El fútbol africano ha ido superando hitos cada vez más relevantes en la Copa Mundial de la FIFA: ganó la batalla por adjudicarse una plaza en la competición de 16 equipos en 1970; ganó su primer partido en el torneo de 1978; superó la liguilla de grupos por primera vez en 1986; alcanzó los cuartos de final en 1990; y ahora, cuando estamos a punto de celebrar el primer campeonato del mundo sobre suelo africano, presentará nada menos que seis equipos en el torneo.

Cada paso adelante ha sido un avance significativo para el fútbol africano, y la suma de todos ellos ha llevado al continente desde sus discretos orígenes hasta la cima actual, en la que destacan algunos de los mejores futbolistas del planeta. Sigue leyendo y conocerás la historia de la inesperada victoria tunecina que abrió las puertas al desarrollo del deporte rey en África.

El contexto
El triunfo de Túnez sobre México en Rosario en el certamen de 1978 supuso un paso de gigante para la confianza del fútbol africano. La primera victoria de una selección de la CAF en una Copa Mundial de la FIFA valió la inclusión de otro representante de África en la siguiente edición mundialista, pero además permitió a las futuras selecciones aspirar a metas más altas. El triunfo a cargo del debutante en la prueba reina fue tan enfático como histórico, y marcó la fecha en la que el balompié africano se hizo mayor.

Antes del partido, Túnez y México sabían que iba a ser dificilísimo para ambos cruzar a la orilla de la segunda ronda del campeonato de 1978, dado que habían quedado encuadrados en el mismo grupo que Polonia y Alemania Occidental. Los alemanes eran los defensores del título; los polacos habían llegado hasta semifinales cuatro años antes; y las dos potencias habían empatado a cero la víspera en el partido inaugural del torneo escenificado en el Estadio Monumental de Buenos Aires. México y Túnez se enfrentaban al día siguiente con el afán de adelantar posiciones en el grupo, aunque sólo fuera por unos días. Túnez era el gran desconocido y no se le atribuían demasiadas posibilidades ante México, que para entonces ya era un asiduo en estas citas.

Las Águilas de Cartago estaban ahí por un favor de la suerte, habiendo sido sancionadas unos meses antes por abandonar el campo antes del tiempo reglamentario durante un partido de la Copa Africana de Naciones en Nigeria. Aquella infracción acarreó una suspensión de dos años para el equipo y una sanción de tres años para el instigador, el guardameta Attouga Sadouk. La Confederación Africana de Fútbol había amenazado con solicitar a la FIFA la aplicación de la pena también en el certamen mundial. En tales circunstancias, los tunecinos vivieron 10 días de angustia, que fue el plazo que tardó en tomarse la decisión de que sería demasiado complicado, en una fecha tan próxima al inicio de la Copa Mundial, designar un nuevo representante africano para que viajara a Argentina. Dado que sería la última aparición de Túnez en el fútbol internacional durante un buen tiempo, sus jugadores tenían una motivación añadida.

El partido
Tanto México como Túnez entraron en acción a una velocidad de vértigo, que no parecía que fuera a remitir. En consecuencia, los espectadores disfrutaron de un duelo vibrante con sucesivas ocasiones en una y otra portería, aunque las jugadas no tuvieran adecuada respuesta en la definición ante la portería. Daba la sensación de que ambos contingentes habían recibido órdenes de marcar a toda costa, y causaban continuos problemas en las respectivas defensas. Ninguna de las dos formaciones, en cambio, parecía muy preocupada por la táctica, particularmente en su propio terreno.

México fue quien llevó la voz cantante la mayor parte de la primera mitad, dominando el centro del campo con Hugo Sánchez y Leonardo Cuéllar, inconfundible por la profusa melena que le había valido el apodo de El León de la Metro. Túnez arrancó temblón y pudo caer en desventaja en el marcador a los seis minutos, de no ser porque Mohsen Jendoubi fue capaz de despejar sobre la misma línea de meta. En cualquier caso, El Tri se adelantó finalmente antes del descanso, gracias a un penal transformado por Arturo Vásquez después de que Omar Jebali hubiera tocado el balón con la mano dentro del área.

Pero para sorpresa general, las Águilas de Cartago remontaron el vuelo en la segunda mitad, endosando tres tantos sin réplica a un México que se achantó bajo la presión y parecía cansado y disperso. El gol del empate llegó a los 10 minutos de la reanudación, cuando el director de juego, Tarek Dhiab, picó el esférico hacia Ali El Kaabi, cuyo remate flojo y en semifallo eludió al guardameta José Reyes. El gol dio cuerda al conjunto tunecino, cuyas carreras acabaron por apuntillar a su rival: Nejib Ghommidh penetró con fuerza desde la banda derecha para anotar el segundo de la serie a falta de 10 minutos para el final.

Ghommidh habilitó el tercero y definitivo en los últimos compases, mediante un pase desde la izquierda que se paseó por la frontal del área mexicana hasta llegar con precisión a las botas de Mokhtar Douieb. El zaguero tunecino se abalanzó sobre el esférico y levantó el cuero por encima del guardameta, que salió de sus dominios con la intención de interceptar la jugada. Al final, los dos equipos enfilaron el camino de los vestuarios entre cánticos de "¡Túnez, Túnez, Túnez!".

La figura
Tarek Dhiab manejaba los hilos desde el centro del campo como un titiritero en una función infantil. Medía, pasaba, recibía, giraba, manteniendo todo el rato un tenaz control del balón. Había jugado con el mismo señorío en la campaña de clasificación para la Copa Mundial de la FIFA, y a finales de 1977, a la edad de 23 años, se había coronado Futbolista Africano del Año.

Se dijo
“Los franceses tienen su generación del 68, estudiantes revolucionarios que dejaron su huella en el panorama sociocultural. Nosotros tenemos nuestra generación del 78, una quinta de futbolistas excepcionales", Abdelmajid Chetali, seleccionador de Túnez.

¿Qué sucedió luego?
Túnez perdió a continuación por un solo gol ante Polonia, en un partido muy igualado, mientras que un México deslavazado sucumbió por 6-0 ante el vigente campeón. Esos resultados eliminaron a los mexicanos al tiempo que dejaron a los tunecinos ante la onerosa tarea de vencer a los alemanes para sobrevivir. Era una misión imposible pero los magrebíes mantuvieron la fe y al final arrancaron un meritorio empate sin goles. México se despidió del certamen con un tercer descalabro por 3-1 ante Polonia, y se marchó a casa sin haber sumado ni un punto y habiendo concedido 12 goles. La actuación de Túnez contribuyó a reforzar la pretensión africana de doblar su número de representantes en la siguiente edición de la Copa Mundial de la FIFA en España 1982.