Ganar la Copa Mundial de la FIFA es la forma más segura de inscribir el propio nombre en el libro de oro del fútbol, pero hay pocos elegidos para muchos aspirantes. Otra manera, igual de difícil, es ser un genio; pero no todo el mundo es capaz de destilar jugadas con clase, fantásticos golazos, regates o paradas inolvidables. Así pues, queda una última opción para dejar huella: el look. Y en ese apartado, cabellos, barbas y bigotes pueden desempeñar un papel esencial, como descubre FIFA.com.

Al César lo que es del César: comencemos esta vuelta al mundo por Inglaterra, cuna del fútbol, donde a menudo el talento va aparejado a las peculiaridades capilares: desde el mechón rebelde que intentaba cubrir la calva de Bobby Charlton, a la apariencia “Beatles” de George Best, con barba y pelo largo. La última locura pilosa del Reino Unido proviene del recién ascendido Newcastle, donde cuatro jugadores decidieron dejarse crecer el bigote hasta que ganasen un partido en la Premier League.

"Nos preguntamos qué podíamos hacer, y primero pensamos en dejarnos crecer la barba”, explicó el centrocampista Joey Barton, instigador del reto, al que también se apuntaron Alan Smith, Andy Carroll y Ryan Taylor. “Finalmente, nos decidimos por el bigote. ¡Pero esperamos que no dure demasiado tiempo!”. El primer encuentro de las Urracas, saldado con derrota por 3-0 ante el Manchester United, seguramente inquietaría a los vendedores de cuchillas de afeitar de Newcastle. Pero el siguiente resultado los tranquilizó: goleada por 6-0 al Aston Villa, ¡con tripleta incluida del melenudo Carroll!

Al otro lado del Canal de La Mancha, la Copa de Francia fue la encargada de mantener ociosos a barberos y peluqueros durante mucho tiempo, pues la tradición dictaba que los jugadores no se afeitaran mientras su equipo siguiese clasificado. Como consecuencia de ello, los últimos supervivientes solían llegar a la final irreconocibles, con los rostros ocultos por luengas barbas. Luis Fernández vivió la experiencia en los años 80, para dar al París Saint-Germain los dos primeros trofeos de su palmarés. “Empezamos a escribir la historia del club con esa Copa”, recuerda hoy. “Nos dejábamos crecer la barba mientras siguiésemos en liza. Es una lástima que ese encanto haya desaparecido. Se echa de menos actualmente”. Es cierto: la barba ya no está de actualidad, pero de las cinco últimas finales, tres tuvieron en el banquillo al actual entrenador del Mónaco, Guy Lacombe, célebre en Francia por… ¡su bigote!

Cuando las barbas de tu vecino veas prohibir…
En Albania, en cambio, hubo una época en la que la barba no tenía aceptación. Y es que en los años 70, marcados por el comunismo, el Secretario General del Partido y Jefe de Estado, Enver Hoxha, había prohibido todo tipo de pilosidad facial. Era una ley que regía tanto para la población local como para los visitantes; incluido el Celtic de Glasgow, que en 1979 acudió a la capital para disputar un encuentro de la Copa de Europa contra el Partizán de Tirana. El día del partido, se mascaba el incidente diplomático cuando el defensa Danny McGrain saltó al césped con una barba cerrada. “Estábamos preocupados porque la prensa hablaba mucho de esa prohibición”, desveló el transgresor de entonces. “Me la habría afeitado si me lo hubiesen pedido, pero por la calle había visto a algunas personas con barba, así que…”.

Tras convencer a la policía de que dejase jugar a su defensa, el Celtic se inclinó por 1-0, pero en el choque de vuelta remontó la eliminatoria con un 4-1. La barba de McGrain ingresó en la leyenda de los Bhoys, de la misma manera que sus 657 partidos disputados. Es más, cuando el protagonista inició su carrera de entrenador en el Arbroath, más de 20 años después, los seguidores del club se rebautizaron inmediatamente como la "McGrain's Bearded Army" [“el Ejército Barbudo de McGrain”]. “Era una locura absoluta, pero grandiosa”, reconoció John Christison, a la sazón presidente del club. “Todos los aficionados llevaban barba. Imprimimos 700 camisetas alusivas, ¡y se agotaron en tres días!”.

Si el Olympique de Lyon hubiera producido camisetas con la efigie del argentino Lisandro López, probablemente se habrían vendido también como rosquillas. A su llegada a Francia en el verano de 2009, el ex delantero del FC Porto decidió no afeitarse hasta que no marcara su primer gol. Así, disputó su primer encuentro de la Ligue 1, contra el Le Mans, con un rostro digno de Papá Noel. Y tras dar el empate al conjunto lionés en el último minuto (2-2), se presentó en el entrenamiento al día siguiente con un afeitado apurado... Licha, elegido mejor jugador de la pasada liga francesa, decidió volver a probar la experiencia en el curso 2010/11. Sin embargo, después de cuatro jornadas, el argentino sigue sin ver puerta. Y su barba creciendo…

Rizando el rizo de los peinados
A un sector de la afición portuguesa, por su parte, le habría gustado que el bigote creciese en el labio superior de sus ídolos. De ese modo, realizaron una petición bastante curiosa cuando los jugadores de Carlos Queiroz se encontraban en plena preparación de la Copa Mundial de la FIFA 2010. En un amistoso contra China, el pasado marzo, apareció una pancarta en las gradas del estadio Ciudad de Coimbra con la siguiente frase: “Queremos a Selecção de Bigode no Mundial" [“Queremos a la selección con bigote en el Mundial”]. A partir del día siguiente, los grupos de apoyo a esa iniciativa proliferaban por Internet, luciendo fotomontajes de Cristiano Ronaldo con un mostacho impresionante.

Unos años antes, el colombiano Carlos Valderrama no necesitó del apoyo popular para dejarse crecer un bigotito negro y una imponente pelambrera rubia que se hicieron tan míticas como su talento con el balón en los pies. El Pibe, considerado el mejor futbolista colombiano de la historia, dejó una huella imborrable por dondequiera que jugó; sobre todo en el Tampa Bay Mutiny, de la MLS estadounidense, donde la afición llamaba a cada día de partido el “Carlos Valderrama Day". Incluso los equipos rivales caían bajo sus encantos, como un día de julio de 1996, en el que todos los jugadores del Kansas City saltaron al césped con una peluca rubia.

Por lo demás, la idea de un Dream Team con las barbas y los peinados más delirantes sería de lo más vistoso. Basta con imaginarse el pelo largo y el bigote de David Seaman o de René Higuita en la portería, salvaguardados por una defensa compuesta por el portugués Abel Xavier, el estadounidense Alexi Lalas, el nigeriano Taribo West y el argentino Fabricio Coloccini. Por delante podrían encargarse del mediocampo su compañero de selección Juan Pablo Sorín y su alocada melena; el ex campeón mundial alemán Paul Breitner, con sus rizos y su barba; y el belga Marouane Fellaini con su peinado afro. Por último, para conducir el ataque, tendríamos las extravagancias capilares de Djibril Cissé, los rizos rubios y el bigote de Rüdi Völler, y las rastas de Henrik Larsson.

¿Y en el banquillo de los suplentes? Edgar Davids, Ruud Gullit, Trifon Ivanov, Claudio Caniggia o incluso Ronaldo, en su versión de la final mundialista de Corea/Japón 2002. A partir de ahí, en un teórico partido entre titulares y suplentes, cabe plantearse si lo más vistoso sería la apariencia de todos estos jugadores o bien el elegante fútbol que exhibirían sin despeinarse.