Pavel Nedved, que llegó al Calcio procedente del Sparta de Praga en la pretemporada 1996/97, lleva 12 campañas haciendo las delicias de los equipos italianos. Con el Lazio, donde jugó 5 años, disputó 137 encuentros de liga y 45 en competiciones europeas (23 de ellos en la Liga de Campeones de la UEFA). Tras pasarse al Juventus en la 2001/02, ha lucido la camiseta bianconera 190 veces en la Serie A y 50 en la Liga de Campeones. El centrocampista creativo nacido en Cheb, que renunció a la selección checa en 2006, ha disputado 91 partidos como internacional.

En el centro de entrenamiento del Juventus, en Vinovo, FIFA.com marchó al encuentro del checo para entrevistarlo en exclusiva. Un Nedved sonriente y distendido habló abiertamente de su pasado, de su presente y de sus sueños futuros.

Pavel, ¿por qué amplió su contrato un año más con el Juventus?
Tras dos años de ausencia, volver a jugar la Liga de Campeones era realmente tentador. Además, la generación en alza, liderada por Sebastian Giovinco y Claudio Marchisio, está descubriendo la competición europea. Nunca es fácil debutar a este nivel por lo sostenido del ritmo, con dos encuentros por semana, y por la calidad del elenco de rivales. El club me propuso prorrogar mi estancia para poner mi experiencia al servicio de estos jóvenes, y el reto me sedujo. 

Por tanto, se enfrenta a su octava temporada en el club. ¿Cuál es su mejor recuerdo de todo ese tiempo?
La temporada 2002/03 viene a ser la más conseguida, con la obtención del scudetto y una final perdida en la Liga de Campeones. La semifinal, contra el Real Madrid, permanece como uno de los momentos fuertes, tanto por el prestigio de nuestro adversario y la intensidad ligada al encuentro, como por el buen juego que desplegamos.

Ha conocido asimismo episodios más difíciles. ¿Cómo vivió el descenso forzoso a la Serie B?
Fue muy duro... [su rostro se ensombrece]. A la vista de todo lo que ha podido proporcionarme este club, me sentía en deuda. A partir de ahí, quedarme era una opción totalmente natural. Hemos visto premiados estos dos años de trabajo con el ascenso a la Serie A y nuestro reencuentro con la Liga de Campeones.

¿Qué le ha aportado la Juve? ¿Y qué le ha aportado usted al equipo?
El Juventus me lo ha dado todo. He adquirido una mentalidad de ganador, la que te hace decir que cada partido es un combate. He aprendido a ser exigente conmigo mismo, a saber afrontar las dificultades y superarlas. En cuanto a mí, le he dedicado todo mi tiempo y me he puesto al servicio del equipo. Espero dejarle algo positivo al final.

Antes de la Vecchia Signora, militó en el Lazio de Roma. ¿Con qué se queda de esos años que pasó en la capital?
Hasta hoy nunca he lamentado ninguna de las decisiones tomadas en mi carrera. Siempre guardaré muy buenos recuerdos de mis cinco años en el Lazio. Descubrí un nuevo país, aprendí un nuevo idioma, me codeé con entrenadores muy buenos y gané un scudetto, una Recopa de Europa y copas nacionales. ¿Qué más podría haber pedido?

¿Nunca se vio tentado por otra liga extranjera?
Es una elección personal, guiado por mi familia. Tanto en Roma como en Turín, siempre hemos estado a gusto. Con Italia tengo vínculos importantes y mis hijos han nacido aquí. ¿Por qué debería irme? De todas formas, es verdad que la liga inglesa me atrajo un tiempo. Desde mi infancia, siempre he sido un ferviente seguidor del Manchester United.

¿No lamenta haber renunciado a la selección?
Con 34 años, tras haber disputado tres Eurocopas y un Mundial, era totalmente normal dejar sitio a las jóvenes generaciones. Por muy grande que fuera mi deseo de quedarme, los jóvenes necesitan disputar encuentros al máximo nivel para curtirse.

¿Qué futuro le augura a la selección checa?
La selección nacional está en un periodo de transición. Los veteranos van dejándola progresivamente y a la nueva generación, incluidos los finalistas del pasado Mundial sub-20, le falta experiencia. Por ese motivo, Milan Baros, Marek Jankulovski, Zdenek Grygera y Tomas Ujfalusi tienen un papel importante que desempeñar en su integración. De aquí a tres o cuatro años seremos de nuevo competitivos al máximo nivel. A pesar de ello, creo que nos clasificaremos para la próxima Copa Mundial.

¿Piensa poner fin a su carrera al final de la temporada?
A mi edad, vivo el día a día; no sé exactamente cuándo lo dejaré. La Juve tiene proyectos para mí, pero todavía no hay nada decidido. Lo que está claro es que comenzaré una nueva vida volviendo a partir de cero. Tendré que aprenderlo todo y, después de haber ejercido el oficio de futbolista durante 20 años, no será fácil.

¿Nunca ha considerado la posibilidad de entrenar? ¿Al Juventus o a la selección checa, por ejemplo?
Uno no se convierte en entrenador de la noche a la mañana, sin ninguna experiencia; es una progresión que se hace paso a paso. Uno de los mejores aprendizajes sigue siendo empezar entrenando a jóvenes, e ir subiendo peldaños progresivamente. Si, en un futuro, me llevan a entrenar a uno de esos dos combinados, será una señal de éxito. Pero el camino todavía es largo; máxime porque el Juventus no es un club fácil de llevar. Hay una presión continua, la mentalidad de que hay que ganarlo todo y mucho trabajo detrás; y sólo los grandes entrenadores triunfan.

Usted se ha codeado precisamente con algunos de esos grandes entrenadores. ¿Quiénes son los que le han marcado en su carrera?
Dino Zoff, Sven Goran Eriksson, Claudio Ranieri, Didier Deschamps... podría casi citarlos a todos. Pero el que me ha aportado algo más que los otros es, sin lugar a dudas, Marcello Lippi, pues él me colocó por detrás de los puntas y me concedió más libertades sobre el terreno de juego.

Por último, para concluir, ¿las sensaciones son diferentes en relación a sus comienzos? Y, hoy día, ¿a quién ve cómo su sucesor?
No hay ninguna diferencia. Ya sea con 20 años o con 36, siempre he disfrutado lo mismo jugando. Compartir emociones en grupo, divertirme y conquistar trofeos son mis lemas. Lo único, físicamente es más complicado aguantar el ritmo de un encuentro cada tres días. En cuanto a mi sucesor, es una pregunta difícil... Me inclinaría por mi hijo, con la condición de que juegue al fútbol (risas).