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Kiribati, pasión por el fútbol contra viento y marea

Bairiki National Stadium, Kiribati
  • Sus atolones se ubican a lo largo de la línea internacional de cambio de fecha
  • Está volcado con el fútbol, desafiando los escasos recursos y las distancias
  • La OFC reactivó hace poco su condición de miembro asociado

Ser futbolista en Kiribati no es para pusilánimes, ni para quienes sean de constitución débil.

Este país micronesio está situado en el ecuador, al norte de Fiyi y de Samoa, y en él, además de hacer un calor y una humedad agobiante, las canchas carecen de hierba y suelen ser de poco más que arena compactada. El Estadio Nacional de Bairiki constituye una metáfora del deporte rey en esta remota nación, ya que cuenta con una gran tribuna, a la que siempre acude un nutrido público, para asistir a encuentros disputados sobre un terreno tosco, recubierto de arena extraída del arrecife.

Esa cancha es una de las mejores del país, en cuyos 23 atolones habitados abundan los campos delimitados por cocoteros hechos de antiguos corales u obstáculos como piedras o incluso restos arbóreos.

Sin embargo, nada de eso hace mella en la popularidad del fútbol. De sus 110.000 habitantes, unos 10.000 declararon en el último censo ser futbolistas en activo, lo que convierte a la disciplina en el deporte nacional con gran diferencia.

Un archipiélago distribuido en millones de kilómetros

Kiribati (que se pronuncia “Ki-ri-bas”) tiene competiciones de las categorías absoluta, juvenil, veterana y escolar, e incluso de fútsal. Gran parte de la isla principal, Tarawa Sur, núcleo futbolístico de la nación, está formado por un grupo de islotes de forma alargada conectados entre sí, algunos de apenas cien metros de ancho, bañados por las olas en ambos lados. La escasa altitud de la nación hace que sea especialmente vulnerable ante el aumento del nivel del mar.

“La isla principal va a estar cada vez más congestionada”, explica a FIFA.com Martin Tofinga, de la Federación de Fútbol de las Islas de Kiribati (KIFF). “Las comunicaciones y los desplazamientos suponen un problema, al haber distancias enormes entre las islas”, afirma Tofinga, sin quedarse corto en absoluto. Las islas kiribatianas están distribuidas a lo largo de nada menos que 3,5 millones de kilómetros cuadrados, una zona más extensa que la que ocupan la mayoría de los países del mundo. “Somos una nación de agua”, dice riéndose Tofinga. “¡A lo mejor tenemos que introducir el fútbol acuático!”.

Kiribati
© imago images

Kiribati, antiguo protectorado británico, fue escenario de enfrentamientos devastadores durante la Segunda Guerra Mundial, y declaró la independencia en 1979. Ha enviado selecciones nacionales a los Juegos del Pacífico en tres ocasiones, la última hace casi un decenio. Y tras esa larga interrupción, el panorama parece ahora prometedor para el fútbol kiribatiano.

El fútbol tiene cada vez más popularidad y en los últimos años hemos logrado hacer muchos cambios, en los ámbitos de los clubes y administrativos”, señala Tofinga. “El fútbol femenino es cada vez más popular y va en aumento, eso es algo en lo que queremos centrarnos más”.

Football in Kiribati

Viajes de días en barco para jugar la liga local

Y Kiribati recibió hace poco un impulso muy oportuno, puesto que la Confederación de Fútbol de Oceanía decidió reactivar su condición de miembro asociado, con la consiguiente aportación de financiamiento.

“Estamos encantados de asistir a las comunidades futbolísticas de Kiribati proporcionándoles material, y también estamos dispuestos a comenzar nuestros talleres en línea para ayudar a la KIFF a desarrollar sus capacidades”, ha declarado el director de Desarrollo Futbolístico de la OFC, Paul Toohey.

“En octubre y noviembre vamos a trabajar con los entrenadores, profesores y voluntarios a través de una serie de talleres sobre fútsal y fútbol base”.

La principal prueba futbolística que se celebra en Kiribati es el campeonato nacional, de periodicidad bienal, cuya organización requiere enormes esfuerzos. “Por suerte, contamos con un importante apoyo del gobierno para cubrir los gastos”, apunta Tofinga.

No hay vuelos, pero los cientos de jugadores participantes —muchos de los cuales tienen que afrontar trayectos en barco que duran días— reciben alojamiento por parte de las autoridades o se quedan en casas de amigos. Pese a las numerosas dificultades, están representadas todas las islas, en una muestra increíble de compromiso y pasión por el deporte rey del planeta en esta parte remota del mundo.

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