Fútbol Mundial

'O Rei' conmociona a Nueva York

Pele at New York Cosmos
© imago images
  • Pelé debutó con el New York Cosmos hace hoy 45 años
  • Su magia puso el fútbol en el mapa en Estados Unidos
  • El brasileño fue la mayor celebridad de la Gran Manzana

“Era más fácil ir a la Luna que entrar en Studio 54”, dijo Truman Capote refiriéndose al famoso teatro de Broadway.

No bastaba con ser famoso. Había que formar parte de la élite de la élite. Le Freak, uno de los sencillos más vendidos de finales de los años 1970, hablaba de los integrantes de la banda Chic a quienes no se permitía entrar en el local. Aun así, un famoso era “el vip de los vips”, según su copropietario, Steve Rubell.

No era Cher, Salvador Dalí, Michael Jackson, Mick Jagger, Elton John, Tom Jones, Calvin Klein, Liza Minnelli, Olivia Newton-John, Al Pacino, Diana Ross, Sylvester Stallone, Rod Stewart, Elizabeth Taylor, Tina Turner, John Travolta, Andy Warhol, Stevie Wonder ni ninguna de las demás grandísimas estrellas que tanto frecuentaban el club nocturno más famoso de la historia...

Se trataba de un hombre que, en su infancia, no había podido permitirse comprar zapatos ni trajes, ni mucho menos las chaquetas a medida de solapa ancha y los pantalones acampanados que causaban sensación en el año en que Fiebre del sábado noche hizo furor en la gran pantalla.

“Todo el mundo quería darle la mano y sacarse una foto con él como fuese”, afirmó Jagger. “Decir que uno había ido de fiesta con Pelé era el mayor honor que había”.

Que un futbolista se hubiese convertido en la estrella de las estrellas en un país en el que su arte estaba proscrito apenas unos años antes era algo inimaginable. Desde mediados del siglo XIX la popularización del fútbol se había topado con el muro de otro deporte de masas, el béisbol, cuyos jonrones eclipsaban a los goles.

“En Europa, como en Sudamérica, enloquecen con este juego”, escribió Prescott Sullivan en el San Francisco Examiner en 1968. “Recemos para que aquí no pase”. Otro periodista señaló: “El fútbol no es más que un juego de comunistas y mariquitas”.

El comisionado de la North American Soccer League, Phil Woosnam, que había competido en la selección galesa junto a John Charles, y Clive Toye, experiodista inglés y director general del New York Cosmos, eran conscientes de que para poner fin a esa lógica y dar inicio a un sueño que se antojaba prácticamente inalcanzable haría falta un ser supremo.

Y sin duda nadie más que Pelé lo era. En 1970, fue elegido no solo el deportista más famoso del planeta, sino también la persona más famosa, por delante de John Lennon, el papa Pablo VI, Paul McCartney, Muhammad Ali, Paul Newman, la reina Isabel II, Neil Armstrong, Elvis Pressley, Clint Eastwood, Elizabeth Taylor, John Wayne y Barbra Streisand.

Pelé, además, eclipsaba la mera mortalidad. Era una marca, la segunda mayor del mundo, según un estudio hecho unos años más tarde. Este hombre de 173 centímetros de estatura era, increíblemente, más grande que los gigantes del petróleo y el gas, los bancos, los fabricantes automovilísticos, las líneas aéreas, los titanes de las telecomunicaciones y cualquier otra cosa que no fuese Coca-Cola.

Lograr seducir a Pelé parecía algo imposible. Había sido declarado tesoro nacional no exportable y, cuando tuvo la primera noticia del interés del Cosmos, en 1971, su primera reacción fue decir “díganles que están locos”.

Sin embargo, la apuesta de Toye por hacerse con los servicios de Pelé era decidida e implacable, como el FBI a la hora de atrapar a sus criminales más buscados.

