Copa Mundial de la FIFA™

Brasil triunfa, Chile emociona al mundo

Garrincha runs to congratulate team-mate Amarildo after his goal for Brazil in their 3-1 win over Czechoslovakia in the Chile 1962 Final
© Getty Images

“Como nada tenemos, lo daremos todo”.

Son las palabras que empleó el Presidente de la CONMEBOL, el chileno Carlos Dittborn, en Lisboa en 1956, para convencer al Congreso de la FIFA de que concediera a Chile el derecho a organizar la Copa Mundial de la FIFA 1962™. La decisión hizo las delicias de la nación sudamericana. Sin embargo, el inconmensurable deleite se trocó en inabarcable sufrimiento cuatro años después, cuando el terremoto más potente de la historia devastó varias sedes de aquella fase final. Por consiguiente, tal y como estaban las cosas, la séptima edición de la competición tendría que celebrarse en otro país.

Sin embargo, con la ayuda de la FIFA, Dittborn y el pueblo chileno trabajaron incansablemente para albergar el certamen y, este mismo domingo hace 50 años, llegó a su apogeo un festival de fútbol que, tras la adversidad, se había convertido en una competición apasionante y admirablemente organizada. Pese al revés que supuso la temprana lesión de Pelé, los hospitalarios chilenos, un público numeroso y vibrante, y las exhibiciones de estrellas de la talla de Florian Albert, Amarildo, Bobby Charlton, Igor Chislenko, Didi, Garrincha, Drazan Jerkovic, Josef Masopust, Leonel Sánchez, Villiam Schrojf y Uwe Seeler hicieron de la competición una fiesta para el recuerdo.

El orgullo de los chilenos se vio acrecentado por los recitales que brindaron sus héroes, con los que superaron todas las expectativas. Chile se impuso a Italia por 2-0 de camino a la segunda fase y eliminó a una formidable selección soviética para meterse en semifinales, donde se batió con valentía pase a la derrota por 4-2 que le propinó Brasil. El protagonista de este último partido fue Garrincha, quien vio puerta en dos ocasiones para propulsar a los defensores del título hasta la gran final. El extremo había sido expulsado en los últimos minutos de aquella victoria, por lo que quedaba descartado para el choque decisivo contra los checos, pero las protestas generalizadas del público chileno, deseoso de ver en acción una vez más aquel cóctel explosivo de regates, juegos de cintura y fintas sin parangón, granjearon al dorsal número 7 de Brasil una dispensa especial para formar parte de la alineación que presentó la Seleção contra Checoslovaquia.

Los hombres de Rudolf Vytlacil habían aguantado hasta saldar con empate a 0-0 su emparejamiento en la fase de grupos contra los sudamericanos, pero en esta ocasión se adelantaron en el marcador por mediación de Masopust en el minuto 15. Checoslovaquia era bien consciente de que debía anular la amenaza de Garrincha, y por eso dedicó dos o tres jugadores exclusivamente a marcar al brasileño por la banda derecha. Esto abrió espacios en el carril contrario, que el equipo de Aymore Moreira supo aprovechar para remontar el encuentro hasta hacerse con la ventaja. En primer lugar, Amarildo se internó en el área por la izquierda y anotó el 1-1; a continuación, él mismo se encargó de centrar para Zito, quien batió la puerta rival. A falta de 12 minutos para el pitido final, Vavá sentenció la victoria (3-1) de Brasil tras un fallo del guardameta Schrojf.

Casi 69.000 espectadores presenciaron en el Estadio Nacional cómo Brasil revalidaba el título, pero varios fueron los ganadores de Chile 1962. Albert, Garrincha, Jerkovic, Valentin Ivanov, Sánchez y Vavá compartieron la Bota de Oro adidas; el colombiano Marcos Coll hizo historia al marcar directamente desde un saque de esquina, en una partido donde los suyos remontaron tres goles en contra hasta empatar a 4-4 con la Unión Soviética; Yugoslavia se anotó victorias por 5-0 y 3-1 sobre rivales sudamericanos y eliminó a la República Federal de Alemania de camino a semifinales; y Checoslovaquia se plantó contra todo pronóstico en la gran final.

El gran campeón, aparte de Brasil, fue el país de Chile, cuya selección nacional hizo un pequeño milagro al proclamarse tercera y cuya población obró el gran prodigio de albergar una Copa Mundial de la FIFA memorable tan sólo dos años después del gran terremoto chileno.

Lamentablemente, el gran inspirador de la competición no pudo disfrutar de los frutos de su incalculable esfuerzo. Dittborn falleció un mes y dos días antes de la inauguración de su gran obra. Cuán orgulloso se habría sentido este chileno de nacionalidad, nacido en Río de Janeiro, de ver a su país natal alzar el trofeo y a sus compatriotas levantarse de los abismos de la catástrofe hasta la cúspide de un espectáculo mágico.

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