Clubs

La temperamental diva del Meno

A choreography from Eintracht Frankfurt fans
© Getty Images

¡Más alto! ¡Más rápido! ¡Más lejos! En la ajetreada metrópoli financiera de Fráncfort, esas expresiones forman parte del día a día. El imponente perfil urbano que se yergue hacia el cielo a lo largo del río Meno es de los que quita el hipo. La profusión de rutilantes rascacielos que se agolpan unos contra otros conforman una característica estampa de poderío. No es una ciudad que se conforme con medianías. De ahí que el club de fútbol del lugar no lo tenga nada fácil a la hora de cumplir con las expectativas.

El Eintracht de Fráncfort es pasión pura. Su animal heráldico es un águila que lleva por nombre Attila, y que, simbólicamente hablando, a veces comete la torpeza de volar más alto de lo que debería. A menudo son las elevadas exigencias de la palpitante urbe en torno lo que condena una y otra vez al Eintracht a debatirse entre el éxtasis celestial y la desesperación más absoluta.

Desde siempre los francforteses han sentido debilidad por la estética. Pero esa elegante dama no siempre trae aparejado el éxito. Y claro, se enfada. Es un fenómeno que suele observarse una y otra vez en la trayectoria del Eintracht. Por eso a esta venerable y vibrátil casa solariega a veces se la llama "la diva temperamental". Después de muchos percances fruto de su desigual carácter, sin embargo, la prima donna parece haber aprendido a avanzar con pasos más cortos para no caerse. FIFA.com la escruta con atención.

El nacimiento de una instituciónLa entrada del fútbol en la ciudad se allanó cuando a comienzos del siglo pasado entre los jóvenes de Fráncfort se impuso la moda de reunirse en una enorme y popular campa urbana para dar patadas a un balón. De aquellos encuentros regulares, nacieron dos clubes distintos, el Victoria y el Kickers, que en 1911 se fundieron para conformar el Frankfurter Fussballverein (FFV), es decir, el Club de Fútbol de Fráncfort. La primera estrella de la nueva entidad era un tal Fritz Becker, que había sido autor de dos goles en el primer partido internacional disputado por Alemania, saldado con derrota por 5-3 ante Suiza en 1908.

Luego de sucesivas fusiones y divisiones, la institución evolucionó hasta convertirse en 1926 en un club multidisciplinario, con equipos de fútbol, atletismo, rugby y críquet entre otros, y con más de 5.000 miembros: la Sportgemeinde Eintracht Frankfurt (Comunidad Deportiva Eintracht Fráncfort).

Aquel fue el principio de un club que a continuación causaría furor en el ámbito regional por su enconada rivalidad con el otro equipo de la ciudad, el FSV Frankfurt. El Eintracht pronto expandiría sus ambiciones. Con su juego elegante y rico en ideas, en 1932 escalaría hasta la final del campeonato alemán, escenificada en Núremberg, donde sucumbiría por 2-0 ante el Bayern de Múnich.

La forja de una leyendaEl estilo de fútbol que practicaba el Eintracht ya en sus primeros años era imaginativo e iba siempre un paso por delante de los tiempos. Ases extranjeros como el húngaro István Sztani y el yugoslavo Ivica Horvat sobresalieron por encima de los demás durante los años 50. Además contaban con un número 10 de talento fuera de serie, Alfred Pfaff, que sabía dirigir los hilos del entramado de manera incomparable. Tuvo la mala suerte de que en aquella época también jugaba en la misma posición Fritz Walter, del Kaiserslautern, que como es sabido se proclamó campeón del mundo en 1954 y más tarde sería capitán honorífico de Alemania. De otro modo, seguro que Pfaff habría ocupado un puesto de titular en la Mannschaft.

Era lógico que de aquella aglomeración de astros individuales emanara la época dorada del conjunto rojinegro. En 1959, ante los 75.000 espectadores congregados en el estadio de Berlín, se alzó con su primero y hasta la fecha único campeonato alemán, precisamente contra su vecino Kickers Offenbach, al que batió por 5-3 tras la prórroga.

Al año siguiente, las Águilas conquistaron los corazones de los aficionados al deporte rey de todo el continente al vencer por 6-1 y 6-3 al Glasgow Rangers escocés en la Copa de Europa, para concertar una cita en la final con el club más temido del planeta a la sazón: el Real Madrid.

El Eintracht no pudo contra el elenco de Alfredo di Stéfano, Ferenc Puskas, Francisco Gento y compañía, que prevaleció por 7-3, pero se ganó los más altos elogios de la crítica por intentar hacer frente a su todopoderoso rival con medios técnicos y limpios y no por la fuerza bruta. Por eso aquella final de 1960 persiste en los anales como una de las más fascinantes y bellas de la historia del fútbol europeo de clubes.

