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Keita: "Esta generación puede cambiar algo"

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Siempre hay que tener cuidado cuando te tienden un micrófono. Todo lo que uno declara queda escrupulosamente anotado, grabado, guardado… y puede ser rescatado en cualquier momento. En 2014, cuando Naby Keita se prestó con total sinceridad a una entrevista con su anterior club, el Red Bull de Salzburgo, seguramente no pensó en esas consecuencias futuras. “Sueño con ser el mejor jugador africano y jugar algún día en el FC Barcelona”, declaró a sus 19 años.

Menos de dos años después, avanza firme en pos de su sueño. Ya es titular en la Bundesliga alemana y un jugador clave de la selección de Guinea. No reniega de aquellas declaraciones en tierras austriacas. “Sigo teniendo el mismo objetivo; eso no ha cambiado”, asegura a FIFA.com el centrocampista del RB Leipzig, aunque introduce un matiz: “Cuando era pequeño, me gustaba mucho el Barça. Pero hoy simplemente quiero jugar algún día en un equipo grande. El Real Madrid o el Bayern de Múnich son también algunos de ellos”.

Al pasar de la Bundesliga austriaca a la alemana, Keita ha incrementado el nivel de competitividad a nivel colectivo. En cuanto al máximo galardón individual africano, marcha bien encaminado coleccionando trofeos, tras haber sido elegido mejor jugador de la liga austriaca 2015/16 y mejor jugador guineano de 2015. “Esas distinciones me han dado más ganas todavía de trabajar y de progresar. Voy por el buen camino”, reconoce, casi cohibido, revelando una timidez que no es incompatible con una gran ambición. “La próxima etapa es ser el mejor en Alemania. La gente no se lo creerá, pero voy a intentarlo y a trabajar duro con mi equipo para conseguirlo”.

*Siempre el mejor 
*
Para aportar más peso a sus palabras, ¿qué mejor que acompañarlas con los actos? En su estreno liguero, Keita fue suplente contra un Borussia Dortmund intratable en este arranque de temporada. Tras salir a jugar al final del encuentro con 0-0 en el marcador, el centrocampista ofensivo dio la victoria a los Roten Bullen en el minuto 89. El Leipzig, recién ascendido este curso, mostró sus ambiciones: “La permanencia es el objetivo del club, y hay que asumirlo. Si el club nos dice: ‘queremos acabar en tal puesto, conseguir tal objetivo’, nos entregaremos a fondo para lograrlo”, anuncia Keita. “Pero está el objetivo oficial, y el de nuestras cabezas… Si surge una oportunidad de hacerlo mejor, la aprovecharemos”.

Keita le ha tomado el gustillo a ser el mejor desde su infancia en las calles de Matam, un barrio popular de Conakry. “Cuando era pequeño y organizaban torneos, siempre era elegido mejor jugador y siempre terminaba como máximo goleador”, cuenta con orgullo, pero sin ninguna arrogancia. “Cuando uno se acostumbra a ser el mejor, quiere seguir siéndolo. Todo lo que hago es para ser el mejor. Aunque no lo consiga, debo hacer todo lo posible para serlo”, precisa con convicción, antes de explicar que esa motivación tiene su origen fuera del deporte. “Nunca ha sido fácil para mí. Mi padre no trabajaba, mi madre tampoco. Era el único que podía ayudarlos. No me apetece demasiado entrar en detalles; de lo contrario me darían ganas de llorar”, confiesa con pudor.

Los detalles son una familia pobre, una vida cotidiana difícil, una educación a través de una hermana mayor que transmitía a sus hermanos lo que aprendía en el colegio, o echar una mano a un padre que reparaba motos de vez en cuando. “Cuando me puse a jugar regularmente, con 12 o 13 años, la gente empezó a decir que tenía futuro. Desde que oí esas palabras, esa idea ya nunca me ha abandonado. Intenté evitar ciertas cosas para concentrarme en el fútbol, porque sabía que algún día podría ayudar a mis padres”.

Por la familia y el país
Lo que Naby aún no sabía al tomar esa decisión, es que ayudaría a mucha más gente que sus familiares cercanos, gracias al talento que atesoran sus pies. “Es difícil para nosotros los jugadores africanos, porque no es fácil ocuparse de una familia africana”, explica un jugador que dejó su país con 18 años para militar en la segunda división francesa con el Istres, antes de recalar en Salzburgo en 2014. “Tu madre está ahí. Y también está su hermana, su hermano mayor… y cada uno tiene su familia. Y eres tú quien debe ocuparse de todo por ellos. No es fácil para nosotros. Trabajas y no descansas nunca”.

Y menos todavía cuando te encomiendan la responsabilidad de hacer feliz a todo un país… Naby adquirió consciencia de esa responsabilidad después de ver puerta con la Syli Nationale en la segunda ronda de la fase de clasificación africana para la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™. Lo hizo tanto en la ida como en la vuelta contra Namibia, para enviar a su selección hacia la fase de grupos.

“Voy a intentar hacer lo mismo para llevar a mi país hasta el Mundial”, anuncia, mientras Guinea se dispone a enfrentarse a Túnez el 9 de octubre. “Sería fantástico, porque tenemos un país que adora el fútbol. Hasta ahora, no estamos consiguiendo hacer lo necesario para hacerlos felices. Nosotros mismos nos preguntamos qué es lo que no funciona, porque tenemos un equipo talentoso, que juega bien, pero perdemos partidos que no deberíamos perder. Pero esta vez, tenemos equipo para conseguirlo. Esta generación puede cambiar algo”.

Y cuando Naby Keita anuncia algo, sabe que sus palabras quedan grabadas y podrán verificarse… 

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