Un capitán atípico para liderar el sueño de Guam

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Para cualquier nación, competir por primera vez en su propio territorio en una fase de clasificación para la Copa Mundial de la FIFA™ representa una ocasión única y memorable, y para Guam, ese momento histórico está a punto de hacerse realidad.

La selección de Turkmenistán, un país del centro de Asia, visitará el 11 de junio la orgullosa nación del norte del Pacífico. Cinco días después, la India, la segunda nación más poblada del mundo, jugará en Guam. También Irán, participante en cuatro fases finales del Mundial, y Omán, la nación del Golfo, forman parte de un grupo que simboliza la rica diversidad cultural del fútbol asiático. Guam se enfrenta a un reto enorme. La nación posee menos de 200.000 habitantes, y ni siquiera su ciudad más poblada conseguiría llenar la mitad del estadio Azadi de Teherán, donde Irán recibirá a su selección en septiembre. La última vez que visitó al equipo Melli, Guam se llevó un varapalo asombroso: una derrota por 19-0. Ocurrió en 2000, en una época muy diferente, durante la primera y, hasta ahora, única campaña de los isleños en el Mundial.

Superar con éxito obstáculos otrora infranqueables se ha convertido en un tema recurrente para Guam en los últimos años, desde el nombramiento de su nuevo seleccionador, el inglés Gary White. A las órdenes de White, Guam está dando dolores de cabeza a equipos mucho más afianzados en el continente y, de paso, escalando puestos en la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola.

Orgullo nacional
Jason Cunliffe, capitán de la selección, sabe un par de cosas sobre el fútbol de Guam. No en vano, lleva jugando al balón en el país desde niño, prácticamente desde que empezó a andar. Cunliffe, quien confiesa su fe y su devoción por la causa nacional, llegó incluso a dudar de la posibilidad de representar a su nación en un clasificatorio para el Mundial en su propio país.

“En estos tiempos ya no se presentan muchas oportunidades para hacer historia”, ha declarado Cunliffe a FIFA.com mientras despachaba con los clientes del banco en el que trabaja. “A decir verdad, jamás se me habría pasado por la cabeza que esto pudiera suceder. Albergar un clasificatorio para el Mundial es increíble y un gran motivo de orgullo. Nadie quiere desarrollar el fútbol en esta isla más que yo. Llevo jugando aquí desde que tenía cinco años y, comparado con entonces, lo que tenemos ahora es tremendo. Pero no podemos dormirnos en los laureles”.

Uno de los cambios introducidos recientemente en su sistema de selecciones ha sido el reconocimiento del patrimonio guameño. El más tangible es la adopción de la palabra *Matao *como sobrenombre del equipo nacional, un término que se aplica al valor en el idioma de la población indígena, el chamorro.

Guam posee una población muy diversa, fiel reflejo de la historia del país. “Llevamos trescientos o cuatrocientos años de colonialismo”, explica Cunliffe, producto de un linaje estadounidense por línea paterna y guameño por parte materna. “En general, estamos asistiendo a una resurrección de la cultura autóctona no sólo en el fútbol, pero también se deja sentir en él. Nos ayuda a entender nuestra identidad. Guam está bastante occidentalizada, pero va muy bien recordar quiénes somos y de dónde venimos. Declamamos los *inifresi *[la promesa de proteger la tierra y el pueblo de Guam] antes de cada sesión de entrenamiento y de cada partido”.

Cunliffe, un atacante zurdo y de gran técnica, ha seguido una carrera futbolística muy diversa. Causó sensación en las ligas universitarias en Houston y en Santa Clara (California); pasó por Filipinas e, incluso, estuvo en pruebas en el Nagoya Grampus Eight de la J.League. A lo largo de esta trayectoria, ha contribuido a dar relevancia a Guam en el mundo del fútbol. “Lo primero que la gente me dice es: ‘eres un buen futbolista’, y acto seguido me preguntan: ‘¿de dónde eres?’ Eso hace que me sienta siempre muy orgulloso de Guam. Me enorgullezco de lo que he logrado”.

Cunliffe tiene que trabajar en otro empleo para mantenerse, al igual que sus compañeros de equipo, con excepción hecha de AJ DeLaGarza, defensa del Galaxy de Los Ángeles. Por ello, llevan una vida más difícil que muchos otros futbolistas. La rutina diaria de Cunliffe es muy diferente en todos los sentidos a la de la mayoría de capitanes del resto del mundo. El jugador, de 31 años, se levanta cada día a las 4 de la mañana para ir al gimnasio, pasa la jornada trabajando en el banco y se entrena por la noche antes de regresar a casa, justo a tiempo para dar las buenas noches a sus tres hijos. “Es agotador, pero me siento orgulloso de mi capacidad de trabajo”.

Hacer historia
La ascensión en la tabla mundial proporcionó a Guam un puesto en la segunda ronda de la clasificación asiática. Cunliffe y sus compañeros aprovecharon en marzo la oportunidad de medir sus fuerzas en amistosos contra Hong Kong, donde cayeron por 1-0, y contra Singapur, cuatro veces campeona del Sudeste Asiático, con la que empataron 2-2. “Creo que la prensa en Singapur dio por sentado que el resultado estaba cantado. Sin embargo, estuvimos a punto de ponernos por delante con un 3-0 de ventaja en el minuto 15, y el rival tuvo mucha suerte de llevarse al final un empate”.

“Seguir avanzando ha sido una constante para nosotros”, asegura Cunliffe con orgullo. “El resultado sobre el terreno de juego mejora partido a partido. El entrenador ha buscado y ha encontrado varios jugadores elegibles para Guam. El equipo está creciendo enormemente y todavía no ha llegado al tope de sus capacidades. Es fantástico; incluso diría que damos miedo a nuestros rivales”.

“Salimos a ganar”, afirma Cunliffe con un gran espíritu Matao. “Salimos a por todas. No vamos a replegarnos ni a plantar el autobús. Salimos a por ellos, y a ellos les toca hacer lo posible por pararnos los pies”.

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