Brasil escaló el equivalente deportivo del K2 para hacerse con su 23º y último oro olímpico en Londres 2012. Sus jugadoras de voleibol perdieron dos de los tres primeros encuentros en la ronda preliminar y depositaron todas sus esperanzas en la fase de eliminatorias. Las brasileñas lograron levantar seis veces el punto de partido para eliminar a Rusia en cuartos de final; y, contra una selección de Estados Unidos que había ganado 16 sets consecutivos de camino a la gran final, se recuperaron de un comienzo desastroso y se auparon al primer puesto del podio.

Sin embargo, hay una pesadilla olímpica de la que Brasil quiere despertarse de una vez por todas. El país no ha conseguido ninguno de los otros 22 en un deporte que los brasileños consideran una religión, en el que posee el récord de cinco trofeos de la Copa Mundial de la FIFA™. Y no será porque su selección, que participó por primera vez en el Torneo Olímpico de Fútbol Femenino en 1952, no lo haya intentado.

Aquel equipazo de 1984
Un equipo en el que figuraban Gilmar Rinaldi y Dunga, el actual coordinador general de las selecciones brasileñas y el técnico de la absoluta respectivamente, perdió la final de Los Ángeles 1984 a manos de Francia. Taffarel, Jorginho, Bebeto, Romario y Careca cayeron ante la Unión Soviética cuatro años después. Los técnicos del país enviaron un combinado cuajado de estrellas a Atlanta 1996, que incluía a Dida, Aldair, Roberto Carlos, Juninho Paulista, Rivaldo y Ronaldo.

Sin embargo, los brasileños, que aventajaban a Nigeria por 3-1 a falta de 12 minutos para la conclusión de su encuentro de semifinales, se las arreglaron para perder por 4-3 en la prórroga. Por último, en la edición de Londres 2012, Thiago Silva, Óscar, Hulk y Neymar terminaron vapuleados por México (2-1) en una final que, a priori, muchos habían considerado de trámite para ellos.

Existe otra razón poderosa para que Brasil busque la redención en los Juegos Olímpicos de 2016. La Seleção sufrió dos de las derrotas más sonadas de la historia del Mundial ante su propia hinchada: un 2-1 contra una valiente Uruguay en el partido decisivo de 1950, y una dolorosa goleada por 7-1 contra Alemania en la semifinal del año pasado. Ahora saldrán desesperados por librarse del maleficio en casa, en Río de Janeiro, y conquistar el único gran título futbolístico que falta en sus rutilantes vitrinas.

“Sueño con jugar en los Juegos Olímpicos en mi país”, ha declarado recientemente Neymar. “Tuve la suerte de disputar la Copa Confederaciones y el Mundial en Brasil. Sólo me quedan los Juegos”. Neymar no participó en la semifinal de la derrota ante Alemania, disputada en Belo Horizonte, por culpa de una lesión, pero está convencido de que a Brasil le beneficiará aquella debacle. “Yo creo que de todo se aprende”, afirma.

“Vestir la camiseta de la Seleção es algo indescriptible. Llevarla en Londres fue una experiencia que atesoraré el resto de mi vida. Ahora quiero formar parte de la selección en Río y conquistar el título para el pueblo brasileño. Ganarlo en el Maracaná sería impresionante, inolvidable. Pueden estar seguros de que lo daremos todo para conseguirlo”.

Una cuestión de orgullo
Tras la decepcionante campaña en el Campeonato Sudamericano Sub-20 del mes pasado, la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) anunció el lunes la remodelación del personal que supervisará las selecciones sub-20 y olímpica, y sólo el técnico Alexandre Gallo y otro miembro más han conservado sus puestos. Dunga y Gilmar Rinaldi estuvieron presentes en la reunión con el nuevo equipo directivo.

La CBF comunicó además que el combinado olímpico jugará un amistoso en casa con Paraguay el 27 de marzo, y que Brasil competirá en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA y en los Juegos Panamericanos (una competición sub-22) en los próximos meses.

La selección que, en noviembre, triunfó en el Torneo Internacional de Wuhan, donde también participaron Australia, la RP China y la República de Corea, incluía varios nombres interesantes. Entre ellos se encontraban Talisca, el prodigio del Benfica al que llaman “el nuevo Rivaldo”; Felipe Anderson, el creador de juego del Lazio; Rafinha, del Barcelona, cuyo hermano Thiago juega en el Bayern de Múnich y en la selección española. Los tres esperan ver cumplido su sueño de representar a Brasil en Río 2016, aunque la participación de un jugador en concreto está fuera de toda duda.

“Neymar es un futbolista increíble, un gran profesional y una persona magnífica”, asegura el seleccionador Gallo. “Si Brasil no se lo llevará a los Juegos Olímpicos sería como si Argentina fuera al Mundial sin Messi o Portugal sin Cristiano Ronaldo”.