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Juninho: "La Seleçao está en reconstrucción"

Cuando colgó las botas tras una exitosa trayectoria que le llevó a jugar en cinco países y a ganar la Copa Mundial de la FIFA 2002, Juninho se convirtió en directivo sin solución de continuidad. De hecho, durante sus últimos meses como futbolista profesional, el brasileño ya se ocupaba de la gestión del Ituano, el club de São Paulo donde se dio a conocer.

Ahora, con 40 años y una amplia experiencia que le permite conocer mejor los secretos de su trabajo y empezar a cosechar los frutos de su esfuerzo, Oswaldo Giroldo Júnior observa las cosas desde una perspectiva más sabia. Por eso, la entrevista que concedió en exclusiva a FIFA.com, en la que se trataron cuestiones como la gestión de un club, la labor de Luiz Felipe Scolari al frente de la selección brasileña, los vicios de las categorías inferiores o la evolución del fútbol inglés, resultó tan extensa e interesante.* ¿Cómo decidió que quería dedicarse a gestionar todos los aspectos futbolísticos de un club?*
Después de colgar las botas, ser entrenador o directivo de un gran equipo me habría obligado a continuar viviendo una rutina de constantes viajes, lo cual no quería. Por tanto, pensé en trabajar en un club más pequeño, donde tuviese la oportunidad de hacer las cosas a mi manera.

¿Cuáles han sido los resultados hasta ahora?Esencialmente me encontré el club en la misma situación que cuando jugaba aquí hace 20 años: sin campos de entrenamiento adecuados y sin un proyecto claro. Nuestra situación actual es mucho mejor. Tenemos tres campos y el Novelli Júnior, nuestro estadio, ya ha recibido la visita de varios equipos que lo están considerando como posible centro de entrenamiento para el Mundial y que quedaron satisfechos con lo que vieron cuando estuvieron aquí. Cuando empecé no había categorías inferiores, y ahora tenemos equipos en todas las franjas de edad. Las cosas están empezando a dar sus frutos.

El hecho de que haya usted jugado en el Ituano y el Middlesbrough ha desembocado en la relación de colaboración que existe actualmente entre ambos clubes, ¿no es así?Se trata de una relación que ya existe desde hace algún tiempo y que se fue consolidando a medida que estructurábamos nuestras categorías de base. Al Middlesbrough tampoco le resulta fácil comprar a un jugador ya formado. Es una colaboración que no implica costes fijos, sino que ellos solo pagan cuando les interesa algún jugador. Además, ellos también pueden mandarnos chavales para estancias de formación en Brasil.

Actualmente, ¿dónde le idolatran más, en Itu o en Middlesbrough?(risas) Pues, si le digo la verdad, creo que en Middlesbrough. Aquí siempre he estado más expuesto a las críticas, sobre todo cuando era directivo y jugador al mismo tiempo, un caso bastante poco común. Solo recuerdo haber visto algo así con Bryan Robson en el propio Middlesbrough y posteriormente con Rivaldo en el Mogi Mirim.

Usted se fue a Inglaterra en 1995 y regresó casi diez años después, cuando la Premier League ya había alcanzado otro estatus. ¿Percibió usted ese cambio en el aspecto técnico?Sí, y de manera muy pronunciada. Acabé en el fútbol inglés precisamente porque Bryan Robson tenía esa mentalidad de apostar por un juego más técnico. Cuando estábamos negociando me enviaron un vídeo con partidos del Middlesbrough. Al verlo me dije: “¡Dios mío! ¿Cómo voy a jugar yo aquí?” Aquello eran solo balonazos de un lado para el otro. Entonces, Robson me dijo: “¿Has visto el vídeo? Pues precisamente por eso quiero que vengas: para cambiar esa manera de jugar”. Querían jugadores más técnicos, que raseasen la pelota. De hecho, cuando llegué había alguno con una calidad técnica que no daba ni para las categorías inferiores del São Paulo... (risas). Todo se basaba en la fuerza y la disciplina. Pero, poco a poco, aquel tipo de jugadores fue perdiendo peso hasta que, cuando volví, en 2004, la liga inglesa era muy diferente, sobre todo en lo que se refiere a los clubes punteros. 

Es curioso que, en un fútbol históricamente difícil para los brasileños por ser tan físico, el que más triunfó fue usted, delgado y de baja estatura. ¿Hasta qué punto supuso un problema la cuestión física?Es cierto que soy de complexión delgada, pero dentro del campo tenía una característica que se ajustaba bien al fútbol inglés: sabía encontrar espacios para explotar mi velocidad. Cuando tuve problemas fue al principio, a la hora de dar el salto al profesionalismo, porque nadie me creía capaz de conseguirlo. Pero ser bajo y delgado no significa tener la musculatura débil. Basta con ver a gente como Messi, Xavi o Iniesta, que raramente se lesionan.

Hablando de esos jugadores, ¿qué opina usted del éxito de un equipo como el Barcelona, compuesto en gran medida por gente de estatura inferior a 1,70 metros? ¿Es eso señal de un cambio más amplio o se trata simplemente de un caso aislado?Lo que pienso es que hay una evolución en la manera de ver el fútbol en Europa y un retroceso en Brasil, donde desde las categorías inferiores solo se piensa en los resultados. De hecho, los equipos más fuertes físicamente tienden a partir con ventaja en las categorías sub-15 y sub-17. Sin embargo, si no hay calidad la evolución se estanca. Mientras tanto, en la actualidad no solo se hace hincapié en la técnica en España, sino también en países como Alemania, que siempre fue un ejemplo de fútbol físico. ¿De qué vale formar a un lateral que sube y baja pero no sabe centrar, a un defensa enorme pero sin juego de cintura para lidiar con los regates o a un centrocampista ofensivo que no sabe dar un pase? ¿Se acuerda de aquel 4-3-1-2 en el que yo era ese ‘uno’ que actuaba como enlace entre el centro del campo y el ataque? Esa posición ya no existe. Entiendo que la evolución física cambie la forma de jugar, pero no se puede llegar al extremo de dejar de lado los fundamentos y la técnica, como creo que ha ocurrido en el fútbol base de Brasil.

Usted trabajó con dos entrenadores muy respetados por su forma de manejar el grupo, Telé Santana y Luiz Felipe Scolari. ¿Qué diferencias había entre ellos?Telé tenía una visión espectacular. Sabía exactamente cuáles eran tus virtudes y trabajaba mucho para potenciarlas. Su capacidad de sacarle provecho al trabajo individual con cada jugador era increíble. Lo que ambos tienen en común, de hecho, es su gran capacidad para gestionar el grupo. En el Mundial de 2002, Felipão dejó claro a los jugadores y al cuerpo técnico que todos éramos igual de importantes. Trataba a todos de la misma manera, desde Ronaldo al tercer portero. Eso hacía que el grupo estuviese unido. Felipão sabe trabajar la confianza muy bien. Me acuerdo perfectamente: poco después de que Scolari llegase al puesto, en 2001, Rivaldo atravesaba un momento complicado, con muchas críticas en su contra. Faltaban diez partidos para el Mundial y Felipão se le acercó y le dijo: “los vas a jugar todos”. Mano de santo. Rivaldo jugó los diez partidos, recuperó la confianza, fue al Mundial y resultó decisivo para Brasil. Scolari posee una habilidad extraordinaria para ese tipo de cosas.

¿Cree usted que Scolari conseguirá poner en práctica esa habilidad con la selección que represente a Brasil en la Copa Mundial de la FIFA 2014?Es difícil, porque la selección se encuentra inmersa en un proceso de reconstrucción. Aquella generación ganadora ya quedó atrás, y no se sabe cómo van a soportar la presión los nuevos talentos. Aunque necesitó bastante tiempo para lograrlo, la Seleção estaba comenzando a ser reconocible con Mano Menezes, pero aún no sabemos cómo va a reaccionar ese equipo en un contexto como el de un Mundial. Es otro tipo de desafío para Felipão.

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