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El espíritu unificador del Pythian y el fútbol en Nottingham

  • El club usa el fútbol para quitar la violencia de las calles de Nottingham
  • Su fundador, Ben Rosser, busca inspirar hacia el trabajo y la educación
  • Ganó el premio de fútbol base de la FA al mejor proyecto comunitario en 2018

En todo el mundo, cuando los niños se convierten en adolescentes y luego en adultos jóvenes, muy a menudo se encuentran ante elecciones difíciles a la hora de gestionar lo que supone crecer en una ciudad.

Después de todo un decenio en la policía de Nottingham, Ben Rosser lo sabe demasiado bien. “Veía a jóvenes que seguían los ejemplos equivocados en mi zona y hacían cosas que iban a meterles no sólo en problemas, sino también a hacerles daño. En algunos casos, un daño grave… o peor”, señala a FIFA.com. “Como policía, quise hacer algo al respecto”.

Los delitos con arma blanca en la ciudad inglesa, a menudo vinculados a las drogas y las bandas, se encuentran en su nivel más alto desde que se publicaron por primera vez estadísticas en 2011. Se trata de un problema acuciante al que Rosser ha dedicado su vida los cinco últimos años para ayudar a combatirlo, después de que sintiera que los recortes presupuestarios habían “arrancado el alma” de la capacidad del cuerpo de policía para marcar la diferencia de forma proactiva.

Tras haber crecido en la zona al tiempo que vestía de uniforme, Rosser fundó el Pythian Club para reunir a los jóvenes de todas partes de la ciudad y mantenerlos activos de una forma positiva. ¿Cómo empezó todo? Con el fútbol.

“Al principio eran sólo sesiones de fútbol en parques locales con un par de conos. Puede que sólo tuviéramos a entre 15 y 20 jóvenes, pero fue creciendo a partir de ahí. El deporte les reúne”, explica el fundador del Pythian, tras haber pasado un tiempo en Sudáfrica y haber visto el impacto que tenían el fútbol y el rugby a la hora de unir a gente demasiado acostumbrada a los conflictos.

“Tienes a adolescentes separados por diferentes códigos postales que tal vez tengan un poco de rivalidad al reunirse; por lo que la siguiente vez que se ven por la ciudad, hay un algo común de coincidir en el fútbol unos con otros”, añade Rosser, quien vio cómo el proyecto ganaba el premio de fútbol base de la Federación Inglesa de Fútbol (FA) al mejor proyecto comunitario en 2018.

Además de crecer en número de participantes –y de gente que le ayuda–, también ha crecido su campo de acción: boxeo, música y teatro se combinan para llegar a tanta gente en la comunidad como se pueda y ofrecer salidas positivas a los que puedan estar quedándose marginados en la sociedad.

“Podrían estar desencantados, perdidos, viviendo en un mundo de estar siempre alerta, vendiendo drogas, teniendo que mirar a su espalda”, apunta Rosser, señalando que unos 50 jóvenes de entre 15 y 18 años suelen participar en una sesión de partidos de dos horas en la tarde de un viernes. “Empezamos intentando insertarles en un estilo de vida positivo”.

Y eso va mucho más allá de un simple partidillo por la tarde. Además de tener un par de equipos de fútbol aficionados que juegan el fin de semana, los miembros más implicados del Pythian pueden buscar formarse como entrenadores y participar en una serie de programas que ayuden a sus posibilidades de empleo futuras. Las asociaciones con la FA y el Nottingham Forest FC no han hecho sino facilitar y ampliar aún más el abanico de oportunidades.

Mccauley Lewis es uno de esos miembros de los Jóvenes Líderes del Pythian que cosechan algunos de esos beneficios. “Implicarse es devolver a la comunidad algo que los jóvenes realmente no tienen”, afirma. “Es muy gratificante organizar estas sesiones y, cuando volvemos a casa por la noche, sabemos que hemos hecho una buena acción por ellos”.

“[El Pythian] reúne a diferentes grupos de la comunidad. Siempre hay violencia entre diferentes zonas, por lo que esto los reúne a todos para hacer algo con lo que disfrutan, y se están haciendo amigos”, añade.

Esos logros se deben en gran medida a Rosser y a su enfoque integral del club. Lewis afirma que es “una figura paterna” para los participantes; un papel que Rosser preveía que tendría que adoptar para ver los resultados positivos que quería.

“Lo que les digo es: ‘Tienes mi número personal y eres parte de nuestra familia, así que si necesitas algo, háznoslo saber’. Funciona perfectamente y, cuando fundé el Pythian Club, comprendí que probablemente iba a ser algo que me acompañaría para siempre. Es mi bebé. He empezado algo que, sencillamente, no puedo terminar, y tenía que estar preparado para ocuparme de ello”.

Siempre dispuesto a estar ahí para apoyar a los miembros del club cuando afloran cuestiones disciplinarias en el colegio, la universidad o con la policía, Rosser ha sido capaz de crear vínculos con jóvenes desconectados de la sociedad. Ahora tienen al club para que los guíe y los reconduzca hacia la educación, empleos y oportunidades para mejorar su futuro.

“Una vez que obtienes su confianza, empiezas a formar como líder a un joven y puedes darle las herramientas para serlo”, concluye.

Y el fútbol proporcionó el primer paso para lograrlo…

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