Fútbol femenino

Edina Batista, de llenar sacos de tierra a la semifinal de un Mundial

Edina Alves Batista during France 2019
© Getty Images
  • Edina Batista tuvo que superar enormes obstáculos para ser árbitra
  • Dirigió el Inglaterra-Estados Unidos de semifinales de Francia 2019
  • Su sueño es arbitrar en un gran torneo internacional masculino

“¡Vaya, hombre!”, pensó Edina cuando el molesto sonido del despertador se puso a funcionar a las cinco de la mañana. Tenía 19 años y apenas había dormido unas horas, sentía el cuerpo magullado tras la agotadora jornada laboral de la víspera, y ahí estaba, oyendo de nuevo el toque de tambor que señalaba el comienzo de un día más trabajando de rodillas y con las manos, bajo el calor abrasador del sur de Brasil, llenando un saco de tierra tras otro en un vivero de semillas.

“La jornada empezaba a las 6:30, pero si queríamos ganar una pizca más el jefe nos dejaba entrar un poco antes”, explica Edina a FIFA.com. “Es un trabajo poco remunerado, por supuesto, así que había que llenar muchos sacos para poder ganar algo, y yo iba a hacer cualquier cosa para conseguir el dinero que necesitaba”.

¿Para comprar ropa de diseño? ¿Un coche? ¿Pagarse su primer viaje fuera del estado en el que había nacido? No exactamente.“Llevaba jugando al fútsal y al fútbol desde siempre”, afirma esta orgullosa nativa de Goioerê (Paraná). “Fui internacional de fútsal. Pero es un pequeño municipio perdido en medio de la nada, por aquel entonces, en los años 90, no había ninguna posibilidad de ser futbolista”.

En 1999, el padre de una amistad me invitó a probar como árbitra asistenta en un partido amateur. Enseguida me enamoré de la adrenalina que se descarga al dirigir un partido de fútbol. En aquel momento supe que arbitrar era mi vida. No tardé en enviar una solicitud para hacer un curso de arbitraje, pero era caro y no tenía dinero. Todo el mundo me dijo que lo olvidase, que el fútbol no era cosa de mujeres, pero yo estaba dispuesta a hacer lo que fuese”.

Trabajo de día, entreno de tarde y estudio de noche

“Seguía estudiando por las noches, para ser profesora de educación física, y por las tardes me entrenaba [en el arbitraje], así que necesitaba un trabajo en el que pudiese empezar temprano. Y llenar sacos de tierra en el vivero de semillas me vino de perlas. Salía a trabajar temprano, luego corría para llegar a los entrenamientos por la tarde y después iba a la escuela”.

“Era agotador, claro, pero cada día que llenaba esos sacos lo hacía pensando: ‘Esto va a ayudarme a hacer lo que más quiero, arbitrar partidos de fútbol’. Estuve así casi dos años, porque todo resultó ser más caro de lo que creía. No era solo el curso [las tasas]. Tenía que pagar los desplazamientos. A veces había que recorrer 550 kilómetros para asistir a una sola clase. Eran todos los fines de semana”.

Y esos extenuantes esfuerzos dieron sus frutos cuando Edina empezó a dirigir partidos escolares y luego encuentros amateur en el estado de Paraná. Al mismo tiempo, estudiaba y se entrenaba para ser árbitra de la CBF, y en 2007 creyó que por fin había llegado su gran momento.

“El director de arbitraje [estatal] me llamó y me dijo que me habían seleccionado para someterme al examen de aptitud física de la CBF”, recuerda. “Estaba ilusionadísima. Me había preparado no solo para aprobar el examen femenino, sino también el masculino, así que estaba convencida de superarlo”.

“Pero luego me explicó que era para ser árbitra asistente. Cada estado podía enviar a una persona para probar como árbitra principal, y dos como asistentas, y ya había seleccionado a la principal. Me quedé hecha polvo”.

