Sustentabilidad

Las dos batallas de Roque Júnior

Roque Júnior, de 37 años, se proclamó campeón del mundo en 2002, y fue un central de éxito en Brasil y en el fútbol europeo. Ahora se dispone a emprender una nueva carrera como entrenador, y es uno de los exfutbolistas más preparados para analizar su entorno y hablar con coraje de cualquier situación, incluida la discriminación racial, algo de lo que fue víctima y que sirve de hilo conductor a esta entrevista con FIFA.com.

Usted siempre ha destacado por alzar la voz contra el racismo. Díganos: ¿siempre ha estado así de concienciado, o es algo que surgiese a raíz de algún episodio en su vida como jugador?Bueno, principalmente creo que se debe a mi historia. Toda mi familia es negra, de los dos lados, y tiene una historia de sufrimiento por el racismo. Cuando mi abuelo, que murió en febrero de este año, a los 97, llegó a mi ciudad [Santa Rita do Sapucaí, en el estado de Minas Gerais] los negros todavía andaban únicamente por la parte de fuera de la plaza central. Y los blancos, por dentro. Él fue la primera persona que llegó de fuera y rompió todo aquello, en una ciudad pequeña, de hacendados, en la que el racismo estaba muy presente. Así que yo estoy concienciado por una cuestión de familia. Desde la cuna oí hablar de eso, y entonces ya se reivindicaba: que los negros podían hacer cualquier cosa, que no había diferencias, y que teníamos que apreciarnos a nosotros mismos, punto. Yo eso lo tengo claro, porque viví esos prejuicios desde pequeño, y siempre he sabido hacerles frente.

A lo largo de su carrera, sin duda estuvo en contacto con otros jugadores que sufrieron prejuicios raciales. ¿En algún momento llegó a juntarse con ellos, a intentar establecer algún tipo de concienciación?Todo el proceso de hablar sobre el racismo es difícil, porque por más que alguien diga que lo entiende, vivirlo es algo totalmente distinto. Hay que vivirlo para saberlo. En el fondo, no todos lo entienden, ni creen que suceda. Y actualmente el fútbol tiene una peculiaridad: el hecho de ser un deportista conocido, famoso, a veces hace que uno sea más aceptado, incluso siendo negro. Es algo horrible, pero ocurre. En el momento en que yo empecé a tener reconocimiento, eso empezó a cambiar. Pero, a fin de cuentas, el fútbol es solo un retrato de la sociedad. El racismo existe, y en los lugares en los que está más presente se transmite a todas las capas de la sociedad, también al deporte.

En su opinión, ¿cuál sería el mecanismo más eficaz para combatir la discriminación en el fútbol?No es sencillo, pero de algún modo hoy en día se consigue o bien identificar a los autores u obligar al club a tener un cierto cuidado. Hay que unir esas responsabilidades. De cierta forma, tanto el organismo rector del juego como esas personas tendrían que ser responsabilizados de alguna manera.

La historia del fútbol brasileño está repleta de grandes jugadores negros, y aun así son escasísimos los casos de entrenadores brasileños que no son blancos. Desde la situación de quien está en proceso de formarse como técnico y entrar en ese mercado, ¿a qué cree que se debe esa incongruencia?Una vez más, creo que es un reflejo de lo que vivimos. Según el último censo, más de la mitad de la población brasileña no se declara blanca. Y, sin embargo, ¿cuál es el porcentaje de negros entre los rectores de universidades federales, por ejemplo? En cargos importantes, ¿cuál es la proporción de negros que se ve? Por eso, me parece positiva esa lucha por las cuotas en las universidades públicas, porque es la forma de combatir una situación histórica de desigualdades, por la esclavitud y por todo lo que vino después.

Históricamente, es algo arraigado: se tiende a pensar que una persona negra, un exfutbolista, no va a estar en condiciones de ocupar un puesto de mando y ser entrenador. Eso está relacionado con nuestra historia. A veces se intenta restarle connotaciones, relativizar el impacto que tiene hoy, pero es un proceso lento, que tiene que venir de lo privado, la idea de que todo el mundo es igual debe transmitirse de generación en generación, y también mediante políticas públicas en el ámbito de la educación, para que dispongan de oportunidades no solo los negros, sino la población de baja renta a la cual, por esas razones históricas, se asocia mucho a los negros.

*Esa atención que presta a la educación se refleja en su trayectoria hasta convertirse en entrenador, ¿no? *Pues sí, porque creo que, como futbolista, era algo que sabía hacer. Y ahora tengo que comprender e intentar transmitir conocimientos. Hice un MBA en gestión deportiva y después el curso de entrenador cuando era directivo del Primeira Camisa FC. Fue gustándome cada vez más, hice prácticas con Felipão en el Palmeiras, y después me fui a Europa.

¿Y con quién aprendió allá?En el FC Porto fui a hablar con un señor llamado Vitor Frade, que tiene una metodología de entrenamiento para el fútbol de la que yo estaba leyendo mucho. Después estuve con Marcelo Bielsa en el Athletic de Bilbao, y con Juergen Klopp en el Borussia Dortmund. Estuve casi dos semanas. Cuando volví, me decidí: iba a seguir. Hace poco, en mayo, hice el primer nivel de la UEFA, en Italia.

¿Hay algún tipo de situación que le llamase la atención especialmente al asistir a los entrenamientos de esos equipos?En Brasil suele decirse que los entrenamientos y los partidos son cosas diferentes, pero no es así: en general, si en el entrenamiento se cumple, en los partidos las cosas salen. ¿Sabe la intensidad del Borussia Dortmund en la transición de la defensa al ataque? Eso es entrenado. Mucha gente se confunde: piensa que entrenarse significa convertirse en un robot, pero no es así, es una libertad organizada. La táctica es lo que el equipo, colectivamente, tiene que aplicar en los cuatro momentos que tiene el juego: defensivo, ofensivo, transición ataque-defensa y defensa-ataque. Pero en Brasil nadie me dijo nunca que el juego tenía cuatro momentos. 

Y, en Europa, usted jugó en tres de las principales ligas del mundo: la italiana, la alemana y la inglesa. ¿Qué peculiaridades vio en el fútbol de cada una de ellas?

En Italia se llevan al extremo las cuestiones de la táctica y los movimientos. En Alemania se practica un fútbol físicamente fuerte, en el que existe la táctica, aunque también hay libertad para crear. Eso les gusta. Un ejemplo: en Italia, un jugador controla el balón dentro de su área. Viene un contrario, el jugador regatea y se va con el balón. En Brasil los entrenadores aplauden: “Muy bien”. En Alemania, tampoco hay problema. Pero en Italia, dicen: “No. Aquí no. Ha salido bien, pero podías haber fallado”. Allí, incluso al ganar un partido la sensación es más de alivio que de alegría. Son peculiaridades de cada país. Y ninguno es mejor que otro: sólo diferente. Y eso dice mucho sobre cómo entiende cada cultura el juego del fútbol.

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