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Maradona 'se cambia' a la Seleção

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Es un rostro inconfundible. Y la camiseta, también. Sin embargo, se hace muy extraño verlos juntos. ¿Cómo pudo el futbolista más célebre del principal adversario de Brasil acabar vistiendo la legendaria elástica* canarinha*?

La respuesta se halla en otra de las grandes estrellas de aquella época: Careca, principal anotador de la selección brasileña en Italia 1990 y compañero de Maradona en el Nápoles. También era amigo suyo, y una persona a la que el ídolo de la Albiceleste admiraba mucho. El propio Maradona había pedido al club que fichase a Careca, llegando a decir a los propietarios: “Tienen que conseguir a este hombre”. El equipo italiano pagó al São Paulo 3,5 millones de dólares —un récord de entonces para un jugador brasileño— por hacerse con sus servicios, pero la inversión resultó rentabilísima, puesto que pasó a encabezar con gran acierto la temible línea ofensiva Ma-Gi-Ca de los Partenopei.

Careca llegó a Italia 1990 después de conducir al Nápoles a la conquista de la Copa de la UEFA y del Scudetto, y siendo considerado uno de los mejores del mundo por Maradona. “Cuanto más lo golpean, mejor juega, más peligroso se vuelve”, decía con admiración el* Pibe de Oro*.

Y ese aprecio por Careca hizo que la gran figura de los defensores del título adoptase un tono pesimista cuando Argentina se cruzó con su tradicional adversario en la segunda ronda. “Los brasileños”, indicó Maradona, “son muy buenos, mejores que nosotros”.

Esa frase no ocultaba ninguna falsa modestia. Brasil se propuso demostrar su superioridad en un partido que sólo tuvo un color, en el que Dunga, Alemão —otro astro del Nápoles— y el dinámico Careca estamparon balones contra la madera. Pero Argentina, aun con apuros, resistió, y a falta de nueve minutos para la conclusión Maradona obró su inimitable magia. Recibió el balón en su propio campo y emprendió una internada zigzagueante hacia la meta contraria, se escabulló de tres brasileños y, cuando otros cuatro estaban a punto de abalanzarse sobre él, efectuó un pase sublime para Claudio Caniggia, quien materializó el único tanto del encuentro. “Esa maravilla destruyó el espíritu de Brasil”, dijo más adelante Maradona.

También le enfadaron las insinuaciones de que uno de los hombres superados por él en aquella carrera memorable no se había empleado a fondo. “Una sola tristeza: que los periodistas brasileños acusaran a Alemão por no haberme bajado, porque era compañero mío en el Napoli...”, escribió en su autobiografía. “¡Un disparate! Yo lo sorprendí con el pique corto a Alemão, por eso no me agarró”.

Con todo, al sonar el pitido final no se dirigió hacia Alemão, sino hacia Careca, para intercambiar las camisetas y decirle que lo sentía. “Ayer lo llamé por teléfono”, contaría luego. “Le dije que una amistad no se rompía en 90 minutos”.

Y no cabe duda de que la amistad continuó intacta después de aquel doloroso choque en Turín, aunque no pudo decirse lo mismo del corazón de los brasileños.

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