Copa Mundial de la FIFA™

Los Azzurri revalidan su corona

© Getty Images

“¡Lo ganan todo estos dichosos italianos!”.  

Así lo afirmó el presidente francés Albert Lebrun en 1938 y, en aquel momento, no le faltaba razón. Cuatro años antes, los* Azzurri* se habían convertido en la primera selección europea en levantar la Copa Mundial de la FIFA™ y, desde entonces, se dedicaron a desconcertar a los críticos que habían atribuido aquel triunfo al factor campo.

En 1936 se colgaron el oro olímpico y, cuando Francia albergó el Mundial en 1938, Vittorio Pozzo y su formidable equipo consolidaron su vitola de mejor selección de los años 30. La sombra de los conflictos bélicos, por supuesto, planeó inquietantemente sobre esta edición. Así, la Guerra Civil en España impidió su participación, y la anexión de Austria por parte de Alemania redujo de 16 a 15 la cantidad de contendientes en la fase final.

Unos meses después se desatarían hostilidades de mayor envergadura, lo que supuso que este Mundial fuese el último en 12 años. El Trofeo permaneció en Italia durante todo ese periodo, en el que Ottorino Barassi –un alto cargo de la Federación Italiana de Fútbol– lo guardó en una caja de zapatos bajo su cama durante la II Guerra Mundial para garantizar su seguridad. 

Nadie podría cuestionar que el título fue merecido. Pozzo y sus hombres, merced a su vinculación con Mussolini y el régimen fascista de Italia en la época, arrostró la hostilidad del graderío durante todo el certamen y, aun así, prevaleció firmemente contra los rivales más duros. Por ejemplo, al vencer a Francia por 3-1 en cuartos de final, se convirtió en la primera selección que infligía una derrota a un anfitrión mundialista… y lo mejor estaba por llegar.

La deslumbrante y aparentemente imparable selección de Brasil fue doblegada por Italia en semifinales, con lo que solamente Hungría se interponía entre los Azzurri y un segundo título mundial seguido. Los magiares de Alfred Schaffer no eran ninguna perita en dulce. De hecho, se marcharon de Francia 1938 como el equipo más goleador del campeonato, con 15 dianas en sólo 4 partidos; y sus delanteros estelares Gyorgy Sarosi y Gyula Zsengeller firmaron 5 cada uno.

Pero Italia tenía sus propias estrellas; entre ellas, Giuseppe Meazza y Giovanni Ferrari, ambos supervivientes de aquel triunfo casero de 1934. Los dos experimentados campeones impusieron su sello en la final, hasta el punto de que el periódico francés *L'Auto *los describió como “artífices de la victoria”. Con todo, aunque la imagen de arriba muestra a Ferrari, un creativo centrocampista ofensivo, buscando el gol contra Hungría, los que vieron puerta a la postre fueron dos integrantes de la nueva guardia italiana.

Con sendos dobletes, Gino Colaussi y Silvio Piola rubricaron el triunfo por 4-2, reteniendo el Trofeo y reforzando la reputación de Italia como la potencia futbolística hegemónica en esa década.

*¿Sabías que…?
*
El programa oficial de aquella histórica final de 1938 figura entre los fascinantes objetos que se exhiben en el Museo del Fútbol Mundial de la FIFA, en Zúrich.

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