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Roccio, el cazador de estadios

Eleanora and Federico Roccio
© Others
  • Ha visitado 603 estadios en 42 países
  • Su propuesta de matrimonio y su luna de miel fueron muy futboleras
  • Lloró cuando entró en dos estadios

“Siempre soñé con pasar mi luna de miel en el Caribe”, confiesa a FIFA.com Eleonora Davi, una italiana de 26 años. “Solo yo y mi marido en un paraíso romántico: playas de arena blanca, magníficas aguas de color azul turquesa, cócteles exóticos…”.

Pero en vez de mojitos o daiquiris de chirimoya, resultó ser cerveza en vasos de plástico. Las arenas de Punta Cana, Aruba y Barbados se convirtieron en el césped de La Bombonera, el Wanda Metropolitano y el Estadio Centenario. Y el paraíso desierto fue un jaleo tremendo entre hinchas de fútbol vociferantes.

¡Eleonora, en efecto, se pasó su luna de miel encajando 28 visitas a estadios y 15 partidos en 14 días! Fue la consecuencia de casarse con Federico Roccio, alias “el cazador de estadios”, cuyo periplo post-nupcial elevó su cuenta de estadios a 603 en 42 países.

“Fue una luna de miel muy diferente a como imaginé que sería”, señala Eleonora, riendo. “Pero fue una aventura realmente extraordinaria. Fue incluso mejor que la luna de miel con la que crecí soñando cuando era niña”.

¿Y cómo empezó la frenética adicción de Federico?

“Comenzó en dos etapas”, afirma Federico a FIFA.com. “Mi papá Mario, como todos los buenos papás, me inculcó la fe futbolística de la familia: una pasión por el Milan. Fui a mi primer partido cuando tenía 4 años. ¡Recuerdo intentar parecer y comportarme como si fuera más pequeño para conseguir una entrada más barata!”.

“En mayo de 2007, había estado en todos los partidos en casa del Milan de esa temporada, y solamente tenía una meta: la final de Atenas contra el Liverpool. Tuve una discusión acalorada con mi padre. Como estaba viviendo bajo su techo y era un menor, aunque tenía 17 años y 11 meses, tuve que obedecerle y no fui”.

“En cuanto cumplí 18 años pensé: ‘Ahora puedo hacer lo que quiera’, como sienten muchos jóvenes. Mi primer viaje largo fue a un Lecce-Milan. Fueron 14 horas de ida y 14 horas de vuelta en un tren InterCity nocturno para un flojo 1-1”, continúa Federico.

“La segunda etapa empezó en 2009. Volé a Catania para ver al Milan con un grupo de personas que tenían entre cuatro y cinco años más que yo. Estuvieron comparando en cuántos estadios habían estado, y estuvieron burlándose de mí porque no había estado en casi ninguno”, añade.

“En ese momento me dije: ‘Si ellos pueden hacerlo, yo también’. Les dije que en unos pocos años habría estado en más estadios que ellos. Se rieron de mí. Esa noche, [Klaas-Jan] Huntelaar, a quien se conocía como ‘el Cazador’, marcó dos goles en el tiempo añadido y ganamos 0-2. Así que empezaron a llamarme ‘el cazador de estadios’. Se mofaban de mí, ¡pero me gustó y el apodo ha perdurado!”.

Enseguida, empecé a ir a estadios por toda Italia y en países limítrofes como Francia y Suiza. Me enganché. Antes de que me diera cuenta, esa era mi vida: ir a estadios de fútbol por toda Inglaterra, Alemania, España… donde fuera”.

Y entonces llegó Eleanora. ¿Todo apuntaba a que no soportaría la tremenda obsesión de Federico?

“Nos conocimos en una piscina”, explica Eleanora. “Los dos trabajábamos de socorristas. Federico tenía esta enorme adicción al fútbol. Yo no era aficionada al fútbol para nada. Mis mejores amigas me advirtieron de que alguien que ama el fútbol no tiene sitio en su corazón para nada más”.

“Sus amigas pensaban que estaba loca por salir conmigo”, la interrumpe Federico. “¡Menos mal que su apodo es ‘Santa’!”.

“¡Menos mal!”, responde Eleanora, riendo. “Fuimos a Córcega para nuestro primer viaje al extranjero juntos. Pensé: ‘Qué romántico’. Pensaba que íbamos a salir a cenar cuando Federico me dijo que tenía entradas para el Bastia-Clermont de la segunda división francesa. Pensé: ‘Pues vaya’”.

“Pero fui y me enamoré por completo del fútbol; el fútbol y la experiencia de estar en un partido, con toda esa gente feliz cantando. Incluso me uní a ellos, ¡aunque no me sabía la letra! He amado de veras el fútbol desde entonces”, asegura.

Con su entonces novia de su lado (Federico pasó a proponerle matrimonio en el Stadio San Siro), la caza de estadios del de Saronno se aceleró. Además, trabajar como chef (ha cocinado para Rino Gattuso, Alexandre Pato, Filippo Galli, Brendan Rodgers y Claudio Ranieri) le permitió vivir en otros países durante breves periodos y coleccionar un montón de estadios.

¿Y cuál tiene el mejor ambiente entre los 603 menús que ha probado? “Celtic Park en Glasgow y La Bombonera en Buenos Aires”, afirma con rotundidad. “Tuve la suerte de vivir en Dumfries (Escocia) durante cinco meses. Fui a dos derbis de Glasgow entre Rangers y Celtic. Fue alucinante, único, increíble”.

“Mi primera vez en el Paraíso (Celtic Park) fue para un Celtic-Milan en la Liga de Campeones. El Milan ganó 0-3, pero al sonar el pitido final, los hinchas del Celtic vinieron bajo la sección donde estábamos los Rossoneri, nos aplaudieron y nos lanzaron sus bufandas como regalo. ¡Vaya detalle!”.

“Y lo que viví durante mi luna de miel en Argentina fue demencial e increíblemente mágico. Buenos Aires gira en torno al fútbol. La Bombonera era mágica, con todo el estadio sin parar de cantar. Un ambiente magnífico”, subraya Roccio.

“Y no me avergüenzo de decir esto, pero cuando entré a esos dos estadios, lloré. Adoro a los hinchas del Celtic y de Boca Juniors”, añade.

“En Buenos Aires, se vive y respira el fútbol las 24 horas del día; el fútbol pertenece a la gente. Carteles, camisetas, llaveros, vasos, los bares… prácticamente todo lo que ves es fútbol. Y no solo Boca y River, sino también San Lorenzo, Independiente, Racing”, precisa.

“Creo que es parecido en Grecia. Todo es Olympiacos, Panathinaikos, AEK, PAOK, Aris de Salónica... En todos los encuentros a los que fui en Grecia, el ambiente era increíble. La pasión por el fútbol en Grecia y Argentina va más allá de la locura”.

“En Creta conocí a unos chicos durante el OFI Creta-Panetolikos que se han convertido en amigos para toda la vida. Vamos y nos quedamos en su casa, y ellos vienen y se quedan en la nuestra. Conocí a unos aficionados de Dortmund antes del BVB-Bayern; y todos los días hablamos de fútbol. Y en nuestra luna de miel, un hincha de Boca, Claudio, estuvo con nosotros casi todo el tiempo desde nuestro segundo día”.

El fútbol para mí es más que el mero deporte. Es el viaje al partido (en avión, tren, autobús), la comida típica de la ciudad, la cerveza local, el ambiente, los cánticos, las pancartas y banderas y, sobre todo, conocer a los aficionados y hacer amistades”, concluye.

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