“Siempre he sido un número 9, ¡pero estoy atrapado en el cuerpo de un arquero!”, explica a FIFA.com el legendario guardameta de la selección estadounidense Tony Meola. “Por mucho que organizase y gritase en mi época de jugador en activo, en el fondo soy atacante. Y voy a ser un entrenador ofensivo. Al pasar toda la vida entre los tres palos, no pude disfrutar de la diversión que implica ir al ataque”.

Meola, de 47 años e incluido en el Salón de la Fama de la Asociación Estadounidense, se ha tomado un buen tiempo hasta convertirse en técnico. “Me pidieron que fuese entrenador de porteros cinco veces distintas”, afirma Meola, que se dispone a comenzar su etapa como primer entrenador este fin de semana con el Jacksonville Armada, equipo de la North American Soccer League (NASL), la segunda categoría profesional del fútbol estadounidense. “Pero cuando uno se encasilla como preparador de arqueros, resulta difícil ser luego otra cosa. Por el mundo es muy difícil encontrar exguardametas que hayan llegado a dirigir grandes equipos”.

Meola es un hombre sin pelos en la lengua y de actitud animosa. Actualmente muestra la misma expresividad y confianza en sí mismo que cuando jugaba. Entonces comandó desde la retaguardia a Estados Unidos en tres Mundiales, especialmente los de 1990 —en el que los norteamericanos regresaron a la cita mundialista tras 40 años de ausencia— y 1994, en este último con la presión añadida de tener que rendir a un buen nivel ante su público. Defendió durante más de una década los colores de varios clubes de la MLS, un campeonato que entonces se hallaba en plena eclosión. Y su deseo de no verse atrapado en los rígidos confines del arco y del área después de su carrera como jugador es el último de los pasos que ha dado en su difícil relación con una demarcación tradicionalmente solitaria.

Los consejos de Arena
Hay un célebre guardameta estadounidense que sí triunfó como entrenador: Bruce Arena. El actual técnico del Galaxy de Los Ángeles y exseleccionador de Estados Unidos tuvo un papel fundamental en la llegada de Meola a Jacksonville, en el soleado estado de Florida. “Bruce fue la última persona con la que hablé antes de decidir aceptar este trabajo”, dice Meola, que en las categorías universitarias y en el combinado nacional estuvo a las órdenes de Arena, un hombre de trato directo, y hasta brusco, que nunca se anda con remilgos.

Arena fue claro con él. “Me dijo que sería una locura no hacerlo”, confiesa riéndose. “Fue Bruce en estado puro, y de repente todo cobró sentido”.

Meola, un corpulento guardameta que llegó a disputar tres partidos como jugador de campo con el Kansas City Wizards, ha recorrido un camino sinuoso hasta convertirse en entrenador. Debutó con su país en 1988 y acumuló 100 internacionalidades. Desde entonces hasta hoy, el fútbol estadounidense ha experimentado enormes cambios en cuanto a organización, popularidad, estilo y prestigio internacional. Sin embargo, al ser de la vieja escuela, él tuvo que salir adelante como pudo después de colgar los guantes. “Hoy en día a los chicos se les pone todo en bandeja”, reflexiona, sin acritud, con la franqueza de quien sabe de lo que habla.

Meola creó su propia marca de equipación deportiva, con una línea de guantes de guardameta. Hizo también una incursión en el fútbol americano, como pateador del Jets, y fue incluso semiprofesional de fútbol indoor. Su voz y su personalidad le permitieron hacerse un hueco en la radio y en la televisión. “Todo se sucedió muy rápido. No tenía planes para después del fútbol”, señala. “Veía con buenos ojos la televisión y la radio, pero mi sueño siempre había sido entrenar”.

Empezar de cero
No será fácil convertir a su Armada en una máquina ofensiva. La temporada pasada el equipo fue último, y apenas marcó goles. El club le ha encomendado pues la misión de dar un vuelco, designándolo también director técnico. Se le ha otorgado libertad para confeccionar el equipo que desee.

“Lo mejor ha sido traer a los muchachos”, apunta Meola, sin ocultar el entusiasmo al recordar la época en la que compartió vestuario con leyendas del fútbol estadounidense, jugadores de la talla de John Harkes y Tab Ramos, con el que sigue manteniendo una estrecha amistad. “Todos se llevan muy bien. Ya sé que hay gente que dice que esas cosas no importan, pero yo creo que sí. Quiero que todos estén unidos. Para compartir equipo los jugadores tienen que apreciarse”.

¿Y qué es Tony Meola? ¿Un guardameta? ¿Un delantero atrapado tras los barrotes que forman las líneas de su propia área? ¿Un comentarista, un narrador? ¿O quizás un simple trabajador? Es posible que sea todas esas cosas, aunque, sobre todo, es un ganador. Y todas y cada una de sus acciones reflejan esa actitud, la de un orgulloso pionero del fútbol en Estados Unidos. “Siempre jugué para ganar títulos”, sentencia.

“Gané trofeos en el instituto y en la universidad. En la MLS y en la Copa Oro de la CONCACAF. Si hay algo que nunca le podrán quitar a uno, son los trofeos”, concluye Meola, al fin libre para ver toda la cancha desde una perspectiva totalmente nueva. “A alguna gente le gusta tu juego y a otra no, pero nunca te quitarán los trofeos. Quiero que mis jugadores tengan esa hambre de triunfos”.