Historia

La prodigiosa vida de Pantera Negra

(FIFA.com)
Portuguese footballer Eusebio of Benfica in 1971
© Getty Images

Entre los aristócratas afincados en Europa, adoptar un felino salvaje estaba de moda en los años 60, marcados culturalmente por lo radical. El pintor surrealista español Salvador Dalí no se separaba de Babou, el ocelote que tenía como mascota; los tigres se convirtieron en un regalo de postín entre los personajes de la alta sociedad rusa; y un par de peculiares australianos convirtieron a Christian, un león que acabaría adquiriendo fama mundial, en su compañero de piso en Regent Street, importante calle comercial de Londres.

No tenía intención de unirse a esta peculiar moda un húngaro de 61 años cuando una día de finales de 1960, salió de su casa en Lisboa para cortarse el pelo. Sin embargo, en la peluquería, sentado en la silla de al lado, estaba un antiguo discípulo que se deshizo en elogios al hablar de una pantera negra que había visto durante un viaje a Mozambique. El primero se quedó fascinado y, cinco días después, tomó un avión a Maputo. Y una vez allí, el susodicho depredador le cautivó.

Dicha Pantera Negra, no obstante, sorprendía a sus víctimas en el campo de fútbol, en vez de en la selva. El nombre de pila que había detrás del apodo era Eusebio. El aspirante a “apresarla” era el hombre que llevaba las riendas del Benfica, Bela Guttmann, que venía aconsejado por el brasileño Bauer, a quien había entrenado en el São Paulo.

Pese a todo, había un escollo importante para que la perla de 17 años recalase en el Estadio da Luz. Eusebio jugaba en el Sporting de Lourenço Marques, un club que ejercía de filial del Sporting de Lisboa, y el grande portugués había llegado a un acuerdo para fichar al delantero. Guttmann se apresuró a proponer un contrato que haría que el chaval, pobre y sin contrato, cobrase lo mismo que Mario Coluna, el centrocampista nacido en Mozambique que se había afianzado con fuerza como uno de los mejores jugadores de Europa. El hermano de Eusebio tuvo la ocurrencia de pedir el doble. Y Guttmann, con gesto despreocupado, aceptó.

El resto de la historia parece sacada de una película de espías. Eusebio fue conducido en un coche aparte hasta la misma pasarela de embarque del vuelo que tomó en el Aeropuerto Internacional de Maputo rumbo a Lisboa, para evitar ser visto por gente que no subiese al avión. Nada más llegar a la capital portuguesa, el Benfica, que temía que el gran rival tratase de secuestrar a su joya, lo envió ipso facto a un apartado lugar del Algarve, donde estuvo diez días. Y aun en el caso de que las pesquisas del Sporting hubiesen sido lo bastante exhaustivas para comprobar las listas de huéspedes en los hoteles de la región más meridional del Portugal continental, no se habrían olido el ardid: Eusebio estaba registrado con el nombre de… ¡Ruth Malosso!

Estreno explosivo
Pero aunque As Águias tuvieron que emplearse a fondo para colocar al jugador africano en su punta de ataque, enseguida fue incuestionable que el esfuerzo había merecido la pena. En principio, Eusebio estaba destinado a irse puliendo con el filial. Sin embargo, después de su primer entrenamiento de la pretemporada, en junio de 1961, José Aguas, número 9 y capitán del Benfica, declaró: “Si tengo que ser yo, que así sea, pero alguien tiene que quedarse fuera por narices para que juegue él”.

Poco más de dos semanas antes, el propio Aguas, Mario Coluna, Joaquim Santana, José Augusto y Domiciano Cavem habían formado un dinámico quinteto ofensivo que había catapultado al Benfica hacia el triunfo en la final de la Copa de Europa (3-2 sobre el Barcelona). ¿Cómo podría Guttmann justificar el relegar a uno de ellos a la suplencia para jugar la final del Torneo Internacional de París, contra un equipazo como el Santos?

Al final, una desventaja de 5-0, como consecuencia de sendos dobletes de Pelé y Pepe, más otro tanto de Coutinho, fue un motivo más que justificado. Guttman sacó a escena a Eusebio, quien se apuntó un impresionante triplete en 17 minutos e, incluso, provocó una pena máxima que José Augusto desperdició. Al día siguiente, el rostro cohibido ante la cámara de un mozambiqueño a quien todavía no habían visto en su salsa los seguidores del Benfica, adornaba la portada de la revista France Football. El titular de la prestigiosa publicación no reflejaba la victoria por 6-3 del Santos. En su lugar, decía: “Eusebio 3-2 Pelé”.

Al final de esa temporada, Eusebio promedió 1,4 goles por partido en la primera división portuguesa. Es más, con un 3-3 en el marcador de la final de la Copa de Europa contra el Real Madrid, marcó dos tantos que rubricaron la campanada para el Benfica (5-3) y la exitosa defensa de su título continental. Fue el preludio de tres lustros de ensueño, los que jugó Eusebio con el cuadro lisboeta, al que también hizo ganar 11 títulos ligueros y 5 Copas de Portugal al tiempo que metía 638 goles en 614 partidos.

Portento físico
Su pasmosa capacidad realizadora obedecía en gran parte a su portentoso físico. Eusebio corría los 100 metros lisos en 10.8 segundos (el récord mundial de entonces era apenas 8 décimas más rápido). Además, gozaba de una fuerza descomunal en el tren superior, de un equilibrio de bailarina de ballet y de una tremenda capacidad de salto que, con su 1,75 m de estatura, le permitía superar en el remate de cabeza a rivales mucho más altos. Y para colmo, según otro internacional portugués nacido en Mozambique, Matateu, Eusebio contaba con una potencia en su pierna derecha comparable a la pegada de Cassius Clay, el boxeador nacido sólo ocho días antes que él y que también era un semidiós para los africanos en la década de los 60 (un periodo en el que ganó sus 29 combates entablados; la mayoría mediante un K.O. brutal).

Guttmann prefirió comparar el arma predilecta de Eusebio con un satélite soviético: “¡Ver cómo el balón salía despedido de la bota de Eusebio era como presenciar el lanzamiento al espacio del Sputnik! Y además de toda esa fuerza, le pegaba al balón con una gran precisión. Asimismo, era increíblemente rápido, explosivo y un magnífico regateador; se trataba de un futbolista completísimo. Fichar a Eusebio fue la victoria más importante que jamás se habrá apuntado el Benfica sobre el Sporting”.

Mientras el rendimiento de Eusebio con el Benfica dividía a la capital, sus actuaciones con otra camiseta roja unían a todo el país. El ariete marcó 41 tantos en 64 partidos con Portugal y, aunque solamente le brindaron una ocasión para exhibir su incontenible poderío en una gran competición internacional, la aprovechó plenamente.

Brillo mundial
Eusebio brilló con luz propia en la Copa Mundial de la FIFA Inglaterra 1966™. Allí, dos goles suyos eliminaron a la campeona de las dos ediciones anteriores, Brasil, y dieron a Portugal el pase a cuartos de final, donde Eusebio le dio la vuelta a un 0-3 en contra con cuatro dianas seguidas para que el combinado de Otto Gloria se impusiese por 5-3 a la RDP de Corea. Ya en semifinales, el seleccionador de Inglaterra, Alf Ramsey, pese a contar con dos formidables defensas centrales como Bobby Moore y Jack Charlton, estaba tan preocupado que encomendó a Nobby Stiles el marcaje individual de Eusebio. Aun así, el astro luso marcó (eso sí, de penal), pero Inglaterra venció por 2-1.

El mencionado Charlton lo describió de esta forma: “Eusebio era un jugador realmente magnífico. Era muy rápido y fuerte, tenía un equilibrio perfecto e iba bien con el balón en los pies. También era capaz de pegarle realmente fuerte al esférico. En mi opinión, era tan bueno como Pelé. Al ‘míster’ no le gustaba ordenar un marcaje individual sobre nadie. No lo hizo con [Wolfgang] Overath en la final ni con Pelé [en México 1970], lo cual demuestra lo mucho que respetaba a Eusebio”.

También lo hizo Stiles aquella noche de julio durante los 90 minutos: ¡el perro de presa del Manchester United perdió la friolera de 4 kilos persiguiendo a Eusebio por todo el césped de Wembley! Pese a todo, el número 13 luso se despidió del campeonato a lo grande con un nuevo tanto en el 2-1 a la Unión Soviética, que dio a Portugal el tercer puesto y coronó a su estrella como el ganador de la Bota de Oro adidas (con 9 dianas).

“Me sentí muy orgulloso en todo momento de recibir ese premio”, manifestó Eusebio, cuya grandeza también se vio recompensada con el Balón de Oro en 1965, “porque no era sólo para mí, sino también para Portugal y para toda África”.

Además de llenar de orgullo a portugueses y africanos, Eusebio representó posteriormente a varios clubes en Canadá, México y Estados Unidos antes de colgar las botas en 1979, al cabo de una carrera de 745 encuentros en los que regaló 733 goles a los aficionados.

Hoy, a cambio, el mundo del fútbol desea a Eusebio que celebre como se merece una fecha tan señalada: ¡Feliz 70º cumpleaños, Pantera Negra!

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