Cuando se fundó la Bundesliga en 1963, el Eintracht formó parte de la división de honor. No obstante, los francforteses necesitaron un cierto tiempo para sobresalir en el campeonato nacional. Eso ocurrió cuando llegaron al club dos artilleros de marca mayor, como eran Bernd Hölzenbein y Jürgen Grabowski, que en 1974 se proclamaron campeones del mundo con Alemania.

La numerosa y apasionada hinchada rojinegra recibió dos grandes alegrías en 1974 y 1975 con el levantamiento de la Copa de Alemania. No tardaría en celebrar el mayor éxito de la historia del club en 1980: en la final de la Copa de la UEFA, sobrepujó al Borussia Mönchengladbach tras perder por 3-2 el choque de ida e imponerse por 1-0 en el de vuelta en su propio estadio, con lo que por fin pudo inscribir su nombre en el palmarés continental. Un año más tarde, volvió a coronarse campeón de Copa en su país.

A pesar de los altibajos, esta caprichosa diva, que sabía maravillar con su fútbol pero también se dormía a veces en sus laureles, aún no había vivido su momento más trágico. Después de que el ilustre director de juego húngaro Lajos Détári guiara al Eintracht hasta su cuarto y último título copero en 1988, fue el elegante ideólogo Uwe Bein, campeón del mundo con Alemania en 1990, quien imprimió su estilo a la última gran era del Eintracht.

Bajo el lema "Fútbol 2000", el equipo de Uwe dejó atrás a todos sus contendientes en la temporada de la Bundesliga 1991/92 con un estilo ofensivo y atractivo. Sólo le faltaba por resolver la cita de la última jornada con el Hansa Rostock, que estaba prácticamente descendido. Y el caso fue que la perdió por 2-1, dejando que el Stuttgart le arrebatara el trofeo in extremis. Aquel combinado, en el que además se alineaban entre otros Andreas Möller, Anthony Yeboah, Jörn Andersen y Uli Stein, sigue siendo considerado hoy en día como el mejor que ha tenido el Eintracht. "La pesadilla de Rostock" dejó una cicatriz profunda en los sensibles corazones de los seguidores francforteses.

En la actualidad
Luego vino lo que vino. El Eintracht entró en caída libre. Hasta cuatro veces tuvo que sufrir el amargo descenso a segunda. En consecuencia estuvo varias veces al borde del colapso financiero. Empero, el venerable club siempre supo sacar fuerzas de flaqueza y resurgir de sus cenizas, apoyándose en su extraordinaria labor con la cantera y manteniendo siempre viva la esperanza de convertir a su endeble diva en una auténtica reina.

Hasta la primavera de 2012, el legendario Römer francfortés —un precioso edificio medieval en el corazón del casco antiguo donde tiene su sede el ayuntamiento— sólo había albergado las celebraciones de las campeonas y campeones del mundo alemanes. Pero el 23 de abril se engalanó con los colores del Eintracht. En esa fecha, el equipo del entrenador Armin Veh logró certificar el regreso a primera después de un año de ausencia y miraba lleno de optimismo hacia adelante. Ahora la entidad trata de seguir por ese camino pasito a pasito hasta recuperar el brillo de antaño.

"Ya el solo nombre del Eintracht de Fráncfort, que está asociado a una larga y exitosa tradición, suena muy especial. Una media de asistencia de 47.000 espectadores en la primera división documenta el enorme interés que capta en la región del Meno y el Rin, y habla del entusiasmo de nuestros hinchas en nuestro singular estadio", declara el Presidente de la entidad, Heribert Bruchhagen en exclusiva para FIFA.com. "Acabamos de ascender, hemos prolongado el contrato del técnico Armin Veh y estamos tratando de configurar un equipo capaz de competir al máximo nivel la próxima temporada. En el fútbol siempre son posibles las sorpresas, pero nuestro objetivo prioritario será establecernos deportiva y económicamente en la primera división".

El estadioEn 2005 el tradicional Waldstadion fue rebautizado con el nombre de Commerzbank Arena. Inaugurado originalmente en 1925, el recinto fue sometido a numerosas remodelaciones antes de que, con ocasión de la Copa Mundial de la FIFA 2006, fuera reerigido como un estadio exclusivamente de fútbol. Su aforo de 51.500 localidades lo convierten en uno de los mayores y más vibrantes de Alemania. Incluso en los partidos de la temporada de segunda división recién concluida, un promedio de 37.600 espectadores asistieron a los encuentros domésticos del Eintracht en el edificio situado al sur de la ciudad. En el nuevo estadio francfortés ya se han celebrado dos finales de la FIFA: la de la Copa Confederaciones 2005 y la de la Copa Mundial Femenina de 2011.

Explora este tema

Notas recomendadas