Volver a nacer

El sueño de Edina estuvo a punto de morir aquel día. Y ella, al año siguiente. Estaba haciendo un viaje de 500 kilómetros en coche por la mañana temprano cuando otro vehículo golpeó con fuerza el suyo, dejándolo hecho añicos.

“Rocé la muerte”, dice Edina. “Estuve cuatro días en la UCI. El fútbol me sirvió de inspiración para superarlo. Lo único en lo que podía pensar era en arbitrar un partido”.

“Fue lo primero que pregunté. Los médicos me dijeron que no iba a poder arbitrar durante muchísimo tiempo. Pero yo no dejé de insistirle a mi jefe para que me diese un partido, y al final dio el brazo a torcer. Tres meses después del accidente volví a arbitrar”.

Pese a todo, Edina siguió siendo un diamante del arbitraje por descubrir hasta que tuvo un encuentro fortuito con Sérgio Correa en 2014, por aquel entonces presidente del Comité de Arbitraje de la CBF, con un empujoncito de otra árbitra, Neuza Back.

“Me preguntó por qué quería ser árbitra”, recuerda Edina. “Y le respondí: ‘Es todo lo que quiero en la vida. Me dijo que como ya era aspirante a árbitra asistente de la FIFA tendría que empezar de cero, estudiando y entrenándome para ser árbitra principal. Creo que se imaginó que eso me desanimaría, pero no me lo pensé dos veces y dije: ‘Por supuesto”.

“Lo más difícil es que necesitaba que el director de arbitraje del estado de Paraná enviase un documento a la CBF para comunicarles mi cambio. Y este me recomendó que me quedase donde estaba, me preguntó: ‘¿Dónde crees que vas a acabar? Tienes 34 años. Le dije que no importaba dónde acabase, que quería arbitrar, que siempre había sido mi sueño. Por suerte, envió el documento”.

Cumpliendo un sueño

Y sorprendentemente, apenas cinco años más tarde, en mayo de 2019, Edina se convirtió en la primera mujer en 14 años que arbitraba un partido de la primera división masculina en Brasil. Aun así, no tendría mucho tiempo para saborearlo: ese mismo mes subió a un avión con sus asistentas, Neuza y Tatiana Sacilotti, para trabajar en la Copa Mundial Femenina de la FIFA Francia 2019™.

Y no se limitó a ser una más de las 75 arbitras de aquel torneo, sino que figuró entre las 11 que se mantuvieron hasta los cuartos de final en adelante, y fue la encargada de dirigir una semifinal que sería sensacional, entre Inglaterra y Estados Unidos.

“Fue increíble”, dice de aquella experiencia. “Cuando pensé en todo lo que había ocurrido, en todo por lo que había pasado, no lamenté nada en absoluto. Un Mundial es un acontecimiento histórico. Cuando Neuza sugirió mi nombre [en 2014], lo único que yo quería era ser la árbitra principal de un partido de la Série A masculina de Brasil. Me sentí enormemente agradecida por poder estar en el Mundial”.

“Recuerdo el vuelo a Francia, no daba crédito a lo que estaba ocurriendo. Me acuerdo de cuando hice sonar el silbato en mi primer partido, el Nueva Zelanda-Países Bajos, fue una sensación maravillosa. Fue entonces cuando me sentí de verdad como una árbitra mundialista”.

“Y que me diesen la semifinal, entre dos grandes naciones, me hizo muy feliz, muchísimo. Fue más que un sueño”.

Y Edina tiene más sueños que cumplir antes de colgar el silbato. “Tengo pensado seguir otros tres años, cuatro como máximo. Solo quiero arbitrar mientras esté en mi mejor momento físico y pueda hacerlo lo mejor posible dentro de la cancha. Sería increíble ir a las próximas Olimpiadas, vamos a tener que seguir esforzándonos mucho para conseguirlo. Pero mi mayor sueño, el más grande, es arbitrar un partido en un gran torneo de fútbol masculino”, concluye.

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