Lo bombardeaba con mensajes de télex. Cuando Pelé jugaba un partido de exhibición, allí aparecía Toye. Desde Kingston (Jamaica) hasta Bruselas (Bélgica). Acabó teniendo reuniones con él en São Paulo, Roma y Nueva York.

Al final, Toye consiguió que Pelé pusiese su firma a un compromiso en un papel en la habitación de un motel. Una llamada telefónica a O Rei de Henry Kissinger, asesor de seguridad nacional de Estados Unidos y apasionado por el fútbol, selló el acuerdo.

El periódico Rochester Times-Union lo ridiculizó como un truco publicitario: “Hay las mismas posibilidades de ver a Moshé Dayán pilotando un MIG de la fuerza aérea egipcia”.

Pero el 9 de junio de 1975, en el Princess Hotel de Hamilton (Bermudas), Pelé sería presentado como jugador del New York Cosmos, en lo que The Guardian describió como “el fichaje maestro del siglo”.

Su debut estaba programado para seis días más tarde, con motivo de un partido amistoso frente al Dallas Tornado en Randall’s Island, en Manhattan.

CBS televisó el encuentro en Estados Unidos y otros 22 países. Se desplazaron al Aeropuerto Internacional John F. Kennedy para cubrir el espectáculo periodistas de 25 naciones.

Robert Redford insistió en interrumpir el rodaje de Todos los hombres del presidente para poder estar entre los 22.500 espectadores que abarrotaron el estadio. “Debió haber otros 50.000 que se quedaron fuera”, apuntó el entrenador del Cosmos, Gordon Bradley. Varios miles de personas más se dieron cita en el puente de Triborough para tratar de ver de lejos a ese ser inmortal.

Se fue presentando uno a uno a todos los jugadores del Cosmos a medida que salían del túnel de vestuarios. Todos los nombres fueron recibidos con moderados gritos de entusiasmo, hasta que se llegó al de Pelé y un rugido ensordecedor inundó el Randall’s Island Stadium cuando la gente pudo ver a O Rei.

Sorprendentemente, un hombre que había sido idolatrado por los hinchas del Santos y de la selección brasileña pareció asombrarse ante aquel recibimiento extraordinario, que acogió con su característica sonrisa de oreja a oreja.

Cada toque de Pelé levantaba al público de sus asientos, pero el Cosmos llegó al descanso con un 2-0 en contra. El atacante de 34 años estaba atenazado, ya que pensaba que había contraído una enfermedad virulenta, unos hongos malignos en los tobillos.

Cuando se tranquilizó al saber que era pintura verde que se había usado para tapar ante las cámaras de televisión los claros del césped, volvió a meterse en el partido, envió un balón al poste, participó en la acción con la que los suyos recortaron distancias y marcó luego el gol del empate.

“Era un partido de exhibición, pero parecía uno de los Yankees en la Serie Mundial o de los Giants en la Super Bowl”, explicó Steve Ross, presidente de Warner Communications, que no había oído el nombre de Pelé en 1971, pero a pesar de ello financió en parte su fichaje.

“Me dijeron que Pelé era más conocido que el papa, y vi que era cierto”.

“Aquel día puso el fútbol en el mapa”, contó Toye. “La prensa no se cansaba de hablar de fútbol, absolutamente todo el mundo hablaba de fútbol”.

Franz Beckenbauer, Carlos Alberto y Giorgio Chinaglia siguieron a Pelé en la Gran Manzana. El Cosmos pasó a ser conocido como “el equipo más glamuroso del mundo” y conquistó la Soccer Bowl en 1977. Muhammad Ali, Peter Frampton, Mick Jagger, Elton John, Diane Keaton, Henry Kissinger, Robert Redford, Rod Stewart y Barbra Streisand eran sus hinchas famosos.

No obstante, la fama de Pelé en Nueva York superaba a la de todos ellos. Era un astro que refulgía con más fuerza que nadie, el verdadero rey de Nueva York.

Y así se demostró de forma indiscutible cuando se convirtió en el vip de los vips de Studio 54.

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