Copa Mundial de la FIFA™

Filipinas tiene un plan

Philippines forward Phil Younghusband (C) celebrates with teammates midfielder Emelio Caligdong (L) and defender Stephan Schrock
© AFP

La dramática derrota por 13-1 ante Indonesia fue lo mejor que les pudo pasar. Tal vez, aquel 23 de diciembre de 2002, los decepcionados aficionados de Filipinas no lo apreciaran así, tras caer tan dolorosamente en la Tiger Cup tras otras dos derrotas ante Myanmar y Vietnam por 6-1 y 4-1, respectivamente.

Tocaron fondo. Pero eso motivó una reacción. Tan profunda y eficaz que 13 años después, los conocidos como Azkals han dejado atrás esos amargos y abultados marcadores para protagonizar una de las mejores épocas de su historia futbolística, plantando cara a las mejores selecciones asiáticas en el camino a la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™.

El valor de la planificación a largo plazo
Días después de aquella dolorosa derrota, la Federación Filipina de Fútbol lanzó el Programa Azkal. El objetivo era impedir que la situación se repitiera. Se trataba de un plan ambicioso e inteligente, cuyos beneficiosos resultados se han hecho evidentes con los años.

José Ariston Caslib, ex entrenador de la selección filipina y uno de los creadores del Programa, y Phil Younghusband, su primer “egresado” y actual capitán del equipo, explicaron en exclusiva para *FIFA.com *las claves de la espectacular transformación de los Azkals.

“Los objetivos originales del proyecto eran muy claros”, nos cuenta Caslib, “queríamos poner fin a los ocho años sin victorias que acumulaba la selección nacional. Y queríamos hacerlo con una nueva generación de jugadores que pudieran apuntalar y asegurar el desarrollo del equipo nacional durante 10 años. Además, debíamos poder ofrecer a esos futbolistas el nivel de competición necesario para que adquirieran la madurez necesaria”.

Los dirigentes se pusieron manos a la obra. Acudieron a una reserva de talento hasta entonces ignorada y desaprovechada. La numerosa diáspora de filipinos que emigró a Europa en los setenta y ochenta. Más concretamente, buscó a sus hijos, nacidos ya en el Viejo Continente, pero con fuertes raíces y vínculos con la tierra de sus antepasados. Entre tantos muchachos, tenía que haber talento para el fútbol.

¡Y vaya que lo había! Los primeros descubrimientos fueron dos integrantes de la academia del Chelsea, James y Phil Younghusband, de 17 y 18 años, de padre inglés y madre filipina. Hoy, con 70 partidos internacionales, 42 goles y el brazalete de capitán Azkal, Phil relata su experiencia en esos años iniciales.

“Para ser sincero, no conocíamos mucho sobre el fútbol en Filipinas, pero íbamos cada año al país y en casa teníamos una mezcla interesante de culturas, desde el idioma hasta la comida. Por ello, cuando nos contactó la federación no dudamos en elegir jugar con el equipo. Fue un gran honor que se fijaran en nosotros”, recuerda con nostalgia y alegría.

Escalera ascendente
Los resultados todavía se harían esperar. Pero serían sólidos. En 2004, Filipinas volvía a la senda del triunfo con un 2-1 sobre Timor Oriental y dos años más tarde el equipo registró victorias sobre el mismo equipo, Camboya y Brunei.

La búsqueda de jugadores en el extranjero comenzó a rendir frutos. Más y más jugadores con raíces filipinas fueron uniéndose al equipo, aumentando su nivel competitivo.

El primer gran éxito llegó en la siguiente década: fue el primer triunfo en una fase clasificatoria rumbo a una Copa Mundial de la FIFA en 2011, un 4-0 sobre Sri Lanka, que provocó puso en marcha otro círculo virtuoso en el país.

“Los buenos resultados han propiciado que en los 5 años siguientes a 2010, la gente se haya interesado y conozca más a los jugadores, que en muchos casos son verdaderos ídolos. La audiencia televisiva aumentó, también los beneficios y con ello, la infraestructura generada es mucho más profesional, incluso en categorías menores y el fútbol femenil”, explica Caslib con orgullo.

Así que, aunque a ojos del resto del mundo, el rendimiento de Filipinas resulte llamativo y sorprendente, para su gente, para los que conozcan de cerca su historia, era de pura lógica que el equipo acabara convirtiéndose en la selección revelación en la eliminatoria rumbo a Rusia 2018. En la segunda fase de los clasificatorios de Asia, ocupa la tercera posición del Grupo H por detrás de la RDP de Corea y Uzbekistán, superando a Bahréin y Yemen.

“Si hace 5 años me hubieran dicho lo que estaríamos jugándonos ahora, no lo hubiera creído”, reconoce Younghusband, “pero ahora somos ambiciosos. Tenemos talento, hemos trabajado y hay un gran ambiente en el vestuario. Somos futbolistas con marcos culturales muy distintos, pero sangre filipina”.

Como podría esperarse, la expectación es máxima para los próximos partidos del equipo, en casa ante Yemen y de visitante ante el líder Uzbekistán. Para mantenerse en la lucha rumbo a Rusia 2018, los Azkals deberán ganar ambos y los jugadores son conscientes del reto.

“No será fácil. Estamos confiados en sacar buenos resultados, aunque sabemos que todavía nos falta mejorar, sobre todo en el aspecto mental. Eso sí, nada es imposible en el fútbol, y tenemos toda la confianza. No decepcionaremos al país”, concluye el capitán, con la certeza de quien sabe que va en el camino correcto.

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