Dos trabajos con una sola meta

Tom Curtis, head coach of Antigua and Barbuda, during his playing days in England
© Getty Images

Es mucho lo que separa a las Islas Británicas de Antigua y Barbuda. Y no nos referimos únicamente a la distancia, sino también al clima o al carácter de sus gentes. Pero estos dos países, diametralmente opuestos en casi todos los aspectos, tienen una cosa en común: su pasión por el fútbol. El nuevo seleccionador de Antigua y Barbuda, Tom Curtis, tiene un pie en la vieja Inglaterra y el otro en las cálidas Indias Occidentales.

“Esto no es Inglaterra, de eso no hay duda”, aseveró el hombre que en marzo pasado se puso al timón de la nave antiguana. Curtis, de 38 años de edad, dio sus primeros como entrenador en el sistema universitario británico, tras una laboriosa aunque discreta carrera como jugador en su tierra natal. “Las diferencias están por todas partes”, afirmó acerca del archipiélago, que cuenta con una población aproximada de 85.000 habitantes y en su día formó parte del Imperio Británico. “Las expectativas creadas son distintas y la manera de jugar también”.

Curtis, al frente de un club y de la selección

El joven técnico fue contratado para hacer realidad un único objetivo: convertir al país en un vivero futbolístico dentro de la zona caribeña. Una ardua tarea, pero está claro que Curtis no ha venido hasta aquí para tomar el sol. Tras cuatro jornadas, el combinado antiguano es líder del Grupo F en la primera fase de grupos de la competición preliminar de la CONCACAF para la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™. Hasta la fecha, el equipo cuenta sus partidos por victorias y suma 24 goles, con un promedio de seis por encuentro. Nada mal para una nación que en su primer choque oficial, en 1972, cayó derrotada por un contundente 11-1 a manos de Trinidad y Tobago.

“Podemos llegar a ser una potencia dentro del Caribe”, declaró el ex medio de contención, quien defendió los colores de clubes como el Chesterfield o el Portsmouth. Una opinión que también comparte Peter "Big Pete" Byers, el máximo anotador de la historia de Antigua y Barbuda y líder del equipo junto a jugadores como Keiran Murtagh, afincado en Inglaterra, Gayson Gregory y Tamarley Thomas. “Podemos ganar a cualquiera en estas islas”, explicó. “Nuestro entrenador [Curtis] es una persona que sabe lo que hace y nos ha enseñado a luchar y a creer en nosotros mismos”.

Y por si no tuviese bastante con reconstruir una modesta y humilde selección nacional desde los cimientos, Curtis también tiene otra nueva ocupación: es el técnico del único club profesional del país, el Antigua Barracuda. Aunque lejos de disipar su atención, el pluriempleo de Curtis ha contribuido a reforzar el combinado nacional, aportándole cualidades tan necesarias como disciplina, confianza y solidez.

“Para mí resulta razonable dirigir los dos conjuntos, dado que la mayor parte de los efectivos de la selección también milita en el Barracuda,” reconoció el impasible Curtis a FIFA.com. “Viajamos juntos y somos muy disciplinados. Los jugadores están acostumbrados a mi estrategia y a mi enfoque, y eso sólo puede proporcionar beneficios a la selección.”

Ocho de los 11 titulares que arrollaron a Islas Vírgenes Estadounidenses (10-0) en el último choque de los preliminares celebrado hasta la fecha militan en el Barracuda, una entidad con un sueño y una agotadora agenda plagada de desplazamientos. El club de St. John es uno de los pocos equipos profesionales de la región del Caribe que juega fuera de las islas. En concreto, los antiguanos están disputando su primera temporada en la división de bronce del campeonato estadounidense. “La situación es complicada por el hecho de estar afincados aquí y competir en Estados Unidos”, apuntó el técnico, que realiza junto a sus hombres extenuantes viajes de incluso más de 8.000 kilómetros (hasta Los Ángeles) durante una campaña que únicamente dura seis meses. “Nos damos una buena paliza, pero es uno de los motivos por los que estamos tan unidos y somos tan fuertes, también como selección nacional. Se nos presentan obstáculos y tenemos que enfrentarnos a ellos”.

Recuerdos de 1996 como antídoto contra Haití

Al fogueado combinado antiguano le espera ahora su compromiso más difícil. Una cosa es imponerse por goleada a conjuntos como Islas Vírgenes Estadounidenses o Curazao, y otra muy distinta medirse a Haití, presente en la Copa Mundial de la FIFA 1974 y uno de los pesos pesados de la región. “Haití parte como favorita, es innegable”, añadió Curtis. “Los pronósticos no están de nuestra parte, pero hemos anotado muchos goles y hemos jugado rápido, al ataque, por eso creo que podemos conseguirlo”.

Curtis se muestra cauto, pero seguro de sí mismo; no en vano, su propia trayectoria le avala. En 1996, cuando estaba en el modesto Chesterfield, contribuyó a dar una de las mayores sorpresas de la historia de la Copa de Inglaterra. El propio Curtis y el resto de los humildes Spireites se abrieron paso hasta las semifinales del certamen copero más famoso del mundo, donde derrotaron al Nottingham Forrest, que entonces militaba en la Premier* League*. Así que él mejor que nadie sabe qué se necesita para tumbar a un coloso. “En 1996 teníamos un buen equipo, pero lo que primaba era la sensación de unidad y de confianza en nosotros mismos, y eso es lo que tenemos ahora mismo en Antigua y Barbuda. Este podría ser nuestro momento”.

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