismo tiempo me exigieron para que agarrara el nivel cuanto antes”, comenta el jugador que en 2011 cambió su apellido a Villafaña en honor a su mamá, que fue al mismo tiempo madre y padre.

¡Y vaya si valió la pena!
Con buenas actuaciones y constancia, no sólo se ganó el cariño de la afición, sino también jugar con la selección estadounidense en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Egipto 2009, donde cayeron en la primera fase.

“Llegar a la selección estadounidense fue cumplir una de mis metas. Para eso se trabaja siempre,  y ya ahí uno se esfuerza para ganarse el puesto en el equipo titular. Espero que algún día se logre repetir aquello”, dice Villafaña, quien fue capitán de aquel equipo.

A los 17 años limpiaba una iglesia. A los 18 ganó un concurso y comenzó su camino como profesional. A los 19 se consolidó y representó a su país. A los 24 completó el guión de una gran historia de superación y fichó por el Portland, donde en 2015 conoció la gloria más preciada del fútbol: ser campeón.

“Recuerdo cuando faltaban los 4 minutos extras... se hicieron eternos. Cuando se escuchó el pitazo final fue una emoción grandísima porque fue una temporada muy larga con sufrimientos y alegrías. El trabajo que se hizo todo ese tiempo fue recompensado. Fue el sueño de todo profesional: ser campeón y levantar el trofeo”, relata sobre la victoria.

Todavía lleno de felicidad y emoción, en diciembre del año pasado firmó con el Santos Laguna. Allí disfruta su presente y quiere seguir alargando ese sueño especial que comenzó hace casi 9 años. “Aquí también quiero trascender. El objetivo es llegar a la liguilla y luego volver a ser campeón”.

Villafaña no deja de soñar, y tiene uno mayor aún: la escuadra nacional. “No me olvido y lo busco siempre. Quiero crecer y ser convocado con la absoluta".