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Kaká: "Alemania sirve de lección a Brasil"

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Kaká empezó a brillar tan pronto que, a pesar de tener un rostro juvenil, es como si a los 32 años fuese ya un veterano curtidísimo. Y un veterano que sabe hablar muy bien sobre lo que vive. Tanto, que la media hora de charla de FIFA.comcon el futbolista brasileño antes de un entrenamiento en su nuevo —y antiguo— club, el São Paulo, sabe a poco para saciar la curiosidad sobre tantos temas. Su presente en la liga brasileña, su carrera en la Seleção -donde podría iniciar una nueva etapa, ya que Dunga le ha convocado para los próximos amistosos ante Argentina y Japón-, y su futuro en la MLS, son algunas de las cuestiones sobre las que Kaká reflexiona en esta entrevista.

Muricy Ramalho, entrenador del São Paulo, ha mencionado en muchas ocasiones la influencia positiva que usted ejerce sobre el plantel, ya que, pese a ser una estrella consolidada, es de los que más corren y se entregan. A lo largo de su carrera, ¿hay alguien que haya desempeñado un papel semejante y haya sido importante para usted?He trabajado con grandes jugadores... Y, sobre todo en los grandes clubes, hay siempre varios líderes específicos además del capitán. En este aspecto concreto, me gusta citar a [Gennaro]* *Gattuso, porque era una persona que, fuese cual fuese el partido —daba igual contra quién, si era importante o no, si era un amistoso—, corría y se entregaba de la misma forma. Así que cuando yo veía a Gattuso corriendo, pensaba de modo natural: “Caramba, cuánto está corriendo éste. ¿Cómo no voy a ayudar?”. Así que es un liderazgo activo que tiene bastante influencia sobre un equipo.

Usted irrumpió tan de repente en el fútbol que durante mucho tiempo parece que fue tratado como un muchacho. ¿Le resulta curioso asumir ahora la función de veterano?Es una fase nueva de mi carrera y de mi vida profesional. Creo que empecé a darme cuenta de ese salto cuando fui convocado por la selección brasileña por primera vez después del Mundial de 2010. Porque en ese momento llego a la selección y veo a todo el grupo nuevo, el cambio de generación. Los jugadores decían: “Yo estaba en la cantera del São Paulo, eras mi ídolo”. Entonces creo que empecé a darme cuenta de verdad de que había empezado una nueva etapa. Pero es una etapa estupenda, veo quién fui yo algún día: me sentaba y me quedaba impresionado mirando a los jugadores. Y eso es lo que veo yo hoy. A veces, sentado a la mesa, me doy cuenta de que alguien me mira, se fija en mí. Es una fase muy positiva.

¿Y en cuanto al fútbol brasileño? Después del 7-1, se habla mucho de lo que puede mejorar por aquí.Creo que lo que puede mejorar en la selección y en el fútbol brasileño son dos cosas distintas. En la selección, la mayoría de los jugadores compiten fuera, el entrenador lo vive de otra forma... Pero la liga brasileña tiene mucho que mejorar. Tenemos potencial técnico para que sea una de las mejores del mundo. Es enormemente competitiva, lo que falta es una parte de organización, planificación y aplicación de esa planificación, y no sólo es cuestión de resultados inmediatos, sino que debe compensar a largo plazo. Puede ser que en uno o dos años los resultados no sean los que la gente espera, pero a largo plazo sí sirve. Y ahí es donde Alemania sirve de lección, porque lo lleva planificando desde 2006, cuando organizó el Mundial y acabó obteniendo la recompensa en 2014. No surgió de la nada: lo planificaron, lo aplicaron y cosecharon los frutos.

Usted vivió un periodo parecido de críticas a la selección que cayó en el Mundial de 2006 y, a las órdenes de Dunga, fue uno de los pocos que volvieron para disputar el de 2010. ¿Él es el entrenador indicado para dirigir otra vez ese tipo de proceso de renovación?Dunga es un entrenador que consigue transmitir al futbolista un compromiso con lo que se está haciendo. Yo trabajé con él durante cuatro años, y al principio no fue fácil, precisamente porque yo venía de 2006: comencé en el banco de reservas y me fui haciendo un hueco. Incluso para la hinchada, quedó algo de esa recuperación del compromiso. Y, una vez más, en este momento, creo que Dunga puede ser el hombre que recupere ese compromiso. Bueno, recuperarlo no, porque en 2014 no faltó. Fue una combinación de una serie de factores. Pero sí que es alguien que puede ayudar mucho a la selección.

Además, usted nunca ha dicho que la selección haya dejado de estar entre sus planes. ¿Qué papel tiene la selección en su vida a día de hoy?Para mí, la selección brasileña será un premio, dependiendo de lo que haga en el club. Así que mi pensamiento está aquí. Voy a centrarme en tener continuidad en los partidos, en rendir regularmente a un buen nivel. Y si el cuerpo técnico considera que encajo en los criterios de la convocatoria, esa convocatoria sería bienvenida (ndlr: la entrevista se realizó antes de que Dunga incluyera a Kaká en la lista ante Argentina y Japón). Si piensa que ya no encajo, mi objetivo es éste: mantener la regularidad, hacer buenos partidos y mantener un nivel alto aquí, en el São Paulo.

Cuando aún estaba en el Real Madrid, ¿de alguna forma le pasaba por la cabeza volver a jugar en los dos clubes por los que siente más cariño, el Milan y el São Paulo, como sucedió?Las cosas fueron sucediendo poco a poco. En un principio, mi idea era quedarme en el Real Madrid durante los seis años que contemplaba mi contrato. Pero las cosas fueron ocurriendo, hasta que llegó ese momento en el que decidí volver al Milan para poder tener continuidad de juego. Pensé: “Necesito esa continuidad y volver a jugar bien para poder tener una oportunidad de disputar el Mundial de 2014”. Fue decisión mía: volví allí, jugué y la convocatoria no se produjo, pero estoy muy contento por haber tomado esa decisión, porque conseguí volver a jugar, y bien.

El próximo paso, entonces, fue una novedad: el Orlando City. ¿Qué peso tuvo en su decisión el aspecto humano de marcharse para vivir en un nuevo país?Todo eso entra en la decisión de ir a jugar a Estados Unidos. Si me preguntan si fui solamente por la liga, que está en expansión, diré que no, aunque el aspecto profesional también influye. Pero se trata de eso: de vivir en un país en el que nunca había vivido, volver a conocer una cultura nueva. Todo eso culmina en la decisión de querer jugar en esa liga que está en expansión. Ahora estoy disfrutando muchísimo de este momento en el São Paulo, porque la vuelta está siendo fantástica, y después pensaré en esa nueva fase de mi vida y de mi carrera.

¿Ya tiene pensado algo para el día en que cuelgue las botas? ¿Piensa en seguir de algún modo vinculado al fútbol?No tengo nada previsto. A día de hoy tengo contrato con el São Paulo, en un principio hasta diciembre, y, después, otros tres años en Estados Unidos. Lo máximo de planificación a largo plazo que tengo es eso. A partir de ahí, dependerá mucho de mi condición física, de mi motivación, de hasta qué punto quiera jugar o hacer otra cosa.

¿Y tiene alguna idea sobre lo que sería esa otra cosa?Si me dijesen “Kaká, hoy vas a dejar de jugar”, hoy en principio no haría nada directamente dentro de la cancha, como entrenador o asistente técnico. Me gustaría hacer algo entre el campo y la parte administrativa: ser un mánager, algo de ese estilo. Dentro de tres o cuatro años, no sé cuáles pueden ser mis opciones.

¿Ha convivido con alguien que hiciese bien ese papel y le sirviese de ejemplo?Vi a Leo [Leonardo Araújo, director técnico del Milan entre 2008 y 2009] haciendo eso muy bien, yo hablo bastante con él, tenemos una buena relación. Y alguien que me ayudó mucho a pensar en eso fue [Zinédine] Zidane, porque cuando se integró en el cuerpo técnico de Carlo Ancelotti yo le pregunté: “Pero, ¿por qué vuelves?”. Y él dijo: “Porque echo en falta los terrenos de juego. Cuando lo dejé, no lo echaba de menos, echaba de menos otras cosas: estar con mi familia y con mis hijos. Era embajador del club y hacía cosas esporádicas, pero no echaba de menos las canchas. Pero ahora sí. Empecé a estudiar, surgió la oportunidad con Ancelotti y decidí volver”. Y así es: no sé lo que pensaré dentro de cuatro años, si voy a echar de menos los terrenos de juego o si nunca más querré verlos. Es cuestión de dejar que las cosas vayan pasando.

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