Historia

Un triunfo del Magreb

© AFP

La primera victoria de Túnez en la Copa Africana de Naciones (CAN), en febrero de 2004, constituye una fecha muy señalada en la historia del deporte de este país. Además, el hecho de que los tunecinos se impusieran en la final a Marruecos (2-1) confirmó el resurgir del fútbol norteafricano. De ese modo, el Magreb tomaba el relevo del África subsahariana, que, en la edición de 2002, había eclipsado totalmente a los países norteafricanos.

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Otro regreso al primer plano fue el de Roger Lemerre. El seleccionador de las Águilas de Cartago pudo saborear una dulce revancha 20 meses después de haber abandonado la Copa Mundial de la FIFA Corea/Japón 2002 por la puerta de atrás, tras caer estrepitosamente en la primera fase con Francia. Sin estrellas pero con un bloque tremendamente unido, Túnez, gracias al apoyo decisivo de su afición en los partidos a vida o muerte, consiguió ir a la caza de un título en el que el país apenas osaba creer.

Riadh Bouazizi, capitán de los locales en la final ante la baja del sancionado Khaled Badra, encarnó el espíritu de un Túnez combativo que, antes de cargarse a Marruecos, dejó en la cuneta a Senegal, finalista de la CAN 2002 y cuartofinalista en el Mundial de 2002, y a Nigeria, dos veces ganadora de la CAN.

Ambiente de locuraTambién es cierto que los Leones del Atlas, cansados, pagaron en la final los esfuerzos realizados a lo largo de una andadura muy interesante, que arrancó con un triunfo ante Nigeria (1-0). En la inédita final, Marruecos fue víctima de unos comienzos totalmente desastrosos tanto en el primer como en el segundo periodos, en los que los tunecinos marcaron sus dos tantos. Si a eso le añadimos el error clamoroso de su guardameta Khalid Fouhami, los contratiempos se agravaban demasiado para esperar que Marruecos le diera la vuelta a la tortilla.

El combate comenzó a toda velocidad, sin un asalto de tanteo. Los tunecinos, llevados en volandas por un público desmelenado, se lanzaron al ataque y, ya en el minuto 5, José Clayton enganchó un potente disparo que Fouhami sólo pudo desviar a saque de esquina. Acto seguido, la defensa marroquí tuvo problemas para despejar el peligro y reenvió el cuero a la frontal, a botas de los tunecinos. En el balón colgado al punto penal, el delantero de origen brasileño Francileudo Santos fue el más rápido y, pese a su 1,72 m de estatura, marcó de cabeza su 4º gol en el campeonato (5', 1-0).

La zaga marroquí, pese al regreso tras su lesión de Talal El Karkouri, acusó el golpe. Así, Santos, después de recibir un pase en profundidad de Riadh Bouazizi, y luego Adel Chedli, tras un centro de Ziad Jaziri, estuvieron a un paso de ampliar la ventaja.

Tras la esperanza, el errorAl cabo de esos 20 minutos infernales, los Leones del Atlas por fin se metieron de verdad en el partido. En primer lugar, Youssouf Hadji no pudo disparar entre los tres palos a la media hora de juego. Cinco minutos más tarde, a Oualid Regragui le faltó potencia en su remate. Con el paso de los minutos, los jugadores de Badou Zaki fueron aprovechando el bajón de los tunecinos, que necesitaban un respiro tras un comienzo de encuentro a mil por hora. El empate llegó con una jugada brillante fabricada por Hadji, quien, tras una pared con Abdelkrim Kissi, alcanzó la línea de fondo y envió un magnífico centro hacia atrás que Youssef Mokhtari cabeceó en plancha para establecer la igualada (38', 1-1), apuntándose de paso su 4ª diana.

Sin embargo, a la vuelta de los vestuarios, los marroquíes cometieron el mismo error que en el primer periodo, al dejarse someter por el juego del rival. A los siete minutos de la reanudación, tras un disparo cruzado y raso de Clayton, Fouhami rechazó mansamente el esférico a los pies de Jaziri, que no desaprovechó el regalo (52', 2-1). Túnez decidió entonces jugar al contragolpe mientras se apoyaba en su pareja de centrales Karim Haggui-Radhi Jaidi, imperiales en el juego aéreo, y en un Ali Boumnijel intratable bajo palos pese a sus 38 primaveras.

Zaki se jugó entonces el todo por el todo sacando a dos jugadores ofensivos, Mohamed El Yaagoubi y Jaouad Zairi, en sustitución de Youssef Safri y Akram Roumani, de vocación defensiva. La zaga tunecina, no obstante, mantuvo el tipo, sin verse verdaderamente inquietada pese al dominio abrumador de los marroquíes.

Con el pitido final, un viento de locura emanó de las gradas del estadio de Radés y sopló por todo un país que aguardaba ansioso su primer triunfo. Mientras tanto, los marroquíes abandonaron el césped apesadumbrados, pero con la cabeza bien alta.

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