Torneo Olímpico de Fútbol femenino

Cristiane y un ansiado oro que impulse a Brasil

Jill Scott of Great Britain battles with Cristiane of Brazil
© Getty Images

Sus 12 goles la sitúan como la máxima artillera de la historia del Torneo Olímpico de Fútbol Femenino. Pero, a pesar del orgullo que le provoca este hito, ella lo cambiaría gustosa por una medalla de oro. La que Estados Unidos le arrebató por dos veces, en las finales de Atenas 2004 y Pekín 2008.

A los 31 años, Cristiane afronta sus cuartos Juegos y se marca un desafío personal. “Veremos si puedo retomar la racha y distanciarme de las goleadoras que me siguen, aunque honestamente no sé quiénes son ni cuántos goles llevan”, confiesa la delantera a FIFA.com. “Esta marca es un gran orgullo, sobre todo, por haberlo conseguido muy joven”, añade la brasileña, que disputó su primera competencia olímpica en Atenas con 19 años.

De todos modos, aclara. “El primer objetivo es conquistar la medalla de oro. Lo demás será consecuencia de ese éxito. Mis goles sólo servirán en la medida que ayuden al equipo”. 

Los Juegos de Río 2016 serán, sin duda, los más especiales de su carrera, porque se juegan en casa. Una circunstancia que se convierte en arma de doble filo: por el apoyo y por la presión.

Ventajas y desventajas de ser anfitrionas
“Tiene un riesgo, pero es un riesgo bueno”, señala la jugadora nacida en Sao Paulo. “Y aunque dicen que no es obligación ganar el oro, para mí, que ya he disputado otras olimpiadas, que gané dos medallas de plata, y quedé a las puertas del oro, sí es obligatorio”.

“Jugar en casa, con la afición a nuestro lado, va a tener su lado positivo por el ánimo, pero también está la exigencia. El brasileño es algo impaciente, y anima hasta cierto momento, y cuando la expectativa no se cumple, se pone nervioso”, dice con una sonrisa.

Bota de oro y finalista en Atenas y Pekín con 5 goles en cada ocasión, en Londres 2012 anotó dos goles y Brasil cayó en cuartos de final ante Japón, a la postre medalla de plata.

Le pedimos que escoja su favorito entre esas 12 dianas. “Ummm. Espera que voy a pensar… Creo que el más bonito que anoté en los Juegos fue contra Alemania en las semifinales de 2008. Tomé el balón en el centro del campo, superé a tres o cuatro adversarias, y definí con un remate cruzado raso. Fue el más bonito de mi carrera olímpica”, afirma.

Pero si tiene que elegir el torneo que más huella le dejó, ella rebobina hasta Atenas. “2004 fue la gran oportunidad de mi carrera. Trabajé con René Simoes y él cambió mi carrera en varios sentidos: sobre el campo, en la parte disciplinaria... Él me ayudó mucho, creyó en mí. Me llevó a las Olimpiadas con 19 años cuando podía haber llevado a jugadoras con más experiencia. Sabía que yo tenía talento y me dio la oportunidad. La lesión de una compañera me dio la ocasión de ser titular y no la dejé pasar. Mi carrera tomó un impulso ahí. Aquel torneo cambió mi carrera”.

Buscando el impulso definitivo
La delantera del PSG francés, con el que acaba de renovar hasta 2017, sabe de la importancia de un gran torneo como escaparate para los nuevos valores. Y dado que la Seleçao está plagada de savia fresca, ella, y las otras veteranas del equipo, como Marta o Formiga (que jugará sus sextos Juegos) no dejan de insistir a las más jóvenes de la importancia de dejarlo todo sobre el campo. “Individualmente te abre puertas. Los grandes clubes estarán pendientes y te puede reportar un buen contrato para una gran liga. Es una competición más corta que la Copa Mundial, pero más intensa. Éste es un grupo renovado. La mayoría de las jugadoras van a disputar sus primeros Juegos, pero están muy bien preparadas”.

Cristiane se anima a ayudar en su trabajo a los oteadores que vigilarán de cerca la competición y destaca algunos nombres para no perderles la pista. “Está Bia Zaneratto, una jugadora de ataque, fuerte y rápida que le pega muy bien a la pelota. Ha mejorado la técnica, y puede marcar diferencias. También, Andressinha, una centrocampista ofensiva. Muy buena jugadora, muy inteligente y gran pasadora. Son chicas que, estructuralmente, nos aportan mucho. Hay que mirarlas con atención, porque son el futuro”.

Pero que nadie piense que Cristiane es el pasado. Su zurda todavía tiene mucho que decir. "No puedo dejarlo siendo sólo la máxima goleadora de la amarelinha. Necesito un título”, advierte.

El oro es una espina clavada y apura a sus jóvenes compañeras para tomar revancha. “Yo ahora pincho a las chicas y siempre les digo que si la selección de 2004 y 2008 hubiese tenido los medios que tenemos hoy, se hubiese conseguido el oro”, confiesa a medio camino entre la broma y el análisis certero y amargo. “Se han conseguido muchas cosas, pero tal vez no con la rapidez que hubiéramos deseado. Aún faltan incentivos, estructura y medios. Tal vez, la conquista de una medalla de oro nos dé el impulso final”, concluye.

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