- Es algo muy loco. Hace 16 meses peleábamos por mantenernos en la B y sabíamos que si descendíamos a la C ninguno de nosotros iba a poder seguir con esta carrera.

A Kevin Dawson no le cabía la emoción en el cuerpo. Ni a él ni a todos sus compañeros, que corrían fuera de sí por el Campeón del Siglo, el flamante estadio del gigante Peñarol. Al arquero y los demás los quemaba por dentro el fuego de las hazañas, porque lo de Plaza Colonia, increíble campeón del Torneo Clausura 2016 del fútbol uruguayo, es eso. 

Hazaña porque hace año y medio peleaba por no irse a Tercera. Hazaña porque hasta 1999 sólo participaba de su Liga departamental. Hazaña porque esta es su quinta temporada en Primera desde entonces. Hazaña porque su técnico dejó su carpintería para salvar al equipo del descenso a la C. Y construir un campeón capaz de coronarse conquistando 2-1 a Peñarol en su fortaleza.

Eduardo Espinel es el que serró, cepilló y lijó el logro increíble de este club orgullo de la pequeña y turística Colonia del Sacramento, en el sudoeste uruguayo. Lo fueron a buscar para que dirigiera el equipo hace unos años, pero el club no pudo complementar económicamente su ganancia como carpintero.

Humildad y fútbol
Recién pudo solventar ese gasto a comienzos de 2015, cuando el Patablanca era último del torneo de Segunda. Espinel, exjugador del club, casi sin experiencia como técnico pero con el curso hecho y docente en la escuela de formación, aceptó esta vez el desafío. No le importó tener que conducir 200 kilómetros diarios para ir y volver de los entrenamientos.

“Aprovecho para pensar y diagramar el equipo”, le dijo al diario argentino La Nación hace pocas semanas. No hay duda que sabe usar bien el tiempo porque ascendió tras una racha de 18 partidos sin perder. Llegó a Primera con la misión de "no ser un ascensor" y mantenerse con un presupuesto estimado de 60 mil dólares, 20 veces más bajo que el de los colosos Nacional o Peñarol. Parte de los fondos lo consiguieron a través de una pollada: cocinaron 400 pollos y los juveniles del club se encargaron de venderlos por la ciudad.

Diego Lugano, el famoso excapitán de la selección uruguaya, también puso su grano de arena. Según reveló El Observador de Uruguay, el central atendió la llamada de su ex compañero Espinel y se fue a Colonia a hablar con los jugadores, estar con ellos y explicarle a los más dispersos lo que era ser un profesional de verdad. De actitud, aunque muchos jugadores vayan a entrenarse en bicicleta o moto o algunas veces debieran comer arroz con hot-dogs porque no alcanzaba la plata para un menú más adecuado.

El espíritu del Leicester
Durante el torneo, en el que se escuchó muchas veces la frase “ya se va a caer el Plaza”, Espinel habló con su plantel del ejemplo del Leicester. “Nos sentimos identificados, el trabajo está por encima de todo", reveló en La Nación.

Pero aunque la vuelta olímpica del domingo fue emocionante e histórica, gracias a un equipo solidario, compacto y que por momentos logró jugar bien al fútbol, falta un paso más. Ahora, el club que está a pocos meses de llegar a los 100 años de vida, que tuvo como primer presidente a Alberto Suppici, seleccionador de la Uruguay campeona de la Copa Mundial de la FIFA Uruguay 1930, va por la hazaña de la hazaña: ser el primer club del interior de Uruguay en ser campeón nacional.

Peñarol ganó el Torneo Apertura (la primera ronda) y Plaza Colonia el Clausura (la segunda). Falta una jornada del Clausura y para decidir quiénes juegan la gran final hay que esperar a ver quién es primero en el Anual, la suma de las dos ruedas. Si es Peñarol –es líder por el momento-, el Carbonero y Plaza volverán a verse las caras por el premio mayor. Si es Nacional –segundo a tres puntos-, Plaza y Peñarol jugarán entre sí para definir el rival del Bolso en el partido decisivo.

“Con sólo verlos entrenar, jugar, cuál es su postura ante cualquier rival, te das cuenta que se puede”, dijo un disfónico Espinel mientras la copa del Clausura pasaba de mano en mano detrás suyo. Aunque la cosa termine mal y no haya título nacional, la historia ya es de ellos.