Copa Mundial de la FIFA™

Los cochecitos y el gran amor de Lalaina

Lens' midfielder Lalaina Nomenjanahary
© AFP


En los mercados artesanales, sobre todo en los de África, abundan los pequeños objetos fabricados con latas recicladas. Lalaina Nomenjanahary, defensa internacional malgache del RC Lens, los ha visto muy de cerca. E incluso los construyó con sus propias manos durante su infancia en un barrio de Antananarivo, cuando la idea de ganarse la vida dando patadas a un balón nunca se le hubiera pasado por la cabeza.

En Madagascar, uno de los países más pobres del mundo, dedicarse profesionalmente al deporte rey no resulta nada factible. “Es muy difícil salir adelante con el deporte en general, y con el fútbol en particular”, admite Nomenjanahary en declaraciones a FIFA.com. “El fútbol es amateur, no recibe atención, y nadie va a ver a los jugadores. Es una situación complicada, hay que pelear para vivir del deporte y poder tener una carrera profesional. Para un malgache es imposible quedándose en Madagascar”.

Así, este zaguero puso rumbo primero a la isla de Reunión, isla francesa al este de Madagascar y auténtico edén para los jugadores malgaches. Luego, hacia Francia, aunque no olvidó nunca las dificultades que atravesó en su isla. Al joven Lalaina en realidad no le obsesionaba tener una carrera profesional, y jugaba en las calles, pero enseguida se distinguió gracias a su talento. “Jugaba en mi barrio y se fijaron en mí, para que me incorporase a un club local”, cuenta el jugador, que se federaría por primera vez con el Ajesaia, donde militó en 2007 y, posteriormente, en 2009/10, tras pasar un año en el JS Saint-Pierroise reunionés.

Jugar, estudiar, trabajar
Y es cierto que jugar en un club tiene sus ventajas, aunque también sus inconvenientes, especialmente cuando la pobreza impone sus condiciones. “Fue una suerte, aunque resultaba complicado compaginar el fútbol con los estudios y, al mismo tiempo, buscar la manera de ganar dinero”, reconoce Nomenjanahary, de 29 años, que pasó dos décadas luchando para lograr ambos objetivos. “No pensaba en convertirme en profesional, lo único que me preocupaba era el día a día: jugar, ir a la escuela y obtener ingresos para comer. Estaba cansado, me quedaba dormido en las clases, pero tenía que aguantar. Terminaba la escuela al mediodía, empezaba los entrenamientos a la media hora y por la tarde había que ir a trabajar para conseguir algo de dinero”.

Y ese trabajo consistía, principalmente, en entregar pedidos a mayoristas, y, sobre todo, su otra pasión de la época: la construcción de esos famosos cochecitos de metal reciclado. De esos trabajillos, a Lalaina le quedó un apodo: “Me gustaba hacer coches con latas y botes de conserva, luego los vendía en el barrio para sacarme un dinero. Mi tía me dijo un día que me gustaban demasiado los coches, y empezó a llamarme Bólida”. Esa época también le dio la voluntad de luchar para alcanzar sus objetivos y hacer que todos sus sacrificios valiesen la pena. “Encontrar un club en Europa es algo con lo que no se cuenta cuando se juega en Madagascar. Entonces, al llegar a Francia, me dije que no podía abandonar, porque era una verdadera oportunidad de cambiar de vida”, continúa el internacional malgache, que recuerda perfectamente en qué empleó su primer sueldo: “Le mandé dinero a mi madre y, desde entonces, intento ahorrar lo máximo para ella y para mi hermano”.

Curiosamente, aquella primera remuneración pudo haber sido más importante que la que recibió cuando llegó al departamento francés de Nord, respondiendo a la llamada de Hervé Arsène, ayudante del seleccionador de Madagascar por aquel entonces. El exinternacional malgache le propuso ir con él al CS Avion, un club amateur que comparte instalaciones con el gran RC Lens vecino. “Al principio no quería venir”, recuerda Arsène, otro ex Sangre y Oro, campeón de la liga francesa en 1998. “Hay que ponerse en su lugar: recibió una oferta de una pequeña isla vecina para jugar con un buen salario. Y yo aparecí diciéndole: ‘¡Ven al Avion!”.

Champán y talento
No pudo convencerlo. Sin embargo, unas semanas más tarde Lalaina, que había fichado por el Saint-Pauloise FC reunionés, comunicó a su prestigioso compatriota que había cambiado de opinión. “Estaba en la Reunión, mi novia había terminado el bachillerato y se había ido a estudiar a Francia. Entonces llamé a Arsène y le dije: ‘Entrenador, si todavía quiere hacerme una prueba, estoy dispuesto a ir”. El propio Arsène pagó el viaje a su protegido, y nadie tuvo que reprochárselo…

Lalaina pasó una temporada en la segunda división, antes de fichar por su vecino, el Lens, al que ayudó a ascender de nuevo a la máxima categoría. Y marcó su primer gol en la élite en Lyon, que dio a los suyos la primera victoria de la campaña 2014/15 (0-1). Mientras tanto, Julia —su famosa novia— se convirtió en la señora Nomenjanahary, y descubrió que, aunque Bólida sigue siendo el mismo, su vida ha cambiado por completo. “En el estadio de Bollaert, las esposas de los jugadores están en palcos en los que hay cócteles, champán, vino, aperitivos.... Un bufet muy refinado”, bromeaba en agosto de 2014. “La primera vez que fui, me ofrecieron champán, ¡y dije que no porque pensé que iba a tener que pagarlo!”.

Es una de las consecuencias del trabajo y del talento de su marido futbolista, que ahora quiere ver a más compatriotas suyos en el fútbol profesional. La competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™ podría contribuir a ello. Los Barea se miden con la República Centroafricana los próximos días 10 y 13 de octubre. Lalaina suma 26 internacionalidades desde 2006 y, aunque no estará en el campo esta vez, nada le impide animar a sus excompañeros. “Estoy con la selección de todo corazón, porque en Madagascar hay jugadores que tienen potencial y merecen lo mejor”, opina el defensor, consciente de que soñar con Rusia 2018 es utópico, aunque una clasificación para la segunda ronda de las eliminatorias sería muy beneficiosa. “La selección necesita jugar más partidos contra grandes equipos para progresar. Eso daría más visibilidad a los jugadores malgaches, y algunos tendrían la oportunidad de que se fijasen en ellos. Espero, por nuestro fútbol, que vengan a Europa todavía muchos más malgaches”.

Y si no lo hacen por amor, no cabe duda de que será por talento.

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