Torneo Olímpico de Fútbol 2016 - Masculino

Middelboe, un pionero olímpico lleno de libertad

Nils Middelboe (C) in action for Chelsea
© Getty Images

A cualquier jugador danés le gustaría ser poseído durante un rato por el espíritu pionero de Niels Middelboe y el jueves, cuando Dinamarca abra el Torneo Olímpico de Fútbol Masculino ante Irak, el deseo será doble. Y es que la leyenda de Middelboe, uno de los futbolistas nórdicos más icónicos de la historia, nació en un partido inaugural de unos Juegos Olímpicos. Pero no en una apertura cualquiera sino en esas que están reservadas para los elegidos.

En la tarde del 19 de octubre de 1908 jugaron por primera vez al fútbol en una cita olímpica dos selecciones nacionales oficiales. Dinamarca de un lado, Francia B del otro. El reporte oficial de aquellos Juegos Olímpicos Londres 1908 cuenta que “el césped estaba resbaladizo en el centro del Estadio y el clima era húmedo y molesto”.

Sea porque tenía a su hermano Kristian a su lado en el mediocampo o porque para un amateur convencido ese era su gran día, a Middelboe no le importó ni lo resbaladizo, ni lo húmedo ni lo molesto. Apenas 12 minutos después del pitazo del inglés Thomas Kyle, convirtió el 1-0. El primer gol de todos los tiempos de un Torneo Olímpico de Fútbol jugado entre verdaderas selecciones, y el primero también en la historia de Dinamarca.

El “Gran Danés”, como lo llamaría años después el público inglés, marcó también el sexto tanto de un 9-0 que disfrutaron las 2.000 personas que estaban ese día en el Sheperd's Bush Stadium. Tres días después convirtió uno en otro partido para los libros: el 17-1 ante Francia A, todavía hoy el resultado más abultado jamás visto en unos Juegos.

Dinamarca se quedó con la medalla plateada tras caer 2-0 ante Gran Bretaña en la final, pero el movimiento olímpico quedó maravillado con la capacidad de juego y el portentoso 1,89 de ese chico de 21 años, nacido en Suecia pero criado en un barrio burgués de Copenhague. La buena cuna no fue impedimento para que junto a Kristian y su otro hermano, Einar, también olímpico, domaran los caprichos de la pelota en las calles de la capital danesa.

En Estocolmo 1912, ganó nuevamente la medalla plateada y volvió a brillar, esta vez alternando entre mediocampista y defensa. Ser polifacético no se reducía a un campo de fútbol. Entre un Juego y otro, además de convertir en poderoso a un equipo modesto como el KB y hacer de Dinamarca una selección respetada en los amistosos europeos, fue campeón y récordman nacional de distintas pruebas de atletismo tan diferentes como el triple salto y los 800 metros.

Amateurismo, sinónimo de libertad
Pero a Middelboe lo movía demasiado el fútbol. Y trabajar en un banco. Y defender a ultranza el espíritu amateur. Después de sacar campeón danés al KB por primera vez en su historia, metió todo en una coctelera y se fue a Inglaterra: quería practicar el fútbol donde a la vez pudiese ser banquero y ganarse el pan así, sin cobrar por jugar. El primer club que lo sedujo fue el Newcastle, pero al final el Chelsea ganó la pulseada y Middelboe se convirtió en el primer extranjero en jugar en el club.

Nunca quiso un penique a cambio de ser futbolista, pese a que así podía triplicar su ingreso. Ahí están sus apenas 12 partidos jugados fuera de Londres de los 46 que jugó para los Blues en cinco temporadas. No podía viajar con el resto del equipo un viernes a la tarde porque debía y quería trabajar. En su ideario, cobrar por jugar le quitaba libertad como futbolista.

De la selección danesa se retiró, como no podía ser de otra manera, en un Juego Olímpico: Amberes 1920. Jugó apenas 15 partidos en total, una cifra que parece escasa pero se justifica con los años de parón casi total entre 1914 y 1919 por la I Guerra Mundial.

Como el fútbol le explotaba en el pecho, se hizo entrenador. Ganó en 1940 una Liga danesa con el KB y fue técnico de la federación entre 1942 y 1964. Murió en 1976 a los 88 años, pero en 1970 dejó escrito un pequeño libro, prácticamente inconseguible hoy: “Sentido común sobre el fútbol”.

Allí se quejaba de los entrenadores demasiado intrusivos que limitaban la creatividad, principalmente de los jóvenes. “Sistematizar es esterilizar”, escribió. Seguía obsesionado con la libertad del jugador. La misma libertad que defendió a rajatabla y le permitió entrar en la historia